Se mantiene la acusación por la agresión a uno de los acusados del robo a Matutes

thumbEl propietario de un bar de Sant Antoni aficionado al boxeo y un portero de discoteca rumano que ha trabajado en el local del primero. Los dos con antecedentes policiales por tráfico de drogas y el último también por comprar y vender móviles robados. Estos son los dos hombres detenidos y acusados de la agresión sufrida en su casa, en Sant Llorenç, por uno de los dos policías hoy retirados del servicio que están encausados, a su vez, por el millonario robo en la sede del Grupo Matutes.
La agresión se produjo el 18 de noviembre de 2013, hacia las 21.20, cuando dos hombres, uno encapuchado y el otro a cara descubierta, entraron en la finca de José Joaquín Fernández y, al oír éste cómo ladraban los perros y observar dos sombras por la ventana, fue a encontrarse con ellos. Lo amenazaron, lo agredieron e intentaron sonsacarle dónde se encontraba el resto del dinero que se suponía que faltaba por recuperar del robo en la sede de Empresas Matutes, perpetrado menos de un mes antes, en la noche del 25 al 26 de octubre.
A pesar de que la titular del juzgado número 1, que instruye la causa, tiene reservas sobre la forma en la que fueron identificados los dos sospechosos, más de un año después del suceso (el 18 de noviembre de 2013) se mantiene la imputación sobre ellos, que se encuentran en libertad provisional a la espera de juicio y que han negado su relación con los hechos. “Me han confundido con alguien”, declaró uno de ellos en el juzgado tras ser detenido. El grupo de Asuntos Internos que porta el caso, por su parte, da por concluidas las investigaciones, aunque aún se está a la espera de posibles nuevas pruebas científicas sobre los objetos (bridas, un billete de 10 euros, un paquete de Marlboro y dos linternas) recogidos en el lugar de los hechos.
OLYMPUS DIGITAL CAMERALa única prueba que apunta hacia la autoría de los dos hombres imputados es la identificación que, por medio de fotografías, hicieron las dos víctimas de la agresión, José Joaquín Fernández y su esposa. A ello se suman un par de indicios destacados en sus informes por el grupo IV de la Unidad de Asuntos Internos. En oficio remitido al juzgado el 16 de enero de 2014 puede leerse que, tras la detención del primer sospechoso de la agresión (el empresario de Sant Antoni), los funcionarios que se encontraban en las inmediaciones del domicilio del segundo sospechoso, dispuestos a detenerlo, observaron como la mujer del primero, en el coche de su marido, “se dirigía al mismo, si bien ésta se percató de la presencia policial y abandonó el lugar”. Se preguntan los investigadores por qué, al ser detenido su marido, “y desconociendo supuestamente las circunstancias concretas de la detención, al primer lugar que acude” es a casa del segundo hombre identificado por las víctimas mediante fotografías. El segundo indicio apuntado por los investigadores es que en las intervenciones telefónicas y mediante las vigilancias llevadas a cabo “queda patente que ambos mantienen una estrecha relación” (según puede leerse en las diligencias ampliatorias 68/14), a pesar de que ellos han negado tal extremo. El propietario del bar afirma en su declaración que el ciudadano trabajó para él “ejerciendo labores de seguridad como controlador de accesos” pero que se ven “esporádicamente”. El rumano, por su parte, asegura que no tienen relación y que se han encontrado tres o cuatro veces en tres meses.
Las hipótesis de trabajo de este caso son resumidas así por Asuntos Internos en un oficio de noviembre de 2013: La agresión se cometió “bien por otras personas que fueron partícipes junto a estos policías en el robo y quisieran conseguir su parte del botín, bien por alguien del entorno de Abel Matutes que hubiera enviado a estas personas para recuperar por cualquier medio la totalidad del dinero que le sustrajeron o bien por delincuentes comunes que al enterarse del robo quisieran conseguir el dinero que le faltase por recuperar, en caso de que la hubiera”. Hay que tener en cuenta que de las declaraciones de la víctima de la agresión se infiere que los dos agresores conocían datos que no habían sido publicados y que, por tanto, la opinión pública desconocía. Uno de ellos es que los dos agresores le dijeron que sabían que Rafael Rodríguez (el policía que se confesó autor del robo) se había ido a vivir a Portinatx, algo que al parecer José Joaquín también desconocía y que los agentes comprobaron. Tampoco era de conocimiento general el lugar en el que José Joaquín vivía.
