Invasión ‘okupa’

DSC_9833_1411Los casos de ‘okupación’ de viviendas que estáis conociendo en los últimos días no son casos aislados; el problema ha llegado a tal magnitud y estamos viviendo un asedio a tantos niveles que el asunto merece un análisis conjunto y la intervención contundente de las autoridades. De todas, desde el ayuntamiento más apartado hasta algunos despachos de Madrid, donde nos deben muchos guardias y muchos policías. Pero acabaremos el verano en estado de emergencia y a nuestros gobernantes sólo los veremos sonriendo con copas en la mano en los bares de moda. Como si no pasara nada. No sé a qué se dedican ni de qué hablan en esas juntas de seguridad que veis reunidas de vez en cuando en fotos en la prensa, lo que sí sé es que no vemos resultados, que no se está frenando la delincuencia. Qué no os engañe ninguna estadística. Vamos directos a otro verano de terror, pero no os preocupéis, que los consellers seguirán luciendo joyas en las fiestas de sus amigos, los mismos que, impunemente, joderán la vida a sus vecinos incumpliendo todas las normas sobre contaminación acústica.
Volviendo a la ocupación de viviendas, si bien es cierto que algunos ‘okupas’ son estafados con un alquiler falso (con un timo tan fácil de desmontar, en realidad, como el de la estampita), la mayoría son, sencillamente, temporeros delincuentes que creen tener derecho a venir a una isla saturada y coger sitio aunque sea a costa de las propiedades de los ibicencos, que al parecer hemos dejado de tener derechos. Al menos, nadie los defiende. Y, creedme, hay muchos ‘okupas’ de este tipo y, en estos momentos, y estamos en abril, cuadrillas de ellos buscan casas que no parezcan habitadas, en las que no haya movimiento alrededor. En algunos casos, para que estéis avisados, están usando lo que podríamos llamar el sistema del candado; observan que la casa no parece habitada y ponen un candado nuevo en la verja que les permitirá saber si la vivienda es visitada a menudo, ya que volverán al cabo de unos días a comprobar si ha sido retirado. Y entonces romperán el que había antes, forzarán la cerradura y entrarán ¿Os habéis encontrado algún candado en vuestra verja? En Sant Josep y en Santa Eulària algunos sí lo han encontrado.
Están ocupando incluso casas en obras y casas en reforma, y cuando os deis cuenta ya los tendréis dentro. Y ya sabéis que, si consiguen entrar, sacarlos es muy difícil y la mejor manera de hacerlo resulta que no es legal. Ni la Guardia Civil ni la Policía podrán hacer nada si no los pilláis a tiempo. Las Fuerzas de Seguridad ni siquiera tienen efectivos y ya no pueden ni con los asaltos en casas como ponerse con unas ‘okupaciones’ ante las que poco pueden hacer. Nos están obligando a defendernos solos. De hecho, es el consejo que, en confianza, dan algunos de estos agentes. A mí ya me han enseñado más de un truco por si entran en la vivienda y para sospechar de merodeadores; enterarme de todo lo que pasa me tiene tan a la defensiva que acabaré haciendo que el perro mate al cartero… Robos, ‘okupas’, alquileres demenciales, agresiones, asaltos como el del juez de paz, violaciones, tráfico de drogas, ruido, problemas de tráfico… ¿De verdad queda alguien que crea que todos los delitos y los graves problemas de convivencia que se registran en Eivissa son casos aislados? La mayoría, sed conscientes, no os enteráis de la mitad de lo que pasa en esta isla, por diversos motivos y porque también interesa ocultarlo un poco, en la medida de lo posible. Y no, no son casos aislados, son todos derivados de unos mismos orígenes y ya va siendo hora de que quienes gobiernan hagan un análisis de conjunto, a ver si son capaces, y reconozcan que estamos a un paso del estado de emergencia y que la necesidad de buscar soluciones de verdad es ya un clamor popular. Hay que frenar la destrucción. YA. Hay que hacerles saber que no los queremos de copas en locales sospechosos, ni alabando en ferias las bondades triviales de una isla que se cae a pedazos, sino atacando la verdad de frente y en juntas de seguridad en las que se traten los verdaderos problemas de la isla y se encuentren soluciones.

