Sa Penya blues. El crimen del minusválido

Portada_CAT_PenyaBlues.fh11El 24 de abril de 2002, un minusválido al que apodaban El Torete, conocido en la isla porque solía pedir dinero en s’Alamera y que en ocasiones escondía droga en su silla de ruedas, fue arrojado por un acantilado en es Botafoc. El crimen, que no tardó en ser resuelto y por el que fue condenado un delincuente habitual apodado El Tito es el punto de partida de este libro, que va más allá del asesinato para trazar un amplio retrato del barrio de sa Penya, el gueto de la droga de Ibiza, al que las vidas del minusválido y su asesino están encadenadas.
Paralelamente al crimen y sus circunstancias, ‘Sa Penya blues’ es un viaje a lo más profundo del antiguo barrio marinero y la historia de los clanes gitanos de la heroína, un recorrido por sus miserias. En este libro, con un estilo esencialmente periodístico, sa Penya se abre en canal y revela su maldición; no se puede pasar por el infierno sin mancharse de hollín.
El crimen del minusválido es la excusa para hablar de la entrada de heroína en Ibiza ─y su nexo gitano─, de las operaciones antidroga, de las redadas, de los confidentes, de las amenazas a los vecinos no pertenecientes a los clanes, del robo de suministro eléctrico para mantenerse en casas ocupadas y de la total incapacidad de todos y cada uno de los gobiernos que han pasado por las instituciones pitiusas para solucionar el problema que constituye el barrio. Y de los errores de la Justicia, porque si algo queda meridianamente claro al profundizar en la historia de los clanes de la droga es que es cierto eso de que los delincuentes entran por una puerta del juzgado y salen por la otra. ‘Sa Penya blues’ cuenta con declaraciones de policías, guardias civiles, abogados y también de miembros de los clanes del barrio gitano, y destacan las manifestaciones de quien fuera el primer sospechoso del crimen, miembro de uno de los clanes históricos del barrio, que relata cómo era su vida cuando era aún un niño que ejercía de contable del negocio de la droga que había montado su madre, analfabeta.
“Por aquellas fechas murió Ricardo, el hijo de La Elia, y también el padre, de tuberculosis, los dos por temas relacionados con las drogas. Y andábamos algo asustados. Por aquel entonces creíamos que de tanto fumar heroína te salía una mancha negra en el pecho, la llamábamos ‘el pulpo’, y yo buscaba a ver si me la veía”.
Este libro, además, sigue la estela de trabajos anteriores y forma parte de la serie iniciada con ‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’, que puede encontrarse tanto en formato papel como en ebook, que describe el cuádruple crimen cometido en Ibiza por sicarios del cartel de Medellín y revela el contexto en el que el asesinato fue posible y las conexiones de Ibiza con las mafias del narcotráfico.

http://www.diariodeibiza.es/cultura/2016/04/12/radiografia-criminal-sa-penya/834861.html

‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’, en Amazon:

http://www.amazon.es/El-hombre-paja-crimen-Benimussa-ebook/dp/B00VITG7A4

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Política suicida

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Campaña para el ahorro de agua en hoteles de Formentera

