Así se desvalijó a Matutes

DSCN3656Los cambios en las declaraciones del principal acusado del robo en Empresas Matutes complican un caso ya de por sí enrevesado. Si bien ahora, menos colaborador, niega incluso haber trabajado como vigilante en la empresa, lo cierto es que en sus dos primeras declaraciones en la comisaría, el día 31 de octubre de 2013 y el día siguiente, Rafael Rodríguez explicó con sumo detalle cómo se produjo el delito y cómo consiguió las herramientas para hacerlo. Aunque en la primera versión aseguró que lo hizo coaccionado por dos maleantes que amenazaban a sus hijos, en la ampliatoria del día 1 se retracta y, afirmando que lo hizo él solo, exculpa a los dos delincuentes habituales a los que había señalado directamente, aprovechando que los conocía por su trabajo como policía.

Sin embargo, a pesar de esta autoinculpación inicial, el juez instructor, José Espinosa, solicitó este verano a la defensa de Rafael que aportara a la causa el soplete que se usó para abrir la caja fuerte en la que se encontraba el dinero y Rafael Rodríguez le ha hecho saber, a través de procuradora y mediante escrito del pasado 29 de julio, que “no dispone ni ha dispuesto nunca del citado soplete ni sabe nada del mismo”. Y ésta es la última referencia sobre la versión que ahora mismo mantiene el acusado, aunque en las primeras declaraciones, tras ser detenido, especificó también que tiró las herramientas usadas a un contenedor de basura en la carretera de Sant Joan.

A pesar de su nueva estrategia de defensa, la versión que los policías que investigaron el caso dan parcialmente por buena, que casa con las pruebas obtenidas y en la que se basa buena parte de la investigación, es la que recoge la segunda declaración en la comisaría, muy detallada y ratificada en el juzgado un día después, en la que cuenta dónde está parte del botín y explica que el soplete lo encargó por internet. En la declaración puede leerse que, al preguntarle cómo había conseguido la botella de acetileno oxígeno y el soplete para reventar la caja fuerte, el detenido “responde que lo adquirió en una página de internet, que llamó a una persona que se llama Alejandro, pudiendo facilitar el número de teléfono, que lo recibió por correos en las empresas Matutes, que no recuerda la fecha. Que pagó unos doscientos cincuenta euros (250) y cree recordar que fue en el mes de agosto”, es decir, dos meses antes del robo. Eran dos botellas de unos 25 kilos cada una.

La noche del 25 de octubre de 2013 se comete el robo. La sucesión de hechos narrados se inicia sobre las 21:15 horas y dura hasta las 2:30 de la madrugada, hora en la que Rafael baja a la recepción y conecta las cámaras y la alarma que había desconectado anteriormente. Es decir más de cinco horas que se inician cuando, después de una ronda normal de vigilancia, accede a la segunda planta y y anula una alarma volumétrica “con un folio transparente, que asimismo había una cámara con el objetivo dañado y que grababa con imagen borrosa y difuminada con ninguna posibilidad de reconocimiento”.

Accede de la segunda a la tercera planta, donde anteriormente había dejado una ventana abierta, a través del patio interior y, con una cuerda, también atada previamente, iza las herramientas para forzar la caja. Luego, agachado por el pasillo, “para no ser detectado por una cámara que se encuentra en la esquina del pasillo, enfrente de la cámara hay un sensor volumétrico que no te detecta agachado”, llega hasta un cuarto en el que hay dos cajas de seguridad.

A las diez de la noche empieza “a cortar la caja”. Y siempre según la versión de la declaración del día 1 de noviembre, “paró un par de veces porque hacía mucho calor e inhalaba humos y se veía obligado cada poco a parar, abrir la puerta y dejar un periodo de tiempo para descongestionar el ambiente”.

A las 12:30 sigue cortando y salta la alarma antiincendios. Rafael baja a la segunda planta por el mismo sitio por donde antes ha llegado; por la ventana y el patio interior, ayudado por la cuerda con la que izó las botellas de oxígeno-acetileno, y llega por la escalera a la recepción para atender la llamada de la empresa de seguridad. Esa llamada le advierte de que ha saltado la alarma de la segunda planta, que vaya a revisarlo y que volverán a llamarle en diez minutos, así que Rafael tiene que volver a hacer el mismo recorrido, quitar el chivato acústico de la alarma y estar de nuevo en recepción diez minutos después para decirle al responsable de la empresa de seguridad que “no pasaba nada”.

