La perversión del indulto

gallardc3b3n-indulto-despacho[1]El indulto es un arma fantástica en manos de políticos corruptos, o al menos moralmente deficientes. Es fantástico, porque permite al Gobierno pasarse la Justicia por el arco de triunfo sin dar explicaciones, lo que, en realidad, viene a ser como echar por tierra todo aquello tan teóricamente hermoso que conocemos como la división de poderes. Y da igual el delito y los años de condena, porque se ha llegado a indultar a un GRAPO que asesinó a un empresario y hace bastante menos el consejo de ministros ha indultado a un conductor kamikaze que, además de matar a un hombre, trabajaba, casualmente, con uno de los hijos de Gallardón, o sea del propio ministro de Justicia que propone los indultos. Y, lo que resulta más evidente para ejemplificar la perversión del sistema, más de 200 políticos condenados por malversación, prevaricación y cohecho han sido indultados en una década por el Gobierno de este país.

Hay que enseñar a los políticos que el indulto, aunque sea herencia del absolutismo, no está hoy pensado para sacar de la cárcel a amigos y correligionarios, ni a los que les han prestado su apoyo cuando ellos mismos han tenido problemas con la Justicia. El indulto debe ser una medida de gracia con la que se palien los desajustes e injusticias del sistema de Justicia (parece paradójico pero no lo es), con el que se den segundas o terceras oportunidades y se frenen carreras delictivas en ciernes. Debe ser una medida excepcional moralmente equitativa, no una forma de enmendarle la plana a la Justicia, ni mucho menos de pasársela por el forro.

No quiero decir que no haya cada año en España muchos indultos en justa medida concedidos, porque aquí, desde luego, se indulta y mucho; entre 400 y 600 indultos al año. Sin embargo, algo está fallando cuando la medida se usa para perdonar a empresarios, banqueros y políticos corruptos como el exalcalde de Burgos José María Peña San Martín, que hasta pudo regresar a la política gracias a Aznar y tras ser condenado por la concesión ilegal de licencias municipales de construcción (un clásico, vamos). O el caso del banquero Alfredo Saénz o del alcalde de Santa Sussana Joan Campelier, de CIU, condenado por conceder a un amiguete la construcción de un pabellón y que fue indultado por Zapatero; se volvió a presentar a las elecciones y en 2011 fue otra vez alcalde. ¿Qué diablos le pasa a este país?

En julio del año pasado, en uno de los casos más polémicos, el Ejecutivo indultó al exalcalde del PP en el malagueño Valle de Abdalajís Tomás Gómez Arrabal, condenado por haberse pasado tres años dando licencias urbanísticas ilegales. Con él fueron condenados, y acto seguido indultados, tres concejales. En 2012 seis cargos públicos condenados por corrupción (4 del PP y 2 de CiU) fueron indultados como Barrabás.

Y es que encima contra el indulto sólo queda el derecho a la crítica, porque no se puede recurrir a instancia alguna. Es una medida totalmente arbitraria y, a todas luces y a las pruebas me remito, aplicada por quienes no tienen ninguna autoridad moral para aplicarla.

Ni siquiera se dignan a dar explicaciones. Y si bien es cierto que la normativa sobre la gracia del indulto no obliga al Gobierno a darlas, no impide que éstas sean dadas. Los gobiernos, por otra parte, siempre están obligados a dar explicaciones a los ciudadanos, porque, mal que les pese y aunque a menudo no lo parezca, siguen gobernando para todos nosotros. Reclamemos entonces que justifiquen sus indultos aunque la fórmula de la medida no lo requiera.

Quizás ha llegado el momento de plantearse si hay que reformar la figura del indulto para que sea realmente una medida de gracia y no un privilegio otorgado a la buena de Dios o del partido. Debería pensarse en un indulto que permitiera eludir prisión, pero que nunca pudiera afectar a la pena de inhabilitación ni a las multas, por ejemplo, para que los cargos públicos condenados no pudieran volver a presentarse en listas. Hay opciones, desde luego, pero resulta que la potestad discrecional es del mismo Gobierno que debería cambiar la norma. ¿Cómo lo hacemos entonces? ¿de verdad vamos a necesitar una revolución?

Al menos, eso sí, para que lo sepáis, nos queda la pequeña satisfacción de poder llamar delincuentes a los indultados, porque el indulto te libra de cumplir la pena, pero no cancela tus antecedentes.

(la imagen ha circulado por la red tras el indulto del conductor kamikaze; no sé a quién atribuírsela)

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en opinión y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s