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El cachalote y eso del ecologismo

DSC_6688_1353.JPGUna oceanógrafa me contaba un día que, practicando una necropsia a una tortuga marina, había encontrado en su estómago un tapón de plástico de uno de esos zumos de productos ‘bio’, muy naturales y muy responsables con el medio ambiente, incluso con el comercio justo y con todas esas cosas que suenan tan bien y hacen sentir a algunos el colmo de la conciencia social. Y ese simple tapón entre todo el plástico que la desgraciada tortuga tenía en su interior es toda una metáfora de este mundo hipócrita, porque quien se lo bebió debe ser muy natural, muy ecologista, muy sano y muy de todo pero su tapón, a la hora de la verdad y fuera como fuese, acabó en el mar y en el estómago del pobre animal.
Para muchos, el tope de su conciencia ecologista es enlazar en las redes sociales todas las noticias que aparezcan en los medios sobre los efectos de la contaminación, de forma que si tuviéramos que juzgar el nivel de implicación de la ciudadanía por el éxito de las informaciones de carácter ecologista en facebook y twitter deberíamos inferir que tenemos las islas más sostenibles, limpias y concienciadas del planeta. Y es evidente que nada más lejos de la realidad. Para algunos, el ecologismo es abrazar un puñetero árbol para sentir su energía mientras las hormigas se te meten por las orejas, para otros es tener el facebook lleno de tortugas muertas y hay quienes aún consideran el activismo ecologista como ‘esos que van contra el progreso’. Pero, en realidad, como un buen día y muy acertadamente razonaba mi fotógrafo, el ecologismo es una virtud, como ser bondadoso, ser paciente, generoso o tener empatía. No es como ser de un equipo de fútbol, sino que es una forma de ser. Es decir, más allá de los grupos ecologistas que luchan, casi a contracorriente, para que este mundo de hipócritas -y estas islas degradadas en concreto- no se vaya al garete antes de lo previsto, el ecologismo es una capacidad en la que se puede perseverar, que se puede transmitir y que se puede enseñar.
Y, como toda virtud, hay quien se arroga su tenencia porque queda muy cool en el mundo en el que se mueve, aunque aún no se haya dado cuenta de que para perseverar en las cualidades también hay que saber usarlas, que el ecologismo no es hacer yoga con el culo aposentado en unas ortigas ni que te desangren los mosquitos por dormir en el bosque en contacto con la madre Tierra. Y que incluso es posible que lo que entiendas por ecologismo y respeto a la naturaleza sea todo lo contrario; es, por ejemplo, lo que deberían aprender los iluminados que se dedican a amontonar cantos rodados en cuanto se encuentran con alguno y quieren contactar con la supuesta magia de algún enclave que a duras penas ya nos cuesta defender de los especuladores para encima tener que hacerlo de ecologistas de cartón piedra. De cartón piedra o de la misma fibra que el amago de podenco a 10.000 euros que el Consell ha puesto en su entrada como metáfora de esta isla frívola y farsante.
Un buen día extraen un tapón de un zumo ‘bio’ del estómago de una pobre tortuga marina y al día siguiente aparece un cachalote muerto en Porroig y contemplo, apabullada, que Eivissa entera quiere saber por qué el mar nos arroja el cuerpo de tan fascinante animal a nuestras costas y se suceden las críticas de quienes creen que es un síntoma del perjuicio que estamos ocasionando al medio marino (aunque habría que recordar que los animales también mueren por causas ajenas a la presión humana). Pero muchos de esos ciudadanos que, ante un odontoceto muerto, critican el daño que estamos infligiendo al Mediterráneo son los mismos que abogan por seguir saturando las islas y apuestan por el crecimiento del sector náutico, los party boats y todo lo que haga falta para seguir desangrando las islas. Es como irse a la ITB Berlín o a Fitur con idílicas fotos de los pobres flamencos de un parque natural al que dejamos entrar miles de coches cada día de verano. Vendemos podencos de cartón piedra.
Frente al cachalote muerto y después de que la oceanógrafa lo haya observado y medido, porque poco más puede hacer, un supuesto hippy al que no conocemos de nada nos pregunta qué le ha pasado y nos asegura, con su sabiduría de oráculo de Gaya, que la muerte del bicho “es, en cualquier caso, culpa de lo que le estamos haciendo al mar”. Yo, por mi parte, me pregunto a qué debe dedicarse, si amontonará piedras frente a es Vedrà y dónde irán a parar los tapones de sus zumos ‘bio’. Y cuando nos alejamos con los datos de otro animal muerto que el mar nos ha entregado, una familia se está haciendo un selfie con la desgraciada bestia de las profundidades. Quizás la hayáis visto en facebook. Metáforas de este mundo.

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http://www.diariodeibiza.es/opinion/2017/03/24/cachalote-ecologismo/904677.html

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‘La Rula’ como paradigma

dsc_7920_1068Tras más de tres años en busca y captura, la Policía ha detenido en su pueblo, en Baza, a La Rula, histórica narcotraficante del barrio de sa Penya. Y todos nos alegramos, pero no debemos olvidar que estaba libre porque la Justicia, inexplicablemente, la había dejado en libertad. Es decir, la Policía ya la había detenido y entregado a los jueces. Es más, ya estaba condenada. Sin embargo, hubo que volver a buscarla, como si los policías fueran tantos y con tantos medios que pudieran permitirse el lujo de pasarse la vida enmendando errores judiciales y deteniendo, una y otra vez, a los mismos individuos. Recuerdo muy bien la mezcla de ira y desolación con la que uno de esos agentes, uno de los que la han detenido en más de una ocasión, me contó que La Rula estaba en libertad.
El caso de Providencia Cortés Moreno, La Rula, es sintomático, es un buen ejemplo de cómo funciona la Justicia en Eivissa y lo es, en buena medida, porque a menudo se tiende a creer que el sistema es maleable y blando para los políticos, para los ricos que llegan en yates a destrozar la isla o para los dueños de grandes locales de ocio que incumplen las leyes con total osadía, que la realeza se libra de los castigos mientras fiscales y jueces se dedican a otras cosas. Pero que nadie se engañe, en verdad el problema es mucho mayor; la impunidad, y por múltiples causas que merecerían otro análisis, es la peste negra que alcanza a todos los estamentos de la sociedad delincuencial pitiusa.
Y el caso de La Rula es uno de los más significativos. Sus mayores condenas se dictaron en 1989, en 1993 y 1995, y encadenó penas de cinco y seis años de prisión menor por tráfico de drogas, de los que, resulta evidente echando cuentas, no llegaba a cumplir ni la mitad. En 2005, con 57 años y a pesar de las detenciones y condenas que arrastra, es detenida de nuevo, esta vez con su nuevo compañero sentimental, de 42 años, condenado en dos ocasiones por homicidio y, aún así, en la calle vendiendo heroína. Ambos tenían algo menos de medio kilo de heroína, y otra variedad de drogas, en su casa y, a pesar de la carrera de ambos traficantes, con pocos propósitos de enmienda, y de que el fiscal pedía inicialmente nueve años de cárcel para cada uno, defensa y Fiscalía llegaron a uno de esos acuerdos para no continuar juicio y las penas se redujeron a tres y cuatro años de cárcel. Penas ridículas para dos narcotraficantes reincidentes. Hay que entender que el mercadeo entre acusación y defensa ahorra tiempo a todos y trabajo a los jueces, pero a menudo es difícil justificar tal regateo en nombre de la justicia. A los periodistas de sucesos nos suele resultar tarea complicada e ingrata explicar a nuestros lectores la utilidad de esos acuerdos que evitan continuar juicios y que devuelven en poco tiempo a la calle a muchos delincuentes que costó arduo trabajo detener.
Por el último caso, la traficante más conocida de sa Penya fue condenada, en mayo de 2011, a ocho años de cárcel por su relación con un alijo de más de un kilo de heroína intervenido en febrero de 2009 por el Grupo de Estupefacientes de la comisaría ibicenca. La Rula era la destinataria de la droga, que llegó desde Sevilla vía Denia, y en los registros en dos casas de sa Penya que ella usaba, los agentes encontraron más heroína y también cocaína y hachís. Sin embargo, a pesar de los antecedentes que le constaban en el momento del arresto –una veintena de detenciones y la condena de 2005–, la mujer consiguió salir en libertad provisional a los siete meses de haber ingresado en la cárcel y abonando una fianza de 15.000 euros (tan sólo el alijo intervenido estaba ya valorado en 50.980 euros). Por tanto, cuando se dictó la sentencia, Providencia se encontraba ya en libertad y aún consiguió retrasar el ingreso en la cárcel recurriendo el fallo judicial ante el Tribunal Supremo. Cuando el Alto Tribunal confirmó la condena, en 2013, la narcotraficante ya no pudo ser localizada, como era de esperar. Y, aunque todos sus hijos, los que seguían vivos, continuaban en la isla, agentes del Cuerpo Nacional de Policía sospecharon enseguida que ella había huido a Andalucía; probablemente a Baza. La Rula, en realidad, podría haber sido detenida mucho antes, siempre y cuando hubiera sido el único asunto que la Policía tuviera abierto…
Hay que recordar también que esta conocida traficante de los clanes de sa Penya estuvo relacionada, ya en 1988, con la venta de heroína a dos toxicómanos que fallecieron nada más inyectarse la basura de heroína que vendía y que los dos chicos no supieron dosificar bien. ¿Quién, en la isla, no ha oído hablar de La Rula? Podemos preguntarnos ahora cuántos años estará en la cárcel de los siete años y medio de prisión que debe, teniendo en cuenta los precedentes y que la mujer ya está algo mayor. ¿Hacemos apuestas?

