Mercenarios del periodismo

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Restos de imprenta de un periódico desaparecido

Qué pena me dan esos periodistas, redactores, juntaletras, articulistas, tertulianos y locutores a los que, dada su mediocridad, no les queda más remedio que trabajar al dictado de las mafias o de los lobbies de poder que les pagan, que viene a ser lo mismo que una mafia. A veces me cabrean, es verdad, por el daño que hacen a una profesión que siempre anda en la cuerda floja e intentando resurgir de sus cenizas entre tantos intereses, dinero sucio y conciencias en venta a precio de saldo. Me disgustan, sí, pero su patética existencia también me produce algo entre vergüenza ajena y compasión; entiendo que debe ser jodido que tus propias limitaciones te conviertan en una marioneta y te obliguen a depender de a quién le besas los pies.
A menudo criticamos a los políticos y empresarios depredadores que se están cargando las islas por unos billetes más en los bolsillos, sacrificando nuestro bienestar, nuestra convivencia y un futuro sostenible, que debería ser, sin duda, el bien común, pero nos olvidamos de que existen porque también existe toda una corte de lacayos que los apoya y a veces intenta medrar con ellos. Y esos periodistas forman parte de esa cohorte servil que todo poder lleva alrededor de sus talones cuando camina. Lacayos, esbirros, sirvientes, los contables de los negocios sospechosos, los que finalmente son detenidos con sus jefes cuando Hacienda y la Policía deciden por fin investigar sus cuentas. Son los secretarios de ciertos poderosos, los que barren el suelo que pisan esperando que les echen una limosna pringosa, los inviten a copas envenenadas en sus locales o en un futuro compren por ellos a algún politico de ayuntamiento para que les permita convertir su corral en casita.
Los periodistas, definitivamente, son los peores de esta variada cohorte de helmintos, porque se aprovechan de forma bastarda de derechos tan valiosos en nuestra sociedad como la libertad de prensa y la libertad de expresión. Usan, de facto, esos derechos en contra de los principios por los que fueron creados y protegidos, y pocas cosas hay más abyectas que el periodista que corrompe y degrada una profesión por la que, por defenderla y dignificarla, otros se parten los cuernos o acaban muertos o en cárceles a lo largo del planeta.
Y, entendámonos, hablo de un tipo de periodismo que va mucho más allá de una línea editorial distinta o de poder manifestar una opinión diferente. Una cosa es la opinión, la crítica argumentada, y otra el ataque gratuito, simplemente ruin, pueril e injusto bajo el escudo de una libertad de expresión mal entendida o mal empleada. Y todos sabríais ponerme algún ejemplo de ello, estoy segura. Son, todos lo sabemos, esos redactores que salen de sus madrigueras para escribir con su bilis en contra de toda iniciativa que intente poner freno a las injusticias, a las corrupciones, las tropelías o barbaridades que a diario se cometen en estas islas que algunos pretenden seguir vendiendo a cachos. Hablo de esos juntaletras, qué pena me dan, a los que molestan por sistema los ecologistas, como si serlo no fuera una cualidad que todos deberíamos tener, o que se apresuran a clasificar entre sus enemigos a una agrupación de ciudadanos que dice PROU o basta a la masificación y los excesos. Me refiero a esos que sienten amenazada su rastrera forma de vida y usan los medios para mostrar a los amos su fidelidad bastarda a la causa de la desinformación y la manipulación. Insisto, no es lo mismo opinar ni informar que aprovecharse de cualquier espacio en los medios para difamar, insultar y falsear los hechos y la realidad.
y es que, encima, por lo que sé de los sueldos del sector, esos periodistas, o cómo queráis llamarlos, venden la integridad, el alma, y de paso al periodismo, por auténticas miserias. Ellos son los que ven pasar el dinero sucio que ganan quienes destruyen la calidad de vida de las islas, el dinero de los que sacrifican el patrimonio natural y cultural de Ibiza y Formentera por llenarse los bolsillos. Y todo corrupto, todo depredador y todo especulador que se precie debe rodearse de lacayos y contar periodistas o escritorzuelos entre ellos, de esos que usen sin escrúpulos la libertad de prensa, de los que, aún ardiendo en el infierno y en despachos forrados de rojo sean capaces de loar las excelencias del clima. Como si las habichuelas les fueran en ello. Y espero, al menos, que para algunos así sea.

