Sant Antoni mantiene en activo a un policía local acusado de golpear y robar cocaína a ‘camellos’


Cristina Amanda Tur (CAT).- Dos detenciones relacionadas con las drogas en el plazo de menos de dos meses y las pruebas aportadas por la Guardia Civil de que participaba en los beneficios de la prostitución en un club de Sant Antoni, abierto en asociación con un rumano y un guardia civil, son lo más destacado del curriculum de un agente de la Policía Local del municipio al que el Ayuntamiento ha abierto expediente disciplinario pero que se mantiene en el servicio.

El policