Una extorsión y un ‘buenas noches’

alcapone1[1]Siempre me han gustado los juicios. Y nunca deja de sorprenderme hasta dónde pueden llegar algunos abogados –y las estupideces que pueden llegar a decir– para intentar exculpar a unos defendidos que en la mayoría de las ocasiones son más culpables que el demonio. Evidentemente, no voy a entrar ahora a arremeter contra el derecho de defensa, que lo tiene hasta el diablo, faltaría más, lo que a mí me cuesta más entender es la capacidad moral de tantos abogados de soslayar lo que han hecho sus clientes y de defenderlos hasta con la mentira. Yo no podría, y aunque el Derecho Penal me apasiona, sabe Dios que haría mejor papel como fiscal, cuestión de talento y de carácter; me falta cierta hipocresía para ser abogada defensora. Y que me perdonen los señores letrados, que a pesar de lo que me gusta y valoro su trabajo –y muchos lo saben– no acabo de ver moralmente aceptable que uno se enriquezca sacando traficantes de droga de la prisión. Yo no debo ser de este mundo, pero tendría serios problemas de conciencia si me diera de comer el narcotráfico.

En fin. Ya sé que es sólo una forma de verlo y que, por fortuna, la justicia no se reduce a esto y los abogados ‘hasta son buena gente’, que diría mi sargento. Pero, como ejemplo del sinfín de tonterías que pueden llegar a decirse en la defensa de los acusados, en uno de esos juicios a los que he asistido en mi vida me sorprendió de manera especial uno de los argumentos empleados por el abogado defensor para exculpar a sus clientes, acusados de extorsión. Algunos de los que denunciaron esas extorsiones declararon durante la vista que los tres hombres, tras intentar coaccionarlos y tras amenazarlos, se largaban con un ‘buenas noches’ y hasta algún apretón de manos… Pues bien, el argumento del abogado consistía en que esa manera de actuar no es propia de un extorsionador: “No conozco a ningún extorsionador que, acabada la extorsión, se despida amablemente, deseando buenas noches…”, dijo el letrado en las conclusiones finales. Pues quizás conozca a pocos extorsionadores, cosa que dudo –por su trabajo, me refiero–, pero yo no veo nada de extraño en esa manera de actuar. Porque hasta en la delincuencia, ya lo dicen, lo cortés no quita lo valiente. Se puede ser un chantajista educado, y decir buenas noches no cuesta nada….

Este abogado no ha conocido tampoco a muchos mafiosos de sangre italiana, porque pueden ser de un educado y de un amable que da escalofríos. Cuando Al Capone se enteró de que sus tres matones de confianza le iban a traicionar los invitó a cenar y, a los postres, cogió un bate de béisbol y les golpeó en la cabeza hasta matarlos. Desde entonces, el estilo Capone se ha llevado mucho y con distintos grados de sutilidad y diverso armamento. Lucky Luciano también invitó a comer, en el restaurante italiano Scarpato’s de Coney Island, a Joe the Boss Masseria antes de que sus hombres entraran para agasajar al invitado con seis tiros en el pecho y uno en la nuca, el 15 de abril de 1931. Luciano, quizás un poco menos personal que Capone y algo más remilgado, prefirió emplear a otros para el trabajo sucio y permaneció escondido en el baño mientras la escabechina se llevaba a cabo.

El arrepentido de la Mafia Gaspare Mutolo, Asparino, en su declaración ante la comisión parlamentaria antimafia, declaró que el capo Totó Riina, al parecer un tipo educadísimo que, entre otras cosas, ordenó los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino, fue el primero “que inventó el sistema de, antes de matar a alguien, invitarlo a la mesa, hacerlo comer tranquilamente, hacerlo divertirse; después de comer, se le estrangulaba, y ya no se volvía a hablar del tema. No se gritaba: ¡Tú has hecho esto! No. Se comía, se bromeaba y luego se le mataba. Ésta fue la novedad que trajo Salvatore Riina”. (Página 1.232 de la audiencia del colaborador de la Justicia Gaspare Mutolo ante el presidente Luciano Violante. Año 1992). Mutolo tal vez no conocía la fama del italoamericano Capone o circunscribía su comentario a la Mafia en los casi 26.000 kilómetros cuadrados de Sicilia e islas adyacentes.

En cualquier caso, diga lo que diga el abogado del caso juzgado en Eivissa y que yo ahora recuerdo, la amabilidad forma parte de cierto estilo mafioso, y hasta para pedir el ‘pizzo’, el impuesto revolucionario, estoy segura de que la mayoría se despide con un buenas noches. Y, por cosas así, yo siempre he preferido a los sinceros antes que a los amables, porque te pueden apuñalar con mucha educación, realmente, pero yo, si tienen que acuchillarme, lo prefiero sin hipocresía, la verdad.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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