IBIZA NEGRA. Más allá del sol de agosto

foto_con_..Drogas. A ellas conducen casi todas las  investigaciones que se llevan a cabo en la isla de Ibiza. No es una característica exclusiva de la isla, desde luego, pero sí define mejor de lo que puede hacerlo en otros lugares su criminalidad específica, aquella que la vuelve negra a pesar de la luz mediterránea y que le valió el más que dudoso honor de ser citada en el informe anual del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías ya en 2006; Ibiza como ejemplo de la conexión entre el turismo de ambiente nocturno y la promoción del consumo de estupefacientes y psicotrópicos. De ello parece dar buena fe el número de turistas que cada año Ibiza devuelve en cajas a sus países de origen.

Dicho esto, sin embargo, que nadie se engañe sobre Ibiza. Hay que decirlo. Lo que muestran los medios sensacionalistas un verano tras otro es una tergiversación interesada de la realidad, como si sólo pudiéramos ver al hombre que vapuleaba a Tina Turner cuando escuchamos el piano de Ike Turner. Eso sí que sería un crimen. Y es que el todo es mucho más que la suma de sus partes.

Además, Ibiza-Eivissa existe más allá del sol de agosto y pervive en ella una delincuencia propia, autóctona, que recupera visibilidad cuando la temperatura desciende de los 20 grados. En verano, la delincuencia internacional que llega a la isla atraída por el alto nivel de trabajo que generan las discotecas y el turismo a ellas asociado actúa de pantalla para ocultar una criminalidad más local. Más humilde y menos políglota. Pero con objetivos similares y miserias semejantes. Y la droga es el nexo de continuidad entre la Ibiza del verano y la isla en el invierno, aquello que explica buena parte de su delincuencia específica, incluidos sus crímenes. La diferencia está en la cantidad y también en la calidad. No sólo de la droga, sino también de sus traficantes.

Ibiza, la capital no oficial de la isla, como toda ciudad, tiene su barrio bajo, su arrabal, aunque, visto desde fuera, no parezca muy amenazador. Es sa Penya, el barrio al que, al final, e inevitablemente, llegan muchas de las investigaciones policiales que se llevan a cabo en invierno y que mantiene su condición de gueto desde hace décadas, desde que la heroína llegó desde las mafias turcas y desde el sur de España a los clanes gitanos del barrio. Desde que la Policía detectó al primer ibicenco que se inyectaba heroína, en 1972, y desde la primera investigación en el barrio, que derivó en el decomiso de ocho gramos de heroína pura, en el año 1978. Con los años y el declive de la heroína, los traficantes diversificaron el mercado y también se hicieron clientes de los ‘narcos’ colombianos. No podía ser de otra manera.

Sa Penya es un antiguo barrio marinero entre las murallas renacentistas (el semibaluarte de Santa Llúcia, concretamente) y el puerto. La calle de la Virgen y Es Passadís hacen de cortafuegos y muestran fachadas remozadas y bares pintorescos, como un decorado de cartón piedra, pero tras ellas se esconde el submundo del gueto, aquel que ha sido un problema para todos los gobiernos que han pasado por el ayuntamiento y al que ninguno ha sabido dar solución. En la calle de la Virgen, recibe a los viandantes una talla de la Virgen María en una hornacina. Según la leyenda, la colocaron allí los tripulantes de un buque forastero que sobrevivieron a un temporal; hoy se santiguan frente a ella los traficantes de droga que ruegan por un próspero negocio y para que la Policía se mantenga alejada de sus callejones.

Y a sa Penya conduce asimismo el próximo crimen ibicenco que probablemente será juzgado en Balears. Es el caso de Carlos ‘el Colombiano’, de nombre real José Julián del Río Cardona, cuyo cadáver fue hallado en septiembre de 2010 en es Fornàs, con una puñalada en el pecho y señales de haber sido golpeado previamente. La investigación de su muerte, en un ajuste de cuentas con celos y cocaína en su origen, propició una gran operación antidroga en el barrio negro de la isla blanca. Curiosamente y para satisfacción de los criminólogos incondicionales a la genética, uno de los acusados es hijo de otro criminal autóctono que ya en 1995 fue condenado como inductor del asesinato de un taxista. Ibiza es una isla pequeña.

Ibiza es también una ciudad pequeña, de 50.000 habitantes. Y la mayor parte de sus delincuentes autóctonos aún lo son a la vieja usanza, de los que suman delitos contra la propiedad junto a delitos contra la salud pública en su lista de antecedentes y de los que suman tantos antecedentes como para ser calificados como multirreincidentes. Pero no nos engañemos, esa es la delincuencia visible, una delincuencia de barrio que convive sin apenas coincidir con otra muy distinta que usa la isla de Ibiza como territorio aprovechable para el blanqueo de capitales. Si a un inspector jefe que fue el responsable de Crimen Organizado en Ibiza se le pregunta por los delitos característicos de la isla que mantengan su actividad acabada la temporada, él recuerda que el invierno también es buena época para que las mafias internacionales, nacionales y también locales blanqueen dinero negro en propiedades. ¿Nadie se ha preguntado nunca por qué en Ibiza hay tantos negocios inmobiliarios?

Llega el invierno, sin embargo, y Diario de Ibiza reduce sus páginas de sucesos.  Los ibicencos recuperan el espacio que perdieron en verano. Y la tranquilidad. Recuperan el puerto y sus bares. Porque los ibicencos, aunque algunos no lo crean, tienen vidas normales y pasiones normales. Regresar al puerto en invierno, y cruzar calles vacías para volver a bares como La oveja negra y el De miedo, se convierte en un lujo. Para descansar, una buen opción es el hostal el Parque, de esos de toda la vida, muy cerca del puerto y La Marina, y para comer nada mejor que el Bar San Juan, el más antiguo y auténtico que queda en una ciudad a la que la invasión turística ha hecho perder parte de su identidad. En la librería Hipérbole, encuentras a Pedro, el librero de la isla más indicado para recomendarte una buena novela negra e incluso a algún autor local y algún buen libro sobre la Ibiza que no sólo vive en verano. Y está muy cerca de ses Canyes, el bar favorito de los periodistas. Todo queda cerca en la ciudad de Ibiza y todo combina bien. Y la recomendación especial y final es para dos de los lugares más interesantes sobre la historia de Ibiza: el centro de interpretación Madina Yabisa y la necrópolis púnica de Puig des Molins, los restos del cementerio que inauguraron los fenicios y se usó durante toda la Antigüedad.

(Reportaje publicado en el número de diciembre de la revista Fiat Lux)

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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