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La táctica Al Capone

alcapone25eneroYa sé que es como invocar a Satanás con una ouija, pero creo que, vista la pasividad (cuando no complicidad) de otras instituciones, a Ibiza sólo la puede salvar Hacienda. La Agencia Tributaria se atreve con todo y no se casa con nadie. Y eso es lo que nos hace falta. Es la que, por fin, ha decidido controlar el alquiler turístico, tantas veces fuera de la ley, la que ha puesto en listas negras a empresas de la isla que podrían estar blanqueando dinero de actividades delictivas y la que ha entrado con Policía y Guardia Civil hasta las entrañas de varias discotecas de la isla; algunas llevan muchos años saltándose las normativas del Ayuntamiento de Sant Antoni, haciendo caso omiso a órdenes de cierre y avisos por contaminación acústica y sobre ellas se han ido sumando sospechas muy graves a lo largo de décadas de vil impunidad. Yo que, por mi profesión, he visto a muchos y buenos policías y guardias civiles largarse de Ibiza porque no les dejaban investigar el tráfico de drogas hasta dónde llegara, hasta el corazón de las discotecas, hoy he encontrado en Hacienda a un aliado. Quién lo iba a decir. Ellos, esos policías que tuvieron que irse ya lo sabían; sólo agentes de fuera de la isla pueden intervenir, y eso es lo que suele pasar en los lugares en los que la delincuencia ha derivado en Mafia, lo que significa que ha alcanzado hasta los estamentos políticos y judiciales. Lugares en los que impera la ley del silencio. Han tenido que venir agentes de fuera, la Unidad Central Operativa (UCO), concretamente, implicar a la maquinaria de Hacienda y no contar con la Guardia Civil pitiusa para entrar en Amnesia. Preguntaos por qué. Bienvenidos sean.
Al Capone, que vaya usted a saber a cuántas personas ordenó matar, cayó finalmente por evasión de impuestos. Los chicos de Eliot Ness revisaron papeles y encontraron recibos que relacionaban al ‘Rey del hampa’ de Chicago con el juego ilegal, ingresos por los que no había pagado impuestos. Y así acabó en la cárcel. Esta claro que lo ideal hubiera sido que Capone acabara en Alcatraz con condenas por asesinato, pero a veces hay que aplicar estrategias alternativas. Y está claro también que todos preferiríamos que los delincuentes que contribuyen a que la isla de Ibiza vaya de cabeza al infierno cayeran por los delitos más graves que puedan haber cometido, con todo el equipo, con todas las consecuencias y con titulares a cinco columnas, pero si tiene que ser por delitos contra la Hacienda Pública, que así sea. A mí me vale.
Ahora le propongo a Hacienda que ponga el Ojo de Sauron sobre otro tema importante, porque también ella es la única que, al parecer, puede acabar con un problema que a muchos ibicencos nos preocupa tanto como lo anteriormente dicho. Y hablo de la pesca ilegal que aún hoy sigue proporcionando meros, cabrachos (anfossos y rojes) y otras especies valiosas por su interés comercial a restaurantes sin escrúpulos. Un buen día, unos buceadores franceses me hicieron pensar en lo fáciles que a veces resultan las cosas si hay intención de solucionar problemas. Ellos me explicaron que el furtivismo esquilmó también algunas zonas de la costa francesa hasta que Hacienda se decidió a intervenir y se dedicó a visitar restaurantes con regularidad. Es decir, así en resumen, si los inspectores de la Agencia Tributaria se dedican a pedir papeles a los restaurantes y resulta que han facturado treinta bullits de peix en un mes pero sólo pueden justificar la compra de cinco rojes, ya los tienes pillados. Así, en resumen y simplificando. Y si bien alguno me dirá que en el restaurante no tienen más que alegar que la documentación la tiene un gestor, y así tener tiempo para falsificar facturas, estoy segura de que los propietarios, aunque se salvaran una vez, acabarían por negarse a comprar a los pescadores furtivos. Hacienda impone e intimida y ahora resulta que eso es bueno.
Este artículo, en realidad, es casi una señal de socorro, la misma que brilla en el cielo nocturno de Gotham cuando necesitan a Batman. Agencia Tributaria, no nos dejes solos, ni contra los delincuentes de noche ni contra los de día…
Hacienda no es Batman, cierto, pero es real y nos puede valer para salvar de su destrucción esta Gotham degradada. Dios salve a la Agencia tributaria. Y a la UCO de la Guardia Civil, que es quien la ha llevado hasta Amnesia. Ahora, por favor, ¿podéis seguir? Queda mucho trabajo por hacer.

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http://www.diariodeibiza.es/opinion/2016/07/12/tactica-capone/854024.html

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La revolución de las sombrillas multicolor

DSC_2544Los hoteleros, en República Dominicana, se han adueñado de las playas hasta tal punto que los negros dominicanos (por no hablar de los vecinos haitianos) no pueden disfrutar de ellas. Si intentan colocar sus sombrillas de baratillo cerca de las pareos Versace de los clientes de esos hoteles, vigilantes uniformados de postal de gimnasio cool les recuerdan cuál es su sitio en el mundo. Los dominicanos se han convertido en parias en su propia tierra.
Supongo que esta estampa tropical y clasista que hoteleros que todos conocemos han instaurado en Punta Cana es la que ciertos empresarios (algunos de ellos son los mismos), y con la connivencia de nuestros políticos, quieren para nuestras playas. Supongo que este modelo de calas y playas privatizadas y exclusivas para sus clientes es el que desearían hoteleros, empresarios de restaurantes de ses Salines y propietarios de eso que llaman beach clubs (porque en inglés suena más modernete), que han proliferado cual plaga a lo largo del litoral.
Hace unas semanas, un empresario playero, fastidiado, al parecer, por la reducción de hamacas en Sant Josep, ya nos dijo a los ibicencos a través de Diario de Ibiza que no le gustaba nada la imagen que damos en la playa aquellos que no contratamos sus hamacas ni consumimos aquello que nos quieran vender. Nos vino a decir que ellos, los empresarios de las hamacas y los parasoles, son super cool y que gracias a ellos la playa es más bonita, más fastuosa y más ordenada, y que es una pena que los demás, los que no somos sus clientes, la envilezcamos con nuestros ordinarios elementos playeros que, probablemente, no se ajusten al criterio estético del Hola para unas playas cosmopolitas de anuncio de lujo hortera. Concretamente, nos dijo que las hamacas desmontables y las sombrillas multicolor que lleva la gente dan “una imagen patética”.
Pero, eso sí, del ruido de sus restaurantes en pleno parque natural, de la masificación, de los daños que a ese espacio causan y del hecho de que hayan edificado lo que deberían ser chiringuitos, de eso no hablamos.
Y, después de la ignominia de que nos traten como a parias por usar sombrillas no ajustadas a los cánones del glamour, y para seguir avergonzándonos a todos, llega la subasta de hamacas en la sala de plenos de Sant Josep y comprobamos cómo aún podemos caer más bajo y cómo un ayuntamiento se convierte en especulador. Y si bien lo que allí se vendía son lotes de hamacas y sombrillas, estoy convencida de que, por los precios absolutamente desmesurados que se han pagado, los empresarios creen alquilar la playa entera. Y quizás no andan muy desencaminados.
No seré yo quien defienda las ocupaciones llevadas a cabo en los últimos años por ciertos concesionarios de playas, que no entiendo cómo es posible que no los frieran a multas, pero sin duda no ayuda nada que sean grandes y sospechosos empresarios los que se queden con el derecho a gestionar parte de nuestro patrimonio. Porque si sumas las acusaciones por narcotráfico y las sospechas de blanqueo de capitales que reúnen algunos de los que se han quedado las concesiones, y ciertos antecedentes en la destrucción y degradación de la isla, con el hecho de que se han pagado cantidades con las que uno no se explica cómo el negocio puede ser rentable, no es que no salgan las cuentas es que la única salida que nos dejan es sospechar, y mucho, de sus intenciones.
Habrá quien diga que con este espectáculo lamentable y vergonzante al menos el Ayuntamiento, que somos todos, se lleva un buen botín, pero las arcas públicas no deben llenarse a base de especulación y nuestros políticos no deben comportarse como piratas ni promoverlos. No todo vale. Tampoco vale que empresas como Heineken puedan alquilar y cerrar una playa como ha pasado en s’Estanyol y Cala Jondal, aunque el Ayuntamiento cobre por ello. Entre una cosa y otra, todo apunta a que estamos a un paso de ser como esos negros dominicanos a los que los empresarios hoteleros echan de las playas con machacas armados.
¿No estáis todos muy cansados de que ciertos lobbies empresariales nos digan lo que es mejor para nuestra isla? ¿No estáis hartos de que los intereses depredadores de unos cuantos nos estén expulsando de nuestras playas y de nuestros lugares? Y creo que no es la primera vez que lo pregunto. ¿Soy la única a la que le parece que las tácticas que algunos de estos lobbies usan pueden calificarse de mafiosas y que la Justicia debería intervenir? Estoy siendo lo más sutil que me permite el tema, que no es mucho, pero estoy segura de que hay empleados a tiempo completo de la delincuencia organizada siciliana que en verano se tumban en las hamacas inmaculadas de los restaurantes que nos salvan de la mediocridad y toman notas, envidiando el sistema pitiuso de vender el alma y de robar a todo un pueblo.
No permitamos la privatización de nuestras playas. Si hay que desembarcar en Normandía o, como quien dice, en Platja d’en Bossa, Cala Jondal o Cala Bassa con un ejército de sombrillas multicolor se hace, pero tenemos que decir basta a esta espiral de degradación. De alguna manera. Y entendedme la metáfora de las sombrillas, pero es necesario que nos hagamos oír y si hay que hacerlo como una fuerza aliada en una costa invadida pues habrá que hacerlo. ¿Alguien sabe dónde podría comprar un parasol de mil colores?