publicado en Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/opinion/2017/02/22/rula-paradigma/897990.html

Información anterior sobre el asunto:

https://territoriocat.wordpress.com/2013/01/15/la-narcotraficante-la-rula-huye-de-ibiza/

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Lo que los datos turísticos no cuentan

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Saturación de embarcaciones en Porroig

¿Alguien se imagina a un empresario calculando sus ganancias sin restarle el coste, sin tener en cuenta la luz que paga, el sueldo de los empleados o los impuestos? Pues eso es más o menos lo que hacemos cuando nos jactamos alegremente de que al aeropuerto de Eivissa han llegado casi cuatro millones de pasajeros en siete meses. O cuando enarbolamos como bandera de nuestro éxito que los extranjeros se gastaron 1.823 millones en septiembre en Balears o que el gasto turístico se incrementó un 6,1 por ciento.
El gasto de los turistas, el incremento de pasajeros o el aumento del turismo náutico no nos ofrecen el escenario económico completo, no nos restan los elevados costes que sufre nuestro territorio con cada nuevo ‘éxito’ turístico ni el daño a nuestros recursos hídricos ni lo que la saturación de barcos supone para nuestros fondos marinos (es increíble que haya aún quien diga que hay que potenciar el turismo náutico). Es como si tuviéramos un contable que, al presentarnos las cuentas, nos mostrara las ganancias completamente en bruto y vestido de payaso para confundirnos, sin restarle ni los impuestos ni las compras ni los sueldos de los empleados ni la luz. Como si nos estuviéramos haciendo millonarios de repente. Eso hacen nuestros políticos y los ‘lobbies’ de presión que mandan sobre ellos, presentarnos los datos de una empresa sin costes, sin gastos generales. Y vestidos de payasos para despistarnos. Y vistiendo a perros de cartón piedra de payasos y mostrándolos en ferias para atraer a más turistas y seguir vendiéndonos datos fraudulentos de beneficios sin costes.
Pero es que aún hay mucho más que el desgaste de nuestro territorio, que vendría a ser macroeconomía, porque el gasto de los turistas no cuenta el cristal de ese escaparate que ese tendero ha tenido que cambiar tres veces porque los mamarrachos borrachos de Sant Antoni se lo han roto a botellazos. Tres veces. No cuenta. Ni cuenta el coste de los servicios de seguridad privada que algunos negocios se ven obligados a contratar para impedir los robos asociados al efecto llamada que los sitios turísticos y masificados producen para todo tipo de delincuentes. No cuentan lo que pierden todas las víctimas de cada uno de los delitos que se cometen en esta isla en la que medran las mafias por mor del tipo de turismo que potenciamos. No cuenta lo que se han gastado en ese alquiler de coches reparando el techo sobre el que bailaron sus clientes. No cuenta el coste sanitario por todos los drogados y borrachos que acaban colapsando las urgencias del hospital (cierto es que los extranjeros pagan al IB-salut por algunos servicios, pero no tengo muy claro que ese dinero repercuta en el bien de las islas). Ni cuentan los riesgos de unas carreteras tambiénn saturadas y llenas de fitipaldis de tres al cuarto que creen que tener dinero es poder hacer lo que quieran en Eivissa. No cuentan el coche destrozado de mi vecina ni el coste sanitario de la recuperación de sus heridas. No cuentan las noches sin dormir ni las pastillas que toman los vecinos de Platja den Bossa ni lo que cuesta en Sant Rafel la limpieza de toda la basura que dejan junto a la carretera los clientes de las discotecas. Los datos no cuentan lo que nuestros ayuntamientos se gastan en reparar lo que rompen nuestros ilustrísimos turistas ni que hay que poner más servicios de limpieza. No cuentan, y volvemos a la macroeconomía, los incalculables destrozos a nuestro medio ambiente, los metros de posidonia arrancada por nuestro lujosísimo turismo náutico, los caballitos de mar muertos en Talamanca, la necesidad de seguir construyendo infraestructuras, ampliando puertos, abriendo desalinizadoras que matan la vida marina en las costas a las que se vierte la salmuera. Todo eso no parece contar cuando nos anuncian las enormes cifras del turismo. A mí me asustan los incrementos, y más miedo me dan los ‘lobbies’ del dinero sin moral y sin fronteras que aún presionan para que estas islas machacadas reciban más turistas.
El coste del turismo cobra unas dimensiones especiales en lugares como Eivissa y Formentera; tiene su propia idiosincrasia. Y no tenerlo en cuenta es ser un empresario de pena al que el negocio se le va a ir al garete. Quien no cuida su negocio lo pierde, y cuidarlo no significa permitir que el cliente te destroce el chiringuito ni prometer más servicios de los que se pueden ofrecer ni llenar por llenar. No entender que ya hemos rebasado el momento en el que aumentar el número de turistas ya aporta más pérdidas que beneficios viene a ser como negar el cambio climático. Hay que cambiar de contables.

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Mercenarios del periodismo

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Restos de imprenta de un periódico desaparecido

