Plata o plomo

DSC_6261Año 1989. Colombia está prácticamente en guerra; si esto no es una guerra, podría ser un buen comienzo. Los extraditables, traficantes que pueden ser extraditados si son detenidos, han amenazado con matar a diez jueces por cada arrestado que sea entregado a la Justicia estadounidense. Y morir matando. Si hace falta. Su lema se reduce a “es mejor una tumba en Colombia que una cárcel en los Estados Unidos”. Con los extraditables nace el narcoterrorismo.

La televisión israelí ha mostrado imágenes que indican que oficiales israelíes en la reserva entrenan a sicarios de los clanes colombianos. Estados Unidos, por su parte, ha ratificado su disposición a ayudar al gobierno de Virgilio Barco en su lucha contra el narcotráfico y anuncia que enviará helicópteros y soldados al país, aunque no todos los colombianos parecen contentos por ello. El escritor Gabriel García Márquez, por ejemplo, teme que la injerencia americana, ofrecida en concepto de cooperación, implique entregar la soberanía a un Estado extranjero, según informa la agencia Efe el 26 de agosto de 1989, y según recogen diversos medios, incluido el diario La Prensa de Ibiza.

El 18 de agosto, tras el asesinato del senador y candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, el presidente declara lo que denomina “guerra total” contra los narcotraficantes. Y desde entonces hasta el hallazgo de los cadáveres de la familia asesinada por el cartel en Benimussa, el día 26, el Gobierno colombiano confisca a los narcos más de 160 propiedades, e incluso, además de los acostumbrados yates y coches, un centenar de aviones y una veintena de helicópteros. Es en esos momentos cuando se empieza a descubrir el nivel de ostentación hortera en el que viven los capos de la droga, esos capos que se hacen cubrir de oro sus pistolas favoritas o que compran animales salvajes para sus zoológicos privados.

El 29 de agosto, Virgilio Barco y su ministra de Justicia, en rueda de prensa desde Washington, hacen un llamamiento a la comunidad internacional para que colabore con Colombia en la lucha contra el narcotráfico. Los más buscados son Pablo Escobar, los hermanos Jorge Luis, Juan David y Fabio Ochoa, y Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano. Medellín es considerada la ciudad más violenta del planeta.

A finales de los 80, el narcotráfico en Colombia ha conseguido ya transformar la actividad económica de extensas regiones del país, convirtiéndolas en zonas de cultivo ilegal. Y ha alcanzado el nivel que define a la mafia, que distingue la simple delincuencia del crimen organizado. El cartel se ha establecido en todas las estructuras del país, incluido el poder político y el judicial. Ha financiado campañas políticas y ha sobornado a jueces y funcionarios. La droga genera empleo, paga favores y compra silencios. Y si en Colombia, como en ningún otro lugar del mundo, el narcotráfico ha ido unido a elevados niveles de violencia y de corrupción ha sido por un factor muy simple. Y es que los narcos de Medellín no dan muchas opciones: o estás con ellos o contra ellos, o te dejas sobornar o mueres. Los traficantes sólo ofrecen plata o plomo.

Plata o plomo.

Plata u hormigón.

Extracto del libro ‘El crimen de Benimussa’, del que puedes encontrar más información en el siguiente enlace:

https://territoriocat.wordpress.com/2014/08/24/el-hombre-de-paja-el-crimen-de-benimussa/

Puedes encontrarlo en librerías y en la librería digital especializada en género negro Somnegra

http://somnegra.com/es/investigacion/1442-el-hombre-de-paja-el-crimen-de-benimussa-cristina-amanda-tur.html

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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