OLYMPUS DIGITAL CAMERAAdemás, se señala en ese informe que “resulta significativo el hecho de que los asaltantes refieran que son enviados por Abel Matutes para recuperar el dinero sustraído”. Sin embargo, ni Matutes ni nadie de su entorno han sido citados a declarar. En vista de ello, el abogado que representa a las víctimas lo ha solicitado (en escrito fechado el pasado 25 de febrero) y se está a la espera de que la juez decida la conveniencia de tal medio de prueba.
Según las declaraciones de José Joaquín, los dos hombres que entraron en su finca le dijeron inicialmente que eran guardias civiles y que lo iban a detener. Consiguieron ponerle una brida, pero cuando él, extrañado, les pidió su identificación, rectificaron y uno de ellos, el que era español, le dijo “he trabajado para el GRECO en Madrid y estoy aquí para recuperar el dinero de don Abel Matutes. Nos ha enviado a por ti y no nos vamos a ir de aquí sin él” (El GRECO es un grupo especial contra el crimen organizado perteneciente al Cuerpo Nacional de Policía). Los dos hombres iban armados con lo que, según el testigo, podrían ser una pistola HK auténtica y un subfusil de asalto cuya autenticidad no puede asegurar. José Joaquín fue repetidamente golpeado, forcejeó, consiguió zafarse y salió corriendo, intentando alejar a los hombres de la casa, en la que había dos miembros de su familia. Los agresores, que también le dijeron que sabían que su esposa estaba en la casa y que iban a ir a por ella, lo alcanzaron, lo tiraron al suelo y le ataron pies y manos con sendas bridas. En ese momento, la mujer llegaba corriendo al lugar y el hombre que iba encapuchado, “el que hablaba con acento rumano”, fue a por ella diciéndole que estaba detenida.
José Joaquín consiguió desatarse, dando inicio a un nuevo forcejeo y recibiendo numerosos golpes en la cara por ello, mientras los dos hombres le decían, según la declaración: “Sabemos que hay una huella tuya en la caja, sabemos que has robado cuatro millones de euros y te vamos a torturar hasta que nos digas lo que queremos saber”. También amenazaron con cortarle los dedos. En el momento en el que el rumano volvió junto a su cómplice para centrarse en Joaquín, ella logró salir corriendo en busca de ayuda.
Fue entonces cuando dijeron a José Joaquín, tras nuevos golpes, “vamos a volver a por ti y a por Rafa, que sabemos que vive en Portinatx”. Los dos hombres, finalmente, salieron huyendo. Según los cálculos de las víctimas, la agresión duró unos ocho minutos.
Aquella noche de noviembre llovió copiosamente, y llovía cuando la Guardia Civil inspeccionaba el lugar, por lo que la posibilidad de encontrar rastros útiles en las bridas y las linternas intervenidas se vieron muy reducidas. Posteriormente, al reconstruir la agresión, ya de día y sin lluvia, se halló, en un charco, una navaja, aquella con la que presumiblemente amenazaron a José Joaquín con cortarle los dedos.
Respecto a la identificación posterior de los sospechosos, la Policía mostró a las dos víctimas las reseñas de diversos hombres con antecedentes, entre ellos algunos que han trabajado como seguridad en diversas discotecas. Aunque inicialmente aseguraron no reconocer a ninguno, José Joaquín siguió la pista de las personas relacionadas con discotecas y bares y realizó una búsqueda por internet de personas que ya conocía y otras con las que pudieran relacionarse, hasta dar así con un hombre español al que identificó como el agresor que había actuado a cara descubierta. La víctima imprimió la fotografía y la llevó a la Guardia Civil, que consideraba que todavía era el Cuerpo encargado de la investigación. A partir de ahí los agentes de Sant Antoni localizaron al segundo sospechoso, del que José Joaquín y su esposa reconocieron únicamente los ojos y las cejas en las fotografías que les mostraron (el segundo sospechoso iba encapuchado). Los agentes, para formalizar la identificación, mostraron a los denunciantes una serie de imágenes, no sólo de los dos sospechosos.
Sus teléfonos fueron intervenidos y, finalmente, el 11 de enero de 2014, fueron detenidos por amenazas, lesiones y detención ilegal en grado de tentativa. La juez, a pesar de calificar de “altamente irregular” el reconocimiento fotográfico que, entonces y ahora, se constituía en la prueba principal del caso, autorizó la extracción de muestras de ADN de los sospechosos (el detenido rumano se había negado) por si podían compararse con alguna prueba y ha mantenido, de momento, la imputación.

Publicado en Diario de Ibiza:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2015/04/07/siguen-imputados-sospechosos-dar-paliza/759878.html

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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