Qué pena me dan esos periodistas, redactores, juntaletras, articulistas, tertulianos y locutores a los que, dada su mediocridad, no les queda más remedio que trabajar al dictado de las mafias o de los lobbies de poder que les pagan, que viene a ser lo mismo que una mafia. A veces me cabrean, es verdad, por el daño que hacen a una profesión que siempre anda en la cuerda floja e intentando resurgir de sus cenizas entre tantos intereses, dinero sucio y conciencias en venta a precio de saldo. Me disgustan, sí, pero su patética existencia también me produce algo entre vergüenza ajena y compasión; entiendo que debe ser jodido que tus propias limitaciones te conviertan en una marioneta y te obliguen a depender de a quién le besas los pies.
A menudo criticamos a los políticos y empresarios depredadores que se están cargando las islas por unos billetes más en los bolsillos, sacrificando nuestro bienestar, nuestra convivencia y un futuro sostenible, que debería ser, sin duda, el bien común, pero nos olvidamos de que existen porque también existe toda una corte de lacayos que los apoya y a veces intenta medrar con ellos. Y esos periodistas forman parte de esa cohorte servil que todo poder lleva alrededor de sus talones cuando camina. Lacayos, esbirros, sirvientes, los contables de los negocios sospechosos, los que finalmente son detenidos con sus jefes cuando Hacienda y la Policía deciden por fin investigar sus cuentas. Son los secretarios de ciertos poderosos, los que barren el suelo que pisan esperando que les echen una limosna pringosa, los inviten a copas envenenadas en sus locales o en un futuro compren por ellos a algún politico de ayuntamiento para que les permita convertir su corral en casita.
Los periodistas, definitivamente, son los peores de esta variada cohorte de helmintos, porque se aprovechan de forma bastarda de derechos tan valiosos en nuestra sociedad como la libertad de prensa y la libertad de expresión. Usan, de facto, esos derechos en contra de los principios por los que fueron creados y protegidos, y pocas cosas hay más abyectas que el periodista que corrompe y degrada una profesión por la que, por defenderla y dignificarla, otros se parten los cuernos o acaban muertos o en cárceles a lo largo del planeta.
Y, entendámonos, hablo de un tipo de periodismo que va mucho más allá de una línea editorial distinta o de poder manifestar una opinión diferente. Una cosa es la opinión, la crítica argumentada, y otra el ataque gratuito, simplemente ruin, pueril e injusto bajo el escudo de una libertad de expresión mal entendida o mal empleada. Y todos sabríais ponerme algún ejemplo de ello, estoy segura. Son, todos lo sabemos, esos redactores que salen de sus madrigueras para escribir con su bilis en contra de toda iniciativa que intente poner freno a las injusticias, a las corrupciones, las tropelías o barbaridades que a diario se cometen en estas islas que algunos pretenden seguir vendiendo a cachos. Hablo de esos juntaletras, qué pena me dan, a los que molestan por sistema los ecologistas, como si serlo no fuera una cualidad que todos deberíamos tener, o que se apresuran a clasificar entre sus enemigos a una agrupación de ciudadanos que dice PROU o basta a la masificación y los excesos. Me refiero a esos que sienten amenazada su rastrera forma de vida y usan los medios para mostrar a los amos su fidelidad bastarda a la causa de la desinformación y la manipulación. Insisto, no es lo mismo opinar ni informar que aprovecharse de cualquier espacio en los medios para difamar, insultar y falsear los hechos y la realidad.
y es que, encima, por lo que sé de los sueldos del sector, esos periodistas, o cómo queráis llamarlos, venden la integridad, el alma, y de paso al periodismo, por auténticas miserias. Ellos son los que ven pasar el dinero sucio que ganan quienes destruyen la calidad de vida de las islas, el dinero de los que sacrifican el patrimonio natural y cultural de Ibiza y Formentera por llenarse los bolsillos. Y todo corrupto, todo depredador y todo especulador que se precie debe rodearse de lacayos y contar periodistas o escritorzuelos entre ellos, de esos que usen sin escrúpulos la libertad de prensa, de los que, aún ardiendo en el infierno y en despachos forrados de rojo sean capaces de loar las excelencias del clima. Como si las habichuelas les fueran en ello. Y espero, al menos, que para algunos así sea.