Cristina Amanda Tur @territoriocat

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Sa Penya blues. El crimen del minusválido

Portada_CAT_PenyaBlues.fh11El 24 de abril de 2002, un minusválido al que apodaban El Torete, conocido en la isla porque solía pedir dinero en s’Alamera y que en ocasiones escondía droga en su silla de ruedas, fue arrojado por un acantilado en es Botafoc. El crimen, que no tardó en ser resuelto y por el que fue condenado un delincuente habitual apodado El Tito es el punto de partida de este libro, que va más allá del asesinato para trazar un amplio retrato del barrio de sa Penya, el gueto de la droga de Ibiza, al que las vidas del minusválido y su asesino están encadenadas.
Paralelamente al crimen y sus circunstancias, ‘Sa Penya blues’ es un viaje a lo más profundo del antiguo barrio marinero y la historia de los clanes gitanos de la heroína, un recorrido por sus miserias. En este libro, con un estilo esencialmente periodístico, sa Penya se abre en canal y revela su maldición; no se puede pasar por el infierno sin mancharse de hollín.
El crimen del minusválido es la excusa para hablar de la entrada de heroína en Ibiza ─y su nexo gitano─, de las operaciones antidroga, de las redadas, de los confidentes, de las amenazas a los vecinos no pertenecientes a los clanes, del robo de suministro eléctrico para mantenerse en casas ocupadas y de la total incapacidad de todos y cada uno de los gobiernos que han pasado por las instituciones pitiusas para solucionar el problema que constituye el barrio. Y de los errores de la Justicia, porque si algo queda meridianamente claro al profundizar en la historia de los clanes de la droga es que es cierto eso de que los delincuentes entran por una puerta del juzgado y salen por la otra. ‘Sa Penya blues’ cuenta con declaraciones de policías, guardias civiles, abogados y también de miembros de los clanes del barrio gitano, y destacan las manifestaciones de quien fuera el primer sospechoso del crimen, miembro de uno de los clanes históricos del barrio, que relata cómo era su vida cuando era aún un niño que ejercía de contable del negocio de la droga que había montado su madre, analfabeta.
“Por aquellas fechas murió Ricardo, el hijo de La Elia, y también el padre, de tuberculosis, los dos por temas relacionados con las drogas. Y andábamos algo asustados. Por aquel entonces creíamos que de tanto fumar heroína te salía una mancha negra en el pecho, la llamábamos ‘el pulpo’, y yo buscaba a ver si me la veía”.
Este libro, además, sigue la estela de trabajos anteriores y forma parte de la serie iniciada con ‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’, que puede encontrarse tanto en formato papel como en ebook, que describe el cuádruple crimen cometido en Ibiza por sicarios del cartel de Medellín y revela el contexto en el que el asesinato fue posible y las conexiones de Ibiza con las mafias del narcotráfico.