Nos quedamos sin agua. Es un hecho. Hemos explotado los recursos de esta isla hasta quedarnos al mismo borde del colapso y, encima, no hay manera de que llueva lo suficiente ni aunque cante mi hermano. No tenemos ni para nuestros campos y los vecinos de Sant Jordi pueden describir bien las tribulaciones de vivir con un agua que, cuando llega, sólo sirve para estropear todo lo que toca pero que cuesta como si quien tocara las cosas fuera el rey Midas. La presidenta balear, Francina Armengol, ya ha confesado, sin sonrojarse, que, ante la situación de sequía, la escasez de lluvia y la sobrexplotación de los acuíferos, no se puede garantizar el suministro de agua potable en todas las islas durante el próximo verano. Volved a leerlo, porque creo que no estamos convenientemente escandalizados ni preocupados por ello. Ni por las noticias sobre las fugas en la red de suministro ni las que nos cuentan los problemas de las desaladoras. ¿Por esto no vais a inundar de reivindicaciones las redes sociales ni a recoger firmas en el change.org?
Pues bien, no tenemos agua ni para garantizar nuestras propias necesidades, pero, eso sí, nos vamos a Fitur y a la ITB a cantar nuestras excelencias turísticas (cada vez menos excelentes), queremos recuperar 40.000 turistas alemanes y se anuncia ya que este verano nos van a visitar unos ocho millones de turistas. Y a batir nuevos récords, como si todos fueran buenos. Mientras Armengol nos avisa de que nos quedamos sin agua, el mismo partido al que ella pertenece, el PSOE, a la cabeza del gobierno pitiuso, apuesta por seguir llenando de gente una isla que ya no tiene agua ni para su propia subsistencia y que ya sufre el turismo como se sufre una plaga de langostas. Por cierto, ¿nos han contado ya cuánto nos hemos gastado en enviar a tanto ‘representante’ a tanta feria?
Pues no entiendo este afán por saturar el terruño, la verdad. Me pregunto dónde diablos vamos a poner más langostas (perdón, turistas) si el año pasado, en temporada alta, ya hablábamos de cifras récord de ocupación ni me explico cómo les vamos a dar agua si no tenemos. No me salen las cuentas, y, como dice mi hermano, que de cantar no sabe un pimiento pero los números se le dan genial, de dónde no hay no se puede sacar y del cien por cien no tiene sentido pasar porque no es buena política comercial ofrecer lo que no se tiene.
Confieso que he llegado al punto en el que no logro comprender las tendencias suicidas (pulsión suicida lo llamamos los criminólogos) que imperan en la isla y que llevan como Plan A todos y cada uno de los gobiernos que han pasado por los sillones de cada una de nuestras instituciones. No lo entiendo. Igual el suicidio colectivo, en plan secta apocalíptica, está en el programa electoral de algún partido y yo no me he enterado. No comprendo que la sobreexplotación de los recursos sea una política legítima y que no sea por ello que se convoquen manifestaciones. No entiendo que no tengamos políticos capaces de ver que vamos al desastre de cabeza, que no se puede seguir construyendo y destruyendo, que las ilegalidades no se deben legalizar sino castigar y que con el turismo invasivo que tenemos no vivimos mejor. Y me pregunto, también, cómo creerán estos lumbreras que nos tocan en suerte en las instituciones que hemos acabado con el agua y si piensan adoptar alguna solución que no sea en realidad una absoluta estupidez. Igual están todos en el despacho de Vicent Torres bailando todas las noches como apaches, confiando en despertar a los espíritus de la lluvia, y aquí estoy yo criticando, desconfiada de mí, su política suicida.
Llegará julio y nos pedirán que ahorremos agua, pero no nos contarán que la hemos agotado por haber vendido la isla a los especuladores y por seguir permitiendo que unos cuantos sigan lucrándose a costa de nuestro bienestar; por seguir llenando la isla por llenar, como si el objetivo fuera explotar en fuegos artificiales de billetes de 500. No nos contarán que mientras en Sant Jordi no tenemos agua hay depredadores de temporada que cada día piden un camión de 10.000 litros para sus jardines de flores tropicales. Nos pedirán que ahorremos cuatro puñeteras gotas de agua mientras los hoteleros lavan a diario toneladas de toallas limpias, las duchas de todas las playas funcionan las 24 horas del día y seguimos llenando esta pobre isla de gente como si nos lo pudiéramos permitir.
Y los hoteleros (algunos, al menos), que son los que realmente quieren mandar aquí, pueden poner el grito en el cielo cada vez que alguien plantea la posibilidad de que dejemos de crecer y detengamos la invasión turística, y me pueden cantar misa en latín sobre las excelencias del turismo de masas y los beneficios de la ginebra en garrafa frente al agua sin gas, pero aún diré más; me horrorizan, me deprimen, me cabrean y me asquean a partes iguales las personas que tienen el dinero como un fin y no como un instrumento. Me repatean todas y cada una de las personas capaces de sacrificar el bienestar de todos, incluido el suyo y el de su familia, por unos cuantos billetes más en su cuenta. Hemos cambiado agua por oro, y el oro no se puede beber; que se lo pregunten sino al rey Midas y que me expliquen qué adjetivo podemos aplicar al padre que destruye la tierra en la que deberán vivir sus hijos.

