Don Pablo y el marketing solidario

9d0d91471bde5298a5562246495e16fc[1]Se han cumplido veinte años de la muerte a tiros de Pablo Escobar Gaviria, el que fuera creador de la más conocida organización de traficantes de cocaína que han existido, el cartel de Medellín. Don Pablo. Equiparable a Robin Hood para unos y al Destripador para otros.

Su epitafio es casi tan famoso como el de Oscar Wilde o el de Groucho Marx: “Mientras el cielo exista, existirán tus monumentos y tu nombre sobrevivirá como el firmamento”. Toda una predicción. Cada año, miles de personas visitan su tumba, en la que nunca faltan las flores, y los vecinos del barrio que él levantó con el dinero de las drogas en el marco del plan Medellín sin Tugurios siguen llamándolo barrio Pablo Escobar. Y aún se celebran misas por Don Pablo en la iglesia; ya juzgará Dios si era bueno o malo. A fin de cuentas, para ellos tenía que ser un santo quien les dio un sitio en el que poder vivir y campos de fútbol en los que jugar sus chavales. Eso sí, mientras se granjeaba a las masas, el que empezara como gatillero (sicario) establecía un reino de terror en Colombia al que denominamos narcoterrorismo y ordenaba asesinatos prácticamente en masa. De hecho, además de hacer matar policías, fiscales, jueces y contrincantes, en 1989 llegó a ordenar al jefe de sus sicarios que hiciera estallar un avión de Avianca (107 muertos) y que colocara un camión bomba frente a la sede de la Policía de Bogotá (64 muertos).

Pero construía casas para los desfavorecidos. Con el dinero de la droga.

Y esa utilización del marketing solidario para ganarse el apoyo popular es, precisamente, una de las características que más me llaman la atención del personaje, sobre todo porque muchos otros mafiosos, corruptos y análogos, a lo largo y ancho del mundo, han usado y usan fundaciones, asociaciones y donaciones para venderse como hombres de pro y benefactores de su comunidad mientras la sangran, corrompen o destruyen. Seguro que cualquiera de vosotros tiene algún ejemplo rondando su cabeza. En Ibiza, sin ir más lejos, tenemos unos cuantos, ¿verdad?

El 2 de diciembre de 1993, Pablo Escobar acaba de celebrar su 44 cumpleaños. Una llamada a su hijo Juan Pablo sirve para situar su ubicación en una casa del barrio América de Medellín. Cuatro agentes especiales entran en la vivienda y matan al guardaespaldas, conocido como ‘el Limón’. Pablo Escobar escapa por una ventana y accede al tejado, pero es seguido de cerca. Es herido en un brazo. Otro disparo en la cabeza acaba con su vida.

Los hipopótamos del Nilo que formaron parte del zoo particular de la Hacienda Nápoles de Don Pablo se adaptaron al clima de Medellín tras la desaparición de Escobar y convirtieron una laguna cercana a la antigua residencia en su hábitat. Gracias a Don Pablo, también pueden verse hipopótamos en el río Magdalena. Algo así como encontrárselos en el Tajo, más o menos.

Pablo Escobar ordenó asesinar a miles de personas y logró su fortuna con el tráfico de cocaína, pero daba parte del dinero, el que no derrochaba en sus horteradas de nuevo rico, en construir campos de fútbol para los chavales… Así, es posible que hoy, veinte años después de su muerte, su tumba tenga las mismas flores que las que tendrá la tumba de Mandela dentro de otros veinte años. Cosas del ser humano.

(Datos extraídos del libro ‘Operación Antidroga’)

https://territoriocat.wordpress.com/2012/02/23/operacion-antidroga/

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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