http://www.diariodeibiza.es/cultura/2016/04/12/radiografia-criminal-sa-penya/834861.html

‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’, en Amazon:

http://www.amazon.es/El-hombre-paja-crimen-Benimussa-ebook/dp/B00VITG7A4

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Política suicida

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Campaña para el ahorro de agua en hoteles de Formentera

Nos quedamos sin agua. Es un hecho. Hemos explotado los recursos de esta isla hasta quedarnos al mismo borde del colapso y, encima, no hay manera de que llueva lo suficiente ni aunque cante mi hermano. No tenemos ni para nuestros campos y los vecinos de Sant Jordi pueden describir bien las tribulaciones de vivir con un agua que, cuando llega, sólo sirve para estropear todo lo que toca pero que cuesta como si quien tocara las cosas fuera el rey Midas. La presidenta balear, Francina Armengol, ya ha confesado, sin sonrojarse, que, ante la situación de sequía, la escasez de lluvia y la sobrexplotación de los acuíferos, no se puede garantizar el suministro de agua potable en todas las islas durante el próximo verano. Volved a leerlo, porque creo que no estamos convenientemente escandalizados ni preocupados por ello. Ni por las noticias sobre las fugas en la red de suministro ni las que nos cuentan los problemas de las desaladoras. ¿Por esto no vais a inundar de reivindicaciones las redes sociales ni a recoger firmas en el change.org?
Pues bien, no tenemos agua ni para garantizar nuestras propias necesidades, pero, eso sí, nos vamos a Fitur y a la ITB a cantar nuestras excelencias turísticas (cada vez menos excelentes), queremos recuperar 40.000 turistas alemanes y se anuncia ya que este verano nos van a visitar unos ocho millones de turistas. Y a batir nuevos récords, como si todos fueran buenos. Mientras Armengol nos avisa de que nos quedamos sin agua, el mismo partido al que ella pertenece, el PSOE, a la cabeza del gobierno pitiuso, apuesta por seguir llenando de gente una isla que ya no tiene agua ni para su propia subsistencia y que ya sufre el turismo como se sufre una plaga de langostas. Por cierto, ¿nos han contado ya cuánto nos hemos gastado en enviar a tanto ‘representante’ a tanta feria?
Pues no entiendo este afán por saturar el terruño, la verdad. Me pregunto dónde diablos vamos a poner más langostas (perdón, turistas) si el año pasado, en temporada alta, ya hablábamos de cifras récord de ocupación ni me explico cómo les vamos a dar agua si no tenemos. No me salen las cuentas, y, como dice mi hermano, que de cantar no sabe un pimiento pero los números se le dan genial, de dónde no hay no se puede sacar y del cien por cien no tiene sentido pasar porque no es buena política comercial ofrecer lo que no se tiene.