Y continúa la sucesión de hechos. Se dirige al cuadro de luces buscando cómo desactivar la alarma antifuego y “sin querer desconecta las cámaras de seguridad, que posiblemente toca algún otro botón y posteriormente en el cuarto de al lado desconecta el cable de la batería de la alarma de incendio”.

Regresa a la tercera planta y sigue cortando la caja. Logra abrirla por fin, coge el dinero, lo mete en una maleta y lo baja a su domicilio (como parte de su pago como vigilante de seguridad, trabajo que ejerce irregularmente, ya que es policía nacional, dispone de una vivienda que comunica con la primera planta de las oficinas). Deja cierta cantidad en la caja “ya que aprecia que hay dinero con quemaduras” y abre algunas ventanas del edificio para airearlo”. Realiza sus “rondas normales por todas las plantas”, conecta otra vez las alarmas y ya no las desconecta hasta las siete de la mañana, la hora en la que entra el hombre que lleva a empresas Matutes sus relaciones con la prensa. A las 7:45 otro vigilante de seguridad le hace el relevo.

Toda esta declaración está realizada después de que el policía instructor de las diligencias pidiera a Rafael que relatara los hechos de manera general, sin que conste que fuera interrumpido en ningún momento para concretar cuestiones como el teléfono del tal Alejandro que le vendió el soplete ni el contenedor concreto al que éste fue lanzado tras el robo.

Asimismo, en la testifical se desdice de la primera versión, en la que decía que había ejecutado el delito porque dos delincuentes habituales lo habían abordado en el paseo de Vara de Rey y habían amenazado a sus hijos. Añade “que está muy arrepentido de haber involucrado a personas que nada tienen que ver”. En esta declaración por otra parte, manifiesta ser el “único autor de los hechos acontecidos”, pero al mismo tiempo implica ya al segundo policía acusado del robo, José Joaquín Fernández. Rafael afirma que José Joaquín guarda 800.000 euros del botín, y explica que “le pide como favor a su amigo que le guarde la maleta y que no sea curioso, que no curiosee en la bolsa porque son recuerdos de familia”. El dinero, asegura Rafael, fue sacado de Empresas Matutes ya en la mañana del día 26.

En la declaración judicial en la que ratifica estas declaraciones, señala que “estaba pasando momentos muy malos y se le fue la cabeza, que está arrepentido y avergonzado” y que José Joaquín no conocía el origen del dinero.

Por estas primeras declaraciones del principal acusado se llegó a recuperar buena parte del botín, ya que el propio Rafael dijo dónde se encontraba. Además, durante la inspección ocular se hallaron rastros de ADN junto a la caja y huellas en el detector de humos que también lo implican directamente en el delito. Posteriormente, ya el 11 de diciembre y en sede judicial, añadió que no tenía más dinero escondido y que, aunque le habían pillado intentando viajar a Barcelona estando en libertad con cargos, no pretendía huir del país. Y, sin embargo, a pesar de todas las declaraciones iniciales, y de los resultados obtenidos a partir de ellas, el acusado, en una declaración manuscrita remitida a Asuntos Internos en enero con motivo del expediente sancionador por estar realizando actividades laborales extra profesionales, Rafael niega haber trabajado de seguridad en Empresas Matutes, afirma que la que trabajaba allí era su esposa, y que se autoinculpó de todo porque dos inspectores amenazaron con detenerla a ella y “tenían más interés en las amenazas que vertían a mi persona que del hecho de las varias denuncias por cantidades diferentes que las empresas Matutes estaban haciendo en la comisaría”. En febrero, Asuntos Internos entrega este manuscrito al juzgado y, aunque no consta una nueva declaración judicial que contradiga la anterior y explique hasta dónde se retracta de lo anteriormente dicho, el hecho de que ahora asegure no saber nada del soplete con el que se cometió el robo revela un cambio de estrategia.

Publicado en Diario de Ibiza el 7 de diciembre de 2014:

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2014/12/16/robo-grupo-matutes/738605.html

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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