Depredadores de Ibiza

ibiza-mediterranean[1]Sólo nos faltaba el Grand Prix para acabar un verano lleno de horteras. Para quien aún no lo sepa, se trata de un campeonato de lanchas rápidas, como una carrera de Fórmula 1 en el mar, que se va a celebrar en Platja d’en Bossa, y rayando la reserva de es Freus, por lo que el Consell de Formentera ya ha mostrado su preocupación por el impacto medioambiental negativo que tendrá esta competición.

Y, a ver, no me parece ni mal ni bien, en principio, que haya gente a la que le guste esta cosa de la Fórmula 1, pero todo en la vida tiene un precio y el riesgo que supone ya no parece asumible para una isla destrozada, un verano más, por desgraciados que echan sus anclas sobre la Posidonia, malnacidos que echan su basura en cualquier sitio y chusma diversa que deja en muy mal lugar a todo aquel que tiene dinero, porque ya tendemos a equiparar tener pasta con ser un grandísimo hortera petulante sin educación ni principios más allá de aquel que les permita compensar pichas cortas con descapotables y cerebros licuados con morros de silicona, todo ello acompañado con botellas de bebida de muchos miles de euros. Y tener dinero no es eso, no, pero el rico medio que viene a la isla es, desde luego, exactamente así, una caricatura obscena del ser humano; casi peor (o mucho peor, quizás) que los borrachos ingleses que los hoteleros nos traen a Sant Antoni (al menos los borrachos ingleses parecen más humanos y no alquilan barcos para destrozarnos nuestros fondos marinos).

Y es que hoy, en realidad, yo quería hablar del caballito de mar que he visto esta semana, pero esto es lo que hay… Y, ¿sabéis?, al verlo, lo primero que pensé fue que si todavía podíamos ver caballitos de mar en nuestras aguas, quizás no estaba todo perdido. Pero regresas a tierra y te cuentan lo del Grand Prix y un par de cosas más que demuestran el poco respeto que tanto nuestros gobernantes como nuestros visitantes tienen por la isla, sus valores medioambientales y por los ibicencos y vuelves a desear que se vaya todo el mundo, que se acabe el verano y que dejen de destruir esta isla en la que los caballitos de mar, las tortugas marinas y los cetáceos, antaño abundantes, se han convertido en rarezas. ¿Sabéis que una de las causas del descenso de las poblaciones de tortugas y delfines es, directamente, la contaminación acústica? ¿que las tortugas caretas que haya por la zona cuando se celebre el Grand Prix huirán y probablemente no volverán a nuestras costas? ¿De verdad hay idiotas que prefieren perder eso por ver unas cuantas lanchas haciendo carreras?

Yo, desde luego, prefiero conservar el mar que seguir llenando la isla de chusma con dinero, sin principios y con la concienciación medioambiental de una grapadora, que es lo único que nos puede traer la promoción del Grand Prix. Y de eso nos sobra; de tales especímenes he visto a centenares este verano, pero caballito de mar sólo he visto uno.

Porque, además, la argumentación puede llegar mucho más lejos. Y no entender hoy que la vida es una cadena, que su equilibrio es fragil, y que a todos nos pasará factura la vida marina que echamos a perder es ser un auténtico ignorante, un idiota de campeonato. Nos venden que las marcas, todas esas empresas que montan sus festejos en la isla (como Heineken que nos robó una playa), nos hacen publicidad, como si nos hicieran un favor, pero en realidad es al revés; ellas se aprovechan del nombre de Ibiza dejándonos a cambio su basura y su aura hortera de nuevo rico que no se junta con la plebe, robándonos además nuestros espacios. Ibiza ya no necesita la promoción que le ofrecen esos depredadores que tratan la isla y a sus habitantes como Mussolini trató Etiopía cuando la invadió; es decir, con espíritu colonial.

Y los que vayáis a ver el Grand Prix deberías preguntaros, al menos y por un instante, cuánto de nuestro futuro podemos hipotecar sumando tres días de Fórmula 1 a este verano de masificación en el que vete a saber cuánta posidonia se ha destruido, y, también, si no resulta un poco hipócrita cerrar los ojos ante las posibles consecuencias de ciertas actividades, o minimizar sus efectos, y luego firmar contra los sondeos petrolíferos.

 

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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