Confieso que he llegado al punto en el que no logro comprender las tendencias suicidas (pulsión suicida lo llamamos los criminólogos) que imperan en la isla y que llevan como Plan A todos y cada uno de los gobiernos que han pasado por los sillones de cada una de nuestras instituciones. No lo entiendo. Igual el suicidio colectivo, en plan secta apocalíptica, está en el programa electoral de algún partido y yo no me he enterado. No comprendo que la sobreexplotación de los recursos sea una política legítima y que no sea por ello que se convoquen manifestaciones. No entiendo que no tengamos políticos capaces de ver que vamos al desastre de cabeza, que no se puede seguir construyendo y destruyendo, que las ilegalidades no se deben legalizar sino castigar y que con el turismo invasivo que tenemos no vivimos mejor. Y me pregunto, también, cómo creerán estos lumbreras que nos tocan en suerte en las instituciones que hemos acabado con el agua y si piensan adoptar alguna solución que no sea en realidad una absoluta estupidez. Igual están todos en el despacho de Vicent Torres bailando todas las noches como apaches, confiando en despertar a los espíritus de la lluvia, y aquí estoy yo criticando, desconfiada de mí, su política suicida.
Llegará julio y nos pedirán que ahorremos agua, pero no nos contarán que la hemos agotado por haber vendido la isla a los especuladores y por seguir permitiendo que unos cuantos sigan lucrándose a costa de nuestro bienestar; por seguir llenando la isla por llenar, como si el objetivo fuera explotar en fuegos artificiales de billetes de 500. No nos contarán que mientras en Sant Jordi no tenemos agua hay depredadores de temporada que cada día piden un camión de 10.000 litros para sus jardines de flores tropicales. Nos pedirán que ahorremos cuatro puñeteras gotas de agua mientras los hoteleros lavan a diario toneladas de toallas limpias, las duchas de todas las playas funcionan las 24 horas del día y seguimos llenando esta pobre isla de gente como si nos lo pudiéramos permitir.
Y los hoteleros (algunos, al menos), que son los que realmente quieren mandar aquí, pueden poner el grito en el cielo cada vez que alguien plantea la posibilidad de que dejemos de crecer y detengamos la invasión turística, y me pueden cantar misa en latín sobre las excelencias del turismo de masas y los beneficios de la ginebra en garrafa frente al agua sin gas, pero aún diré más; me horrorizan, me deprimen, me cabrean y me asquean a partes iguales las personas que tienen el dinero como un fin y no como un instrumento. Me repatean todas y cada una de las personas capaces de sacrificar el bienestar de todos, incluido el suyo y el de su familia, por unos cuantos billetes más en su cuenta. Hemos cambiado agua por oro, y el oro no se puede beber; que se lo pregunten sino al rey Midas y que me expliquen qué adjetivo podemos aplicar al padre que destruye la tierra en la que deberán vivir sus hijos.

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¿Dónde están los fiscales de Ibiza?

keep_calm_batman_by_ko91-d3dlf80La Fiscalía debe actuar de oficio cuando tiene conocimiento, por cualquier medio, de la posible comisión de un delito. Los fiscales deben promover la legalidad en defensa de los derechos de los ciudadanos y del interés público. Dicho esto, que debería ser una obviedad y que tengo que dar por hecho que es de conocimiento general, me pregunto dónde están los fiscales de Ibiza mientras a diario los derechos de los ciudadanos de esta isla machacada son vulnerados a la vista de medio mundo. Las sospechas de ilegalidades de diverso calado, de prevaricato, desobediencias y delitos medioambientales, cometidas con continuidad por empresarios, políticos y funcionarios de esta isla llenan páginas de periódicos con una periodicidad inaudita ¿Cómo es posible que se enteren en Inglaterra y diarios británicos hablen de la impunidad que reina en la isla y los fiscales, que viven aquí y que deben trabajar para defendernos, no se enteren de nada?
Los periodistas, o al menos algunos, hemos escrito decenas, sino centenares y miles, de noticias y artículos de opinión sobre los excesos de las discotecas y similares, sobre las denuncias por ruido, por incumplir los horarios o por multiplicar su aforo a las que la Policía Local de Sant Josep o la de Sant Antoni no hacen ni caso. Hemos publicado incontables casos que podrían suponer delitos urbanísticos y medioambientales, hemos escrito sobre la dejadez continuada de las instituciones y hemos destacado las mentiras con las que, a menudo a través de sus gabinetes, los ayuntamientos intentan ocultarnos su mala praxis (toma eufemismo). Hemos escrito sobre la presencia de ciertas mafias, de empresas que tienen detrás a traficantes de armas y drogas internacionales y hemos hablado hasta la saciedad de la permisividad de ciertos locales de ocio con la droga. Y si las noticias y artículos (o incluso libros) que nosotros publicamos no fueran suficientes, los vecinos de las zonas más afectadas por unas u otras actividades y omisiones sospechosas han enviado cartas al director a los medios con las que al menos el director de Diario de Ibiza podría haberse empapelado ya el despacho, y también la antesala. ¿Es que nuestros fiscales no lo ven? ¿No leen los periódicos? ¿Dónde demonios viven?
En pleno parque natural de ses Salines, lo que antaño fueron chiringuitos llevan años funcionando sin licencia y llenando de ruido (me niego a llamar música a ciertas cosas) un área natural teóricamente protegida. Y ya me perdonarán la desconfianza, son muchos años puliéndola, pero ¿es que no lo han leído ni los jueces ni los fiscales o es que van de copas a esos establecimientos, como hacen nuestros políticos? Hay incontables obras a lo largo y ancho del territorio que están paradas, que igual no tenían licencia y cuya demolición debería ordenar el ayuntamiento al que corresponda. Pero, de repente, las veremos acabadas y legalizadas y aquí no habrá pasado nada, porque en Ibiza no hay Justicia que nos defienda de la corrupción. Si aquí algunos hicieran su trabajo, quizás no se nos amontonarían ilegalidades en casos como el de la operación Pitiusa y no se nos morirían los corruptos (presuntos, perdón) sin llegar a ser juzgados.
Hay locales con licencia de cafetería funcionando como discotecas año tras año con la tolerancia de ayuntamientos, aparcamientos construidos en áreas naturales de especial interés, fondeos continuos sobre posidonia (supuestamente protegida) y tramos de costa privatizados. Todo ello se ha publicado. Y podemos hablar de drogas, de todos los turistas que devolvemos muertos sin que haya responsables por ello, aunque mueran en las discotecas o en los pubs. Si hubiera fiscales y jueces más aguerridos habría incluso posibilidades de juzgar y condenar a los responsables civiles subsidiarios. No soy una revolucionaria; en otros lugares simplemente se cierran locales. Cómo es posible que hasta el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías se haya enterado de lo que pasa en la isla y nos haya acusado de promover el uso de drogas y de prácticamente iniciar en el consumo, con nuestra promoción turística irresponsable, a miles de jóvenes que cada año visitan la isla, y que los fiscales de Ibiza no se enteren de nada.
Por no hablar, y de ello sólo daré una pincelada, de la desenvoltura con la que se llegan a acuerdos para evitar juicios. ¿Cómo explicamos a los pequeños empresarios del comercio que delincuentes para los que inicialmente piden cuatro años de cárcel por apropiación indebida y hurto continuado acaben largándose con penas de seis meses, que, por supuesto no cumplirán? ¿No conocen los fiscales el gran problema que tienen los comerciantes de Ibiza con los hurtos, que los ladrones se ríen de los dependientes porque saben que la Justicia no les hará nada y que los policías, desesperados ya, optan por culpar sin reparo (y con razón) a la Justicia, a un sistema judicial que no hace su trabajo? Policías y guardias civiles critican falta de apoyo por parte de la Fiscalía y hay abogados que están encantados, y eso es antinatural.
No se puede alegar desconocimiento. Nadie puede decir que desconoce lo que está pasando en esta isla desamparada. La Justicia que no actúa es cómplice también. Todos los que callan, que no denuncian, que bajan la cabeza, que no hacen su trabajo son cómplices, aunque unos tienen mayor grado de responsabilidad que otros. Y quizás haya algún fiscal que trabaja y realmente no le da la vida, y, si es así, que me perdone la generalización, pero creo que nunca antes había habido tantos fiscales en la isla y nunca antes se había notado tan poco su existencia. Lo siento, o no, pero ya era hora de que alguien lo dijera.

