Un policía muerto en la conciencia

untitledTengo, tanto en twitter como en facebook, a un montón de esas personas concienciadas con todo aquello con lo que quede políticamente correcto concienciarse, que se posicionan siempre (y digo siempre) con los trabajadores que se manifiestan, con los que pierden el trabajo, con las víctimas de la violencia en el fútbol, con los que detienen en las manifestaciones, con los enfermos que no tienen todas las medicinas que deberían tener, con los que desahucian sea por lo que sea, con los que emigran, con los que no tienen papeles y hasta con los que se quedan encerrados en los ascensores. Pobres.

Pero, espera, de repente, la víctima es un policía. Ha muerto un policía y lo ha matado un inmigrante lanzándolo a las vías del tren. De pronto, hay que enfrentarse al caso paradigmático en el que van a confluir todos los elementos precisos para poner en un brete nuestra conciencia, nuestra educación, nuestras fobias, nuestra sensibilidad y hasta nuestra ideología. Un inmigrante sin papeles ha empujado a las vías del tren a un policía que se disponía a identificarle. El policía -se llamaba Francisco Javier Ortega- ha muerto. El inmigrante, arrastrado hasta las mismas vías durante el forcejeo, sigue vivo.

Pues bien, puestos en tal tesitura resulta que no veo a ninguno de los probos y habituales abanderados de la conciencia social condenar el crimen. No pueden. No les sale del alma. Porque resulta que el que está muerto es un policía y el agresor es un inmigrante sin papeles. ¿Qué pasa? ¿Cuál es el problema, que no se puede ser de izquierdas y ponerse, al menos por una vez, de parte de la Policía? ¿Es que los policías también son casta? ¿O bien es que no se puede ser de izquierdas y ponerse en contra de un inmigrante ilegal bajo ningún concepto? A la hora de la verdad, estas personas siempre tan concienciadas, tan íntegras y tan emotivas tienen prejuicios, como todo el mundo, y arrastran conciencias de mierda aunque se pasen los puñeteros días haciéndonos creer que quieren un mundo mejor, más humano y en el que las gentes de bien puedan vivir en paz.

Yo lo explico a mi modo, pero ha circulado por twitter otro resumen de la cuestión mucho más conciso y tal vez brutal que venía a decir que menos mal que el muerto es el policía, porque si hubiera sido el inmigrante estaríamos semanas hablando de brutalidad policial y todas las ongs y partidos políticos pedirían abrir investigaciones contra la Policía. Es en clave irónica, pero es muy probable que sea tan real como hoy lo es que el muerto es Francisco Javier Ortega, que estaba haciendo su trabajo y que con ese trabajo contribuía a hacer un mundo más seguro para todos. Porque eso sí es contribuir a hacer un mundo mejor, y no ponerse sensiblero, en twitter o en facebook, con todas las causas solidarias del universo.

El colmo ya de la inmoralidad ha llegado con un tuit de una cuenta atribuida a un círculo del partido Podemos en el que se afirma, sin pudor, que lo ocurrido en las vías del tren “es otra consecuencia de la brutal represión policial hacia la inmigración subsahariana”. Y, desde luego, en cualquier partido puede haber un gilipollas, o más, y a las pruebas me remito, pero es que resulta que más de 600 personas, hemos de suponer que muchas afines al partido en cuestión, han retuiteado la salvajada, incluidas otras cuentas de otros círculos de Podemos. Cierto es que luego ha salido Íñigo Errejón a decir que eso “no es representativo de todo Podemos” (a Dios gracias) pero tampoco he visto que condenara la muerte del policía en acto de servicio. No he visto a los predicadores de todas las causas de la fraternidad reprobar la muerte de Francisco Javier Ortega, un policía, un trabajador, un hombre. No les sale del alma. Al final, resulta que es verdad, no es lo mismo que muera un policía a que muera un inmigrante.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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