A la porra con el día del turista

DSC_0177Celebramos el Día del Turista, porque tiene que haber un día para todo. Y nos piden nuestros gobernantes, los listos de siempre que tan bien gestionan las Illes Balears, que tratemos con todo el respeto a nuestros visitantes. Bien, no es que me parezca mal consejo, en principio, pero ya podría salir alguien para pedirles a esos turistas que nos traten bien a nosotros, a los que vivimos aquí todo el año, y a esta tierra tan necesitada de respeto. Y, si hace falta, instauremos un Día del Residente, para rendirnos homenaje a nosotros mismos por aguantar lo que aguantamos más o menos estoicamente (yo cada vez menos), por soportar a estos turistas tan majos que tenemos que vienen aquí a drogarse, alcoholizarse y que, cuando menos, nos tratan con tanto respeto que, como creen que esto es territorio sin ley, no usan las papeleras más que para vomitar, ponen su música de mierda a tope todo el día y toda la noche y creen que los pasos de cebra –amén de otras normas que revelan civilización– sólo obligan a los residentes, porque como ellos son ‘los que nos dejan dinero’ lo tienen todo permitido. Todo. Y hay que reírles la gracia, claro, no vaya a ser que no se sientan tratados con el suficiente respeto…

Estamos en lo de siempre, porque no son todos pero, por desgracia, bien podemos generalizar, porque esos turistas que tienen un día a ellos dedicado son de muchos tipos y estilos, pero en Eivissa, precisamente, no creo que podamos sentirnos muy orgullosos de nuestros Visitantes. Con ‘V’ mayúscula e invasora. Son como una de las plagas bíblicas –yo hasta prefiero la lluvia de ranas– aunque algunos se estén forrando con ellos (sobre todo los traficantes de psicotrópicos y estupefacientes).

Es cierto que esos turistas que llevan 25 años visitando nuestras Pitiüses merecen nuestro agradecimiento, pero yo, lo siento, me da la risa cuando me dicen que tenemos que tratar a los turistas con respeto y veo cómo nos tratan ellos a nosotros. Esos turistas tan majetes que entregan los coches de alquiler llenos de abolladuras y de basura (me cuenta un amigo que les entregaron uno con el techo y el capó chafados porque habían estado bailando sobre él), que salen del Bora-bora borrachos y estrellan el coche contra la pobre que se iba a trabajar tan tranquila y casi acaba agredida por los energúmenos en cuestión, o los que creen que aquí no dormimos y te montan bullas de madrugada en la casa que han alquilado hasta que los amenazas con despertarlos cada mañana cuando te vas a trabajar, los que…. en fin, podría escribirse un tratado y los ejemplos podrían ser más bestias, más graves y más delictivos, y si no que se lo pregunten a la Guardia Civil, o a la Policía (y que siempre tenga que acabar nombrándolos), que cada día tienen más trabajo y cada día ven casos más asquerosos y más sordidos.

Respeto. Hablemos de respeto. Hay que respetar a los turistas, sí, si nos referimos a que no debemos cobrarles precios abusivos por una puñetera copa, por ejemplo, ni venderles cielos inexistentes a precios de infierno, vale, hay que tratarlos bien, lo que no tendría que hacer falta decir, pero sin dejar que nos pisen mientras les decimos ‘sí, bwana’… Es como cuando me vienen con el argumento de que hay que mantener la ciudad limpia para los turistas. Ah, muy bien ¿y yo no merezco tenerla limpia? Lo mismo.

Instauremos un Día del Residente y entreguemos plaquitas a la empleada de hotel a la que dos cafres le pasaron una fregona por la cara al intentar tirarla a la piscina (ni sabía nadar) o a los chicos de Muebles Planells, que cada mañana tienen que limpiar el basurero –y hasta recoger papelinas de droga olvidadas– que les dejan los clientes del antro conocido como Amnesia, cuando no tienen que echar a alguno drogado o medio muerto de la puerta.  Por ejemplo. Demos una placa al taxista que ha tenido que sufrir que se vayan sin pagar, que le vomiten en el coche o incluso al que ha deseado matar a algún italiano pero ha sido capaz de contenerse. La verdad, visto lo visto, me encanta septiembre, cuando los invasores –feliz Día del Turista– se alejan. Y cuando hablan de prolongar la temporada (des-es-ta-cio-na-li-za-ción) me entra un miedo…

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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