Publicado en Diario de Ibiza

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A todos los que trabajáis gratis

batmanEl trabajo no se hace gratis. Es básico. Y doy por hecho que todos cuantos lean este inicio de artículo estarán de acuerdo conmigo y seguro que muchos han secundado la campaña ‘No regales tu trabajo’. Sin embargo, es curioso ver cómo las mismas personas que critican en las redes sociales esos anuncios en los que se ofrecen trabajos en prácticas sin remuneración o cuelgan los carteles de ‘No cobro por lo que hago, cobro por lo que sé’, sean los mismos que luego no tienen reparos en regalar fotos a los medios de comunicación (o similares) sólo por verlas publicadas. O los mismos que escriben pseudoreportajes gratis para esos mismos periódicos. Cómo si esto no fueran trabajos.
A un amigo mío, los responsables de una revista le pidieron una foto suya de no sé qué rincón de la isla para una portada. Y él, encantado de que les hubiera gustado su foto, hasta les dio las gracias. Por supuesto, no se la pagaron, porque ya era suficiente pago que él, que es aficionado a la fotografía pero no se dedica a ello profesionalmente ni de lejos, viera publicada su foto. Y tal vez crea que su imagen es magnífica, pero es que ni siquiera es esa la cuestión; la cuestión es que a la revista le salió gratis. Y, lo peor, es que un fotógrafo profesional, alguno que se dedique al fotoperiodismo, básicamente, perdió un trabajo. Es decir, a mí el intrusismo ya me parece mal, pero que encima no la cobre ya es imperdonable.
A ti, que igual eres abogado, ¿qué te parecería si llegara el dueño del despacho para el que trabajas y te dijera que puede prescindir de tus servicios porque tiene a un altruista que no quiere cobrar, que le sobra el dinero y lo que quiere es aprender? A ti, dependiente de la perfumería, ¿qué tal si llega alguien que trabaja sólo por amor al arte perfumero a quitarte el sitio? Tú, qué vives de diseñar campañas, a ser posible de las instituciones, que pagan más, ¿qué te parece si les hago yo alguna gratis, que me hace ilusión y me lo puedo permitir? Con toda seguridad, muchos montaríais un escándalo. Por lo menos en facebook, que es donde la mayoría cree que es suficiente lamentarse de las injusticias. Y si entendéis esto, no sé por qué no entendéis entonces que si regaláis vuestras fotos o textos a los periódicos estáis haciendo exactamente eso mismo.
Y, por puntualizar y para entendernos, una cosa es mandar una carta o una foto de denuncia, que los medios no deben pagar, y otra distinta pretender hacer el trabajo de los profesionales. Tampoco es lo mismo hacer algún trabajito esporádico para algún amigo, entendámonos.
Luego ya podríamos entrar en el tema de la calidad, pero esa es otra cuestión. Si la mitad de los medios publica páginas a jubilados aburridos, a blogeros modernetes que sueltan rollos cursis sobre qué bonito es visitar Atlantis y a pseudoinvestigadores que se dedican a ‘refritar’ lo que sale en cualquier blog sobre la diosa Tánit, luego no os quejéis de que el periodismo baja de calidad. ¿No será que a cualquier cosa lo llamáis periodismo? Al final, como dice el periodista Paul Steiger, de la agencia ProPublica, “si quieres calidad, hay que pagar por ella”.

(no sé quién hizo el meme de Batman y Robin con el que he ilustrado el artículo, porque lleva mucho circulando por la red y no he podido seguir la pista, pero si alguien lo sabe, que le dé las gracias de mi parte)

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