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http://www.diariodeibiza.es/opinion/2016/03/19/politica-suicida/830308.html

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¿Dónde están los fiscales de Ibiza?

keep_calm_batman_by_ko91-d3dlf80La Fiscalía debe actuar de oficio cuando tiene conocimiento, por cualquier medio, de la posible comisión de un delito. Los fiscales deben promover la legalidad en defensa de los derechos de los ciudadanos y del interés público. Dicho esto, que debería ser una obviedad y que tengo que dar por hecho que es de conocimiento general, me pregunto dónde están los fiscales de Ibiza mientras a diario los derechos de los ciudadanos de esta isla machacada son vulnerados a la vista de medio mundo. Las sospechas de ilegalidades de diverso calado, de prevaricato, desobediencias y delitos medioambientales, cometidas con continuidad por empresarios, políticos y funcionarios de esta isla llenan páginas de periódicos con una periodicidad inaudita ¿Cómo es posible que se enteren en Inglaterra y diarios británicos hablen de la impunidad que reina en la isla y los fiscales, que viven aquí y que deben trabajar para defendernos, no se enteren de nada?
Los periodistas, o al menos algunos, hemos escrito decenas, sino centenares y miles, de noticias y artículos de opinión sobre los excesos de las discotecas y similares, sobre las denuncias por ruido, por incumplir los horarios o por multiplicar su aforo a las que la Policía Local de Sant Josep o la de Sant Antoni no hacen ni caso. Hemos publicado incontables casos que podrían suponer delitos urbanísticos y medioambientales, hemos escrito sobre la dejadez continuada de las instituciones y hemos destacado las mentiras con las que, a menudo a través de sus gabinetes, los ayuntamientos intentan ocultarnos su mala praxis (toma eufemismo). Hemos escrito sobre la presencia de ciertas mafias, de empresas que tienen detrás a traficantes de armas y drogas internacionales y hemos hablado hasta la saciedad de la permisividad de ciertos locales de ocio con la droga. Y si las noticias y artículos (o incluso libros) que nosotros publicamos no fueran suficientes, los vecinos de las zonas más afectadas por unas u otras actividades y omisiones sospechosas han enviado cartas al director a los medios con las que al menos el director de Diario de Ibiza podría haberse empapelado ya el despacho, y también la antesala. ¿Es que nuestros fiscales no lo ven? ¿No leen los periódicos? ¿Dónde demonios viven?
En pleno parque natural de ses Salines, lo que antaño fueron chiringuitos llevan años funcionando sin licencia y llenando de ruido (me niego a llamar música a ciertas cosas) un área natural teóricamente protegida. Y ya me perdonarán la desconfianza, son muchos años puliéndola, pero ¿es que no lo han leído ni los jueces ni los fiscales o es que van de copas a esos establecimientos, como hacen nuestros políticos? Hay incontables obras a lo largo y ancho del territorio que están paradas, que igual no tenían licencia y cuya demolición debería ordenar el ayuntamiento al que corresponda. Pero, de repente, las veremos acabadas y legalizadas y aquí no habrá pasado nada, porque en Ibiza no hay Justicia que nos defienda de la corrupción. Si aquí algunos hicieran su trabajo, quizás no se nos amontonarían ilegalidades en casos como el de la operación Pitiusa y no se nos morirían los corruptos (presuntos, perdón) sin llegar a ser juzgados.
Hay locales con licencia de cafetería funcionando como discotecas año tras año con la tolerancia de ayuntamientos, aparcamientos construidos en áreas naturales de especial interés, fondeos continuos sobre posidonia (supuestamente protegida) y tramos de costa privatizados. Todo ello se ha publicado. Y podemos hablar de drogas, de todos los turistas que devolvemos muertos sin que haya responsables por ello, aunque mueran en las discotecas o en los pubs. Si hubiera fiscales y jueces más aguerridos habría incluso posibilidades de juzgar y condenar a los responsables civiles subsidiarios. No soy una revolucionaria; en otros lugares simplemente se cierran locales. Cómo es posible que hasta el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías se haya enterado de lo que pasa en la isla y nos haya acusado de promover el uso de drogas y de prácticamente iniciar en el consumo, con nuestra promoción turística irresponsable, a miles de jóvenes que cada año visitan la isla, y que los fiscales de Ibiza no se enteren de nada.
Por no hablar, y de ello sólo daré una pincelada, de la desenvoltura con la que se llegan a acuerdos para evitar juicios. ¿Cómo explicamos a los pequeños empresarios del comercio que delincuentes para los que inicialmente piden cuatro años de cárcel por apropiación indebida y hurto continuado acaben largándose con penas de seis meses, que, por supuesto no cumplirán? ¿No conocen los fiscales el gran problema que tienen los comerciantes de Ibiza con los hurtos, que los ladrones se ríen de los dependientes porque saben que la Justicia no les hará nada y que los policías, desesperados ya, optan por culpar sin reparo (y con razón) a la Justicia, a un sistema judicial que no hace su trabajo? Policías y guardias civiles critican falta de apoyo por parte de la Fiscalía y hay abogados que están encantados, y eso es antinatural.
No se puede alegar desconocimiento. Nadie puede decir que desconoce lo que está pasando en esta isla desamparada. La Justicia que no actúa es cómplice también. Todos los que callan, que no denuncian, que bajan la cabeza, que no hacen su trabajo son cómplices, aunque unos tienen mayor grado de responsabilidad que otros. Y quizás haya algún fiscal que trabaja y realmente no le da la vida, y, si es así, que me perdone la generalización, pero creo que nunca antes había habido tantos fiscales en la isla y nunca antes se había notado tan poco su existencia. Lo siento, o no, pero ya era hora de que alguien lo dijera.

Publicado en Diario de Ibiza

http://www.diariodeibiza.es/opinion/2016/02/09/fiscales-ibiza/822046.html

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A todos los que trabajáis gratis

batmanEl trabajo no se hace gratis. Es básico. Y doy por hecho que todos cuantos lean este inicio de artículo estarán de acuerdo conmigo y seguro que muchos han secundado la campaña ‘No regales tu trabajo’. Sin embargo, es curioso ver cómo las mismas personas que critican en las redes sociales esos anuncios en los que se ofrecen trabajos en prácticas sin remuneración o cuelgan los carteles de ‘No cobro por lo que hago, cobro por lo que sé’, sean los mismos que luego no tienen reparos en regalar fotos a los medios de comunicación (o similares) sólo por verlas publicadas. O los mismos que escriben pseudoreportajes gratis para esos mismos periódicos. Cómo si esto no fueran trabajos.
A un amigo mío, los responsables de una revista le pidieron una foto suya de no sé qué rincón de la isla para una portada. Y él, encantado de que les hubiera gustado su foto, hasta les dio las gracias. Por supuesto, no se la pagaron, porque ya era suficiente pago que él, que es aficionado a la fotografía pero no se dedica a ello profesionalmente ni de lejos, viera publicada su foto. Y tal vez crea que su imagen es magnífica, pero es que ni siquiera es esa la cuestión; la cuestión es que a la revista le salió gratis. Y, lo peor, es que un fotógrafo profesional, alguno que se dedique al fotoperiodismo, básicamente, perdió un trabajo. Es decir, a mí el intrusismo ya me parece mal, pero que encima no la cobre ya es imperdonable.
A ti, que igual eres abogado, ¿qué te parecería si llegara el dueño del despacho para el que trabajas y te dijera que puede prescindir de tus servicios porque tiene a un altruista que no quiere cobrar, que le sobra el dinero y lo que quiere es aprender? A ti, dependiente de la perfumería, ¿qué tal si llega alguien que trabaja sólo por amor al arte perfumero a quitarte el sitio? Tú, qué vives de diseñar campañas, a ser posible de las instituciones, que pagan más, ¿qué te parece si les hago yo alguna gratis, que me hace ilusión y me lo puedo permitir? Con toda seguridad, muchos montaríais un escándalo. Por lo menos en facebook, que es donde la mayoría cree que es suficiente lamentarse de las injusticias. Y si entendéis esto, no sé por qué no entendéis entonces que si regaláis vuestras fotos o textos a los periódicos estáis haciendo exactamente eso mismo.
Y, por puntualizar y para entendernos, una cosa es mandar una carta o una foto de denuncia, que los medios no deben pagar, y otra distinta pretender hacer el trabajo de los profesionales. Tampoco es lo mismo hacer algún trabajito esporádico para algún amigo, entendámonos.
Luego ya podríamos entrar en el tema de la calidad, pero esa es otra cuestión. Si la mitad de los medios publica páginas a jubilados aburridos, a blogeros modernetes que sueltan rollos cursis sobre qué bonito es visitar Atlantis y a pseudoinvestigadores que se dedican a ‘refritar’ lo que sale en cualquier blog sobre la diosa Tánit, luego no os quejéis de que el periodismo baja de calidad. ¿No será que a cualquier cosa lo llamáis periodismo? Al final, como dice el periodista Paul Steiger, de la agencia ProPublica, “si quieres calidad, hay que pagar por ella”.

(no sé quién hizo el meme de Batman y Robin con el que he ilustrado el artículo, porque lleva mucho circulando por la red y no he podido seguir la pista, pero si alguien lo sabe, que le dé las gracias de mi parte)

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Las cicatrices de los cañones de Ibiza

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Una de las explanadas de sa Caleta @Joan Costa

C.A.T. Fotos: Joan Costa
Hitler encadenaba las invasiones de Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia cuando se proyectaba la instalación de la batería antiaérea de sa Caleta, que completaba, en plena II Guerra Mundial, el cordón de defensa que ya se había construido durante la Guerra Civil, finalizada hacía un año, para defender el puerto y el aeropuerto de Ibiza. La línea defensiva contaba con cañones antiáereos y nidos de ametralladoras dispuestos durante la guerra española desde Punta Arabí hasta es puig des Corb Marí, en ses Salines, donde se estableció el puesto de mando y desde donde acabaron controlándose las ocho baterías de artillería de Eivissa. La de sa Caleta fue la número 8, la última batería construida en la isla. Era el verano de 1940 y su instalación formaba parte del denominado Plan Kindelán, que lleva el nombre de quien fuera el responsable de la fuerza aérea de Franco y que hoy es considerado el fundador del Ejército del Aire. El general Alfredo Kindelán acabó por formar parte de la conspiración monárquica contra Franco, pero esa es otra historia; su papel en la crónica de la artillería pitiusa se ciñe a ser el ideólogo del plan de defensa del archipiélago, en un momento en el que él era capitán general de Baleares.
El proyecto original preveía la instalación de la octava batería en la cima de es Cap des Falcó, el lugar idóneo tanto por la altura como por su situación, dado que la misión de tal enclave armamentístico era la protección del aeródromo de es Codolar. Sin embargo, el presupuesto no alcanzaba para construir la carretera que los militares precisarían para acceder al lugar, coste al que había que sumar la ejecución de las obras en una zona elevada y escarpada.
Finalmente, la batería antiaérea se instaló en la punta de sa Caleta, llevándose por delante parte de los restos del primer asentamiento fenicio de Ibiza. Se mantuvo en funcionamiento durante dos décadas, pero desde sus explanadas nunca se disparó un sólo tiro que fuera necesario disparar. Sólo aquellos que se efectuaban durante las jornadas de maniobras. Los aliados nunca pretendieron desembarcar en Sant Josep ni la RAF (Royal Air Force) bombardear el aeródromo; hay que recordar que con quien se alineó Franco fue con la Alemania nazi. Y Kindelán, por cierto, que consideraba a Franco un estratega mediocre y cuya desmedida ambición criticaba, era un monárquico probritánico (de ascendencia irlandesa) y antinazi, lo cual lo convertía en un elemento engorroso para el Ejército, en el que sólo su prestigio le permitió mantener su posición.