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La táctica Al Capone

alcapone25eneroYa sé que es como invocar a Satanás con una ouija, pero creo que, vista la pasividad (cuando no complicidad) de otras instituciones, a Ibiza sólo la puede salvar Hacienda. La Agencia Tributaria se atreve con todo y no se casa con nadie. Y eso es lo que nos hace falta. Es la que, por fin, ha decidido controlar el alquiler turístico, tantas veces fuera de la ley, la que ha puesto en listas negras a empresas de la isla que podrían estar blanqueando dinero de actividades delictivas y la que ha entrado con Policía y Guardia Civil hasta las entrañas de varias discotecas de la isla; algunas llevan muchos años saltándose las normativas del Ayuntamiento de Sant Antoni, haciendo caso omiso a órdenes de cierre y avisos por contaminación acústica y sobre ellas se han ido sumando sospechas muy graves a lo largo de décadas de vil impunidad. Yo que, por mi profesión, he visto a muchos y buenos policías y guardias civiles largarse de Ibiza porque no les dejaban investigar el tráfico de drogas hasta dónde llegara, hasta el corazón de las discotecas, hoy he encontrado en Hacienda a un aliado. Quién lo iba a decir. Ellos, esos policías que tuvieron que irse ya lo sabían; sólo agentes de fuera de la isla pueden intervenir, y eso es lo que suele pasar en los lugares en los que la delincuencia ha derivado en Mafia, lo que significa que ha alcanzado hasta los estamentos políticos y judiciales. Lugares en los que impera la ley del silencio. Han tenido que venir agentes de fuera, la Unidad Central Operativa (UCO), concretamente, implicar a la maquinaria de Hacienda y no contar con la Guardia Civil pitiusa para entrar en Amnesia. Preguntaos por qué. Bienvenidos sean.
Al Capone, que vaya usted a saber a cuántas personas ordenó matar, cayó finalmente por evasión de impuestos. Los chicos de Eliot Ness revisaron papeles y encontraron recibos que relacionaban al ‘Rey del hampa’ de Chicago con el juego ilegal, ingresos por los que no había pagado impuestos. Y así acabó en la cárcel. Esta claro que lo ideal hubiera sido que Capone acabara en Alcatraz con condenas por asesinato, pero a veces hay que aplicar estrategias alternativas. Y está claro también que todos preferiríamos que los delincuentes que contribuyen a que la isla de Ibiza vaya de cabeza al infierno cayeran por los delitos más graves que puedan haber cometido, con todo el equipo, con todas las consecuencias y con titulares a cinco columnas, pero si tiene que ser por delitos contra la Hacienda Pública, que así sea. A mí me vale.
Ahora le propongo a Hacienda que ponga el Ojo de Sauron sobre otro tema importante, porque también ella es la única que, al parecer, puede acabar con un problema que a muchos ibicencos nos preocupa tanto como lo anteriormente dicho. Y hablo de la pesca ilegal que aún hoy sigue proporcionando meros, cabrachos (anfossos y rojes) y otras especies valiosas por su interés comercial a restaurantes sin escrúpulos. Un buen día, unos buceadores franceses me hicieron pensar en lo fáciles que a veces resultan las cosas si hay intención de solucionar problemas. Ellos me explicaron que el furtivismo esquilmó también algunas zonas de la costa francesa hasta que Hacienda se decidió a intervenir y se dedicó a visitar restaurantes con regularidad. Es decir, así en resumen, si los inspectores de la Agencia Tributaria se dedican a pedir papeles a los restaurantes y resulta que han facturado treinta bullits de peix en un mes pero sólo pueden justificar la compra de cinco rojes, ya los tienes pillados. Así, en resumen y simplificando. Y si bien alguno me dirá que en el restaurante no tienen más que alegar que la documentación la tiene un gestor, y así tener tiempo para falsificar facturas, estoy segura de que los propietarios, aunque se salvaran una vez, acabarían por negarse a comprar a los pescadores furtivos. Hacienda impone e intimida y ahora resulta que eso es bueno.
Este artículo, en realidad, es casi una señal de socorro, la misma que brilla en el cielo nocturno de Gotham cuando necesitan a Batman. Agencia Tributaria, no nos dejes solos, ni contra los delincuentes de noche ni contra los de día…
Hacienda no es Batman, cierto, pero es real y nos puede valer para salvar de su destrucción esta Gotham degradada. Dios salve a la Agencia tributaria. Y a la UCO de la Guardia Civil, que es quien la ha llevado hasta Amnesia. Ahora, por favor, ¿podéis seguir? Queda mucho trabajo por hacer.

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La revolución de las sombrillas multicolor

