La verdad sobre el turismo de lujo

guns to townHace un par de años tuve que colaborar en una investigación en la que estaba implicada una pobre desgraciada que decía ser de un país como muy al este del Edén, que ejercía la prostitución en Eivissa y que había decidido aportar información sustanciosa de unos tipos muy malos y muy habituales por la isla, con base en el vip de uno de esos locales en los que algunos os hacéis fotos para fardar en facebook de que gastáis dinero como si no os costara ganarlo. Y ella, resumiendo mucho, decidió hablar después de que un cliente le diera una paliza, porque, de hecho, le pagaba por poder hacerlo, y de que los encargados del local en el que ejercía dos oficios (uno reconocido y otro no) la obligaran a callar. La prostitución va de esto, que nadie se engañe; es cuestión de humillación y lo que pone es pagar por mandar sobre alguien, el resto es cuento chino para que todos os sintáis mejor.
Al cabo de un tiempo, la mujer desapareció del mapa. Sin haber declarado. Nunca más se ha sabido de ella. Las personas de su entorno no son capaces ni de asegurar si ha regresado, simplemente, a ese país del que se decía originaria. Lo dudan, claro, porque a ella, que ya tenía la cara marcada por una agresión anterior, le había costado mucho tomar la decisión de declarar. Yo también dudo que se fuera, después de todo. Y lo dudan otros investigadores que participaron en el caso, no es que yo sea así de pesimista. Creemos que está muerta. O, como mínimo, deportada a rastras para que no hable. Porque en esta isla sin control y sin moral pasan cosas que nadie quiere oír que pasan. Pero pasan. Y no se trata de una prostituta de un sórdido y sucio local de ses Figueretes, no lo uséis de coartada, sino de una mujer que trabajaba en uno de esos lugares de postín en los que veis a los políticos de siempre dejándose invitar a copas, esos locales que trasladan a las mujeres en furgonetas Mercedes negras y cuyos propietarios son recibidos en los despachos de los políticos o se les dan premios o tienen su corte de lacayos besándoles los pies porque dan trabajo y hacen regalos, como Pablo Escobar. Lo habréis visto en alguna película. Y pasa muy cerca de vosotros, claro que pasa. Pero no queréis oírlo. Quienes van (o quienes vais) a esos locales entran en el juego y se convierten así en cómplices o intentan cerrar los ojos a lo que sucede a su alrededor, a la utilización de mujeres como ganado y a la cocaína que circula, a los grandes traficantes que hacen negocios en sus reservados y al dinero negro que cada noche se lava en sus mesas.
Ella es probable que esté muerta. Da igual. Esto es Eivissa. Esto es Ibiza. ¿Os suena el repugnante mantra? Porque ni Eivissa ni Mallorca son, como alguien dijo un día, Sicilia sin muertos. Claro que hay muertos. Yo me he pasado veranos en la sección de sucesos de Diario de Ibiza sumando muertos. Y luego están los muertos que nunca aparecerán. Y los crímenes sin resolver que también podríamos atribuir a las formas que ha adoptado el turismo en la isla por culpa de todos los depredadores que han querido convertirla en su parque temático, en su basurero particular. Y con lo de las formas me refiero tanto al turismo de borrachera como a eso que llaman turismo de lujo, porque las dos cosas no son tan diferentes como algunos os quieren hacer creer; los dos modos se retroalimentan, pagan a los mismo gángsteres y tienen su origen en los mismo errores.
El turismo de lujo es un traficante de drogas que amarra su yate en el club náutico de Sant Antoni mientras el barco de un pescador ibicenco queda relegado a un pantalán de tercera. El turista de lujo es un traficante de armas que pide que le lleven cocaína a su barco amarrado en el puerto de Vila, ese que nos están robando con tácticas mafiosas. Es un jeque que pide mujeres a las que poder humillar y pegar y que se ríe de la posidonia, de los ibicencos y de esos políticos que tenemos que tan barato firman sus pactos con el diablo. El turismo de lujo es una prostituta desaparecida, tal vez muerta y enterrada, para que no hable. El turismo de lujo es dinero negro lavado a paladas en todos esos locales que algunos promocionáis como si ‘la familia’ fuera la vuestra. ¿No os habéis preguntado cómo es posible que exista una ley por la que no se puede abonar en efectivo algo que vale más de 2.500 euros y en Eivissa veamos pagar en billetes cuentas que superan con creces esa cantidad? Eso es el turismo de lujo, el que compra periodistas, policías y políticos para que no hagan su trabajo, para que se asen en el infierno mientras nos explican las bondades de sus marmitas calientes. Y si todo esto no os da asco, sois parte del problema.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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