El síndrome del Tío Gilito

gifs-animados-tio-gilito-128711[1]Doy por hecho que todos sabéis quién es el tío del Pato Donald, ese ánade con chistera que acumula sus riquezas en un gran edificio con el signo del dólar y cuyo mayor placer es nadar entre monedas de oro. El Tío Gilito representa como nada puede hacerlo la codicia de aquel que acumula dinero por el simple hecho de acumularlo. Y es él quien pasa por mi cabeza cuando leo ciertos casos de corrupción en los que se habla de cuentas millonarias, casi imposibles, en paraísos fiscales, y cuando se dan algunos datos de ciertas fortunas. Ya sé que muchos, a quien veis en esos momentos es al señor Burns de los Simpsons, que también encarna bastante bien al miserable acumulador de riquezas sin más fin que ese, pero yo es que he sido muy fan de Patomás.

El caso es que, dicho esto, y hablando de dinero, las cantidades que los Pujol tienen en cuentas en paraísos fiscales se me escapan. Decenas de cuentas bancarias y movimientos de más de 32 millones de euros. Y va sumando. Aparte de las preguntas evidentes, que son de dónde ha salido tanta pasta y por qué necesita estar en paraísos fiscales, yo también me pregunto quién diablos necesita atesorar tales cantidades. ¿Lo tendrán en doblones de oro en una caja fuerte y, de vez en cuando, irán allí a rebozarse de la pátina de la corrosión de las monedas?

Las cuentas de Bárcenas son otro buen ejemplo; más de 48 millones en bancos suizos. O es el síndrome del Tío Gilito o estaba ahorrando para comprarle la luna a su esposa en efectivo. Amasar fortunas en bancos por el simple afán de amasarlas tiene que ser, desde luego, algo patológico que los psiquiatras deben conocer. Y seguro que hay muchos defraudadores, estafadores y delincuentes varios a los que ha perdido esa acumulación excesiva y sin objeto, que si hubieran sabido parar a tiempo en su latrocinio no hubieran sido pillados…

En Ibiza también tenemos algún buen ejemplo de este afán por amasar, a costa de lo que sea y sin mayor fin que crecer por crecer, y estoy segura de que alguno ya lo ha pensado. Alguno ya sabrá de algún personaje que mientras atesora millonadas racanea unos euros a sus empleados. Por ejemplo. Y que cuando piensa en invertir su dinero lo hace en proyectos que, aunque no le hagan falta alguna, puedan crear conflicto con las intenciones de una parte de la sociedad de la isla de proteger lo que aún nos queda.

Y es que aquí, en esto último, hay otro punto que hace al Tío Gilito la encarnación precisa de estos personajes. No sé si los Pujol o nuestros ibicencos insignes bucean en una habitación llena de doblones de oro y que imita una enorme caja de caudales, no lo descarto en absoluto, pero tienen más cosas en común con el tío del pato Donald, características que parecen ir muy relacionadas con la avaricia y la codicia. Y es que, finalmente, estos personajes suelen convertirse en miserables que no saben dar un euro sin recibir nada a cambio y a los que avinagra saber que otros son felices con menos. Seres que, a pesar de sus millones, serán capaces de arrastrarse por los suelos para pugnar con un mendigo por una moneda sin dueño. Son de los que cuando cambian besos por euros a sus nietos procuran dárselos falsos. Los euros, quiero decir. Son aquellos que, cuando se dan cuenta de que sus millonadas no pueden comprar respeto y que sólo logran comprar almas de saldo, se convierten en cascarrabias. Quieren pensar que son dragones que guardan tesoros en cuevas, pero se parecen más al Tío Gilito y al señor Burns. Y nunca caen como dragones. Caen como simples mortales.

Y que nadie se equivoque, a mí me gusta el dinero. El dinero está muy bien, y ganarlo y tenerlo de una manera honesta te permite conservar el alma independiente y la almohada mullida, pero dejar que se te seque el corazón por tener más del que podrás gastar en tu vida es de gilipollas.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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