DSC_2544Los hoteleros, en República Dominicana, se han adueñado de las playas hasta tal punto que los negros dominicanos (por no hablar de los vecinos haitianos) no pueden disfrutar de ellas. Si intentan colocar sus sombrillas de baratillo cerca de las pareos Versace de los clientes de esos hoteles, vigilantes uniformados de postal de gimnasio cool les recuerdan cuál es su sitio en el mundo. Los dominicanos se han convertido en parias en su propia tierra.
Supongo que esta estampa tropical y clasista que hoteleros que todos conocemos han instaurado en Punta Cana es la que ciertos empresarios (algunos de ellos son los mismos), y con la connivencia de nuestros políticos, quieren para nuestras playas. Supongo que este modelo de calas y playas privatizadas y exclusivas para sus clientes es el que desearían hoteleros, empresarios de restaurantes de ses Salines y propietarios de eso que llaman beach clubs (porque en inglés suena más modernete), que han proliferado cual plaga a lo largo del litoral.
Hace unas semanas, un empresario playero, fastidiado, al parecer, por la reducción de hamacas en Sant Josep, ya nos dijo a los ibicencos a través de Diario de Ibiza que no le gustaba nada la imagen que damos en la playa aquellos que no contratamos sus hamacas ni consumimos aquello que nos quieran vender. Nos vino a decir que ellos, los empresarios de las hamacas y los parasoles, son super cool y que gracias a ellos la playa es más bonita, más fastuosa y más ordenada, y que es una pena que los demás, los que no somos sus clientes, la envilezcamos con nuestros ordinarios elementos playeros que, probablemente, no se ajusten al criterio estético del Hola para unas playas cosmopolitas de anuncio de lujo hortera. Concretamente, nos dijo que las hamacas desmontables y las sombrillas multicolor que lleva la gente dan “una imagen patética”.
Pero, eso sí, del ruido de sus restaurantes en pleno parque natural, de la masificación, de los daños que a ese espacio causan y del hecho de que hayan edificado lo que deberían ser chiringuitos, de eso no hablamos.
Y, después de la ignominia de que nos traten como a parias por usar sombrillas no ajustadas a los cánones del glamour, y para seguir avergonzándonos a todos, llega la subasta de hamacas en la sala de plenos de Sant Josep y comprobamos cómo aún podemos caer más bajo y cómo un ayuntamiento se convierte en especulador. Y si bien lo que allí se vendía son lotes de hamacas y sombrillas, estoy convencida de que, por los precios absolutamente desmesurados que se han pagado, los empresarios creen alquilar la playa entera. Y quizás no andan muy desencaminados.
No seré yo quien defienda las ocupaciones llevadas a cabo en los últimos años por ciertos concesionarios de playas, que no entiendo cómo es posible que no los frieran a multas, pero sin duda no ayuda nada que sean grandes y sospechosos empresarios los que se queden con el derecho a gestionar parte de nuestro patrimonio. Porque si sumas las acusaciones por narcotráfico y las sospechas de blanqueo de capitales que reúnen algunos de los que se han quedado las concesiones, y ciertos antecedentes en la destrucción y degradación de la isla, con el hecho de que se han pagado cantidades con las que uno no se explica cómo el negocio puede ser rentable, no es que no salgan las cuentas es que la única salida que nos dejan es sospechar, y mucho, de sus intenciones.
Habrá quien diga que con este espectáculo lamentable y vergonzante al menos el Ayuntamiento, que somos todos, se lleva un buen botín, pero las arcas públicas no deben llenarse a base de especulación y nuestros políticos no deben comportarse como piratas ni promoverlos. No todo vale. Tampoco vale que empresas como Heineken puedan alquilar y cerrar una playa como ha pasado en s’Estanyol y Cala Jondal, aunque el Ayuntamiento cobre por ello. Entre una cosa y otra, todo apunta a que estamos a un paso de ser como esos negros dominicanos a los que los empresarios hoteleros echan de las playas con machacas armados.
¿No estáis todos muy cansados de que ciertos lobbies empresariales nos digan lo que es mejor para nuestra isla? ¿No estáis hartos de que los intereses depredadores de unos cuantos nos estén expulsando de nuestras playas y de nuestros lugares? Y creo que no es la primera vez que lo pregunto. ¿Soy la única a la que le parece que las tácticas que algunos de estos lobbies usan pueden calificarse de mafiosas y que la Justicia debería intervenir? Estoy siendo lo más sutil que me permite el tema, que no es mucho, pero estoy segura de que hay empleados a tiempo completo de la delincuencia organizada siciliana que en verano se tumban en las hamacas inmaculadas de los restaurantes que nos salvan de la mediocridad y toman notas, envidiando el sistema pitiuso de vender el alma y de robar a todo un pueblo.
No permitamos la privatización de nuestras playas. Si hay que desembarcar en Normandía o, como quien dice, en Platja d’en Bossa, Cala Jondal o Cala Bassa con un ejército de sombrillas multicolor se hace, pero tenemos que decir basta a esta espiral de degradación. De alguna manera. Y entendedme la metáfora de las sombrillas, pero es necesario que nos hagamos oír y si hay que hacerlo como una fuerza aliada en una costa invadida pues habrá que hacerlo. ¿Alguien sabe dónde podría comprar un parasol de mil colores?

Cristina Amanda Tur @territoriocat

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