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07/Enero/2016 Islas Baleares. Ibiza Restos de antiguas baterías militares. Centro de mando en Es Corb Marí. © JOAN COSTA

En el enclave militar junto al poblado fenicio se instalaron dos cañones recuperados de la batería antiáerea de Cas Serres. Eran dos Vickers 101,6/45 AA, modelo de 1917, al igual que los que había en Cap Martinet, fabricados en Cádiz y que originalmente estaban concebidos para ser colocados en barcos de guerra. De hecho, el cañón de es Corb Marí procedía directamente de una embarcación. Y los de s’Illa Grossa eran de un modelo que se había generalizado durante la guerra de Cuba. Incluso hubo cañones fabricados de madera (dos de ellos en Punta Arabí y otros dos en es Corb Marí), falsas baterías para hacer creer al enemigo que se disponía de un poderío artillero del que no se gozaba.
Los dos cañones de sa Caleta estaban instalados en las dos explanadas que hoy se encuentran en mejor estado de conservación y cada uno de ellos necesitaba a seis hombres para su funcionamiento, a los que había que sumar otros quince o dieciséis que debían encargarse de pasarse unos a otros, en cadena, los proyectiles desde las galerías que comunicaban las explanadas. La plana mayor (oficiales y suboficiales) se encontraba bajo la explanada hoy prácticamente arrasada que se halla más cerca del acantilado, donde no había armas sino un telémetro para medir la distancia de tiro; era el puesto de mando telemétrico, el búnker donde se desplegaban los planos, se marcaban las cruces y el capitán dirigía. Este puesto de mando, ante el peligro de que el acantilado avanzara y lo destruyera, se inutilizó ya en los 50 y se proyectó un nuevo puesto detrás de las dos explanadas de los cañones, que aún hoy sigue en pie y que, en realidad, no llegó a funcionar nunca. Cuando este definitivo puesto de mando se construyó ya se sabía que la batería nunca iba a entrar en combate, y la guarnición allí destinada se había reducido de forma considerable. De hecho, los propios militares han contado a lo largo de los años que esta nueva obra sólo se construyó para beneficiar con dinero público a la constructora.

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Restos de la batería de s’Illa Grossa. Joan Costa

Completaban el conjunto varios nidos de ametralladoras dispuestos para evitar desembarcos. El arquitecto Juanjo Serra, que lleva años investigando la línea defensiva de la isla y ha aportado buena parte de la documentación que ha utilizado el Consell para declarar Bien de Interés Cultural, con la categoría de lugar histórico, la batería militar de sa Caleta, tiene localizados cuatro de estos nidos. Y más allá del material armamentístico, el emplazamiento contaba con el cuerpo de guardia, la casa de artificios (donde se guardaban, entre otros materiales peligrosos, las espoletas, separadas así de los proyectiles para evitar accidentes), las garitas, una cantina instalada en el piso superior de una caseta varadero expropiada para tal fin y el cuartel, que ahora se está rehabilitando como centro de interpretación del poblado fenicio de sa Caleta (cuya área de protección también se ha ampliado). El proyecto al completo tiene un presupuesto de 600.000 euros. De esta forma, si antaño fueron los militares los que se apropiaron de parte de los restos del poblado, hoy los restos militares servirán para recuperar la memoria del legado fenicio. Justicia histórica.
El año 1962, la batería antiaérea de sa Caleta fue definitivamente desarmada y abandonada. La Organización Juvenil Española usó las instalaciones durante algunos años, hasta que cayeron en el olvido.
La batería de sa Caleta es, según puede leerse en la declaración de Bien de Interés Cultural, la mejor conservada de las ocho existentes en Ibiza aunque Juanjo Serra, coautor del proyecto de restauración del conjunto de sa Caleta y que se encuentra también a cargo de la dirección de la obra (junto con los servicios técnicos del Consell), considera que el resto de baterías de la línea defensiva ibicenca también debería formar parte del catálogo de patrimonio de las Pitiüses. Al menos debería considerarse la posibilidad de catalogar y restaurar los emplazamientos militares en los que aún queda algo que rescatar. La de es Corb Marí, las de s’Illa Grossa y parte del sistema antiáereo de Cap Martinet, destaca, también se encuentran en muy buen estado y podrían recuperarse. Todas ellas, desde Punta Arabí hasta sa Caleta, pasando por Cas Serres, las dos de Cap Martinet, es Calvari, s’Illa Grossa y es Corb Marí, y aunque nunca entraran en combate, son parte de la historia de la isla. Ya en la misma declaración de sa Caleta se abre la puerta a una protección más amplia del sistema defensivo ibicenco al referirse a “toda una serie de instalaciones paralelas del mismo tipo que tenían como finalidad la defensa marítima y aérea de la ciudad de Eivissa, históricamente irrepetibles y que merecen su protección y conservación a fin de perpetuar el recuerdo y transmitirlo a las generaciones futuras”.

Publicado en Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2016/01/17/cicatrices-canones-ibiza/817391.html

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07/Enero/2016 Islas Baleares. Ibiza Restos de antiguas baterías militares en Cap Martinet. © JOAN COSTA

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Policíaca gratis para Navidad

portadaamazonbluesPara felicitaros la Navidad como es debido, este año regalo en pdf la novela policíaca ‘A todos los gatos les gusta el rhythm’n’blues’. En esta entrada y en un enlace que encontraréis al final del texto. Es la segunda novela que publiqué y que, como viene siendo habitual, fue vetada en la mitad de los medios de “comunicación” de Eivissa, mi isla, pero que estuvo entre las recomendadas de la FNAC y Leqtor y se situó (una semana no recuerdo cuándo) entre los libros en e-book más vendidos en la Casa del Libro y Leqtor. En fin, os explico un poco de qué va, y si la queréis leer la descargáis aquí mismo. Y así, además, no tiene que ir nadie a pillarla pirata a alguna de esas páginas de delincuentes que roban el trabajo de músicos y escritores y dan a la gente la estúpida impresión de que la cultura tiene que ser gratis porque los que vivimos de estas cosas somos artistas bohemios y filántropos que la mayor parte del tiempo la pasamos en países con unicornios donde no se necesita comer y se desprecia el dinero.
‘A todos los gatos les gusta el rhythm’n’blues’ es una novela policíaca ambientada en la isla de Ibiza. La historia comienza en un bar del barrio de sa Penya, donde aparece el cadáver de un delincuente sobre una mesa de billar. Le han cortado las yemas de los dedos después de pegarle un tiro en la cabeza. El equipo de Ariel, un policía sevillano con una capacidad limitada para relacionarse tanto con seres humanos como con gatos, es el encargado de la investigación. El caso se complica cuando aparece, en el fondo del mar en Platges de Comte, el cadáver de quien se había convertido en el principal sospechoso y cuando todo apunta a unos ladrones de arte que usaron la cueva del bar Merlín para esconder una reliquia que querían vender al mejor postor. En la trama se encadenan casos reales con la ficción y destacan los constantes guiños a una cultura de blues y rock and roll y a los superhéroes del cómic. La acción se va encadenando a las canciones –Elvis, Johnny Cash, Stray Cats, Sam Cooke– dotándola de un nuevo ritmo y mientras los gatos se convierten en las sombras de los protagonistas. “Sólo los gatos de la calle podían asegurar que el hombre que salió de madrugada del Merlín mirando a cada lado como quien va a cruzar la carretera llevaba algo escondido en una bolsa. Los gatos serían los mejores testigos del mundo si a alguien se le ocurriera preguntarles, y si ellos se dignaran a contestar”.
Aquí la tenéis.
Feliz Navidad y mucho rhythm’n’blues

A todos los gatos les gusta el r’n’b

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Media hora en Sant Antoni

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Vallas de una discoteca en una carretera de Eivissa. Todas las vallas son ilegales pero las instituciones hacen la vista gorda. Foto:C.A.T.

En media hora cabe un universo entero. Media hora puede ser el tiempo que te doy al despertar o el que te presto de madrugada. Es el rato que quizás dedicas a perseguir y fotografiar una mariposa. Media hora es esa llamada a alguien que tienes lejos o ese café pendiente con esa persona importante a la que quizás no dedicas la atención que merece. Media hora más son treinta minutos más contigo. Como decía El Principito, que al parecer sabía un rato de eso de valorar el tiempo, “cinco minutos pueden tener más importancia que un día entero”. Imagínate si en lugar de cinco minutos hablamos de treinta.
Y, dicho todo esto, que alguien le explique al señor concejal de Urbanismo y Actividades (que vaya usted a saber, en realidad, cuántas y qué actividades caben en tal epígrafe) que media hora puede ser el tiempo de más que muchos vecinos de Sant Rafel tengan que esperar para poder dormir. Es esa media hora que el concejal en cuestión considera que se le puede robar a los vecinos dándoselo a las discotecas que, una y otra vez, día tras día, se han pasado por el arco, entre otras cosas, sus horarios de cierre. Es decir, en lugar de castigar a los infractores reduciéndoles los horarios, que es lo que los vecinos esperaban, se les premia dejándoles tener abiertos sus locales media hora más al día. Esa es la política del Ayuntamiento de Sant Antoni.
Estamos hablando de discotecas que suman denuncias por incumplimiento de horarios, de llamadas diarias de vecinos denunciando sin que, la mitad de las veces, les hagan caso. Hablamos de discotecas que se permiten el lujo de enviar literalmente a tomar por saco a los policías que, alguna vez, acuden a intentar cerrar los locales, que incluso tienen alguna denuncia por desobediencia a la autoridad por negarse a permitir que se realicen sonometrías, denuncias de las que, por cierto, el Ayuntamiento no informa a los medios de comunicación. Cuanto menos se sepa, mejor. Discotecas que se ríen de las multas prácticamente simbólicas que les pone el Ayuntamiento cuando, presionado por los ciudadanos, finalmente las aplica.
Media hora más de ruido es una estafa. Es un engaño a todos aquellos que han confiado en que una nueva forma de hacer política vendría a poner algo de orden en la isla del todo vale. Esta forma de hacer política ya la conocíamos, desde luego, y estoy convencida de que si los votantes han tirado al PP por la ventana de instituciones como este ayuntamiento en cuestión y del Consell ha sido confiando en que, con la izquierda (ya no sé ni si podemos llamarla así) los ciudadanos estarían por encima de los intereses de unos pocos y podríamos frenar la degradación de una isla en la que hemos perdido calidad de vida para que cuatro se hagan ricos emborrachando guiris y rompiéndonos los tímpanos a todos. Media hora más de ruido es una traición.
Al concejal de Actividades le parece que media hora no es nada, pero media hora es lo que calculan que tardaban en morir las víctimas del Holocausto en las cámaras de gas Zyclon. Media hora es para muchos españoles (incluidos catalanes) lo que vale una siesta y perder media hora de sueño, aseguran, afecta al metabolismo humano. Media hora es una felonía.
Que alguien le explique también, a él, al resto de concejales y a ese comité de sabios al que llaman Consell de Alcaldes, que la contaminación acústica es un delito y que muchos jueces considerarían prevaricación el lavarse las manos y no actuar contra ella. Y llegados a este punto del asunto, el próximo artículo podría titularse ‘Y, mientras, ¿a qué diablos se dedica la fiscalía?’.
Al final, a ningún políticio de esta isla deber extrañar si muchos nos preguntamos cuánto valdrá media hora más, si un bolso de Louis Vuitton, un traje de Armani o, simplemente, unas cuantas copas gratis, porque no hace falta ser criminóloga ni periodista para sospechar de estas ‘actividades’ ni para entender que si un político está dispuesto a perder votos del pueblo ignorando sus necesidades es por miedo o porque, de alguna manera, le sale rentable. ¿A qué precio nos vende el Ayuntamiento de Sant Antoni?
Sólo aquel que no respeta el tiempo de los demás, ni mucho menos el descanso de los vecinos frente a los incumplimientos de leyes y ordenanzas, puede permitirse decir una estupidez como esa de que “media hora, al final, no es que sea gran cosa. Si ampliamos media hora pero logramos que ese horario se cumpla podríamos salir ganando todos”. El horario se tiene que hacer cumplir sin concesiones y sólo aquel a quien no le importa perder el tiempo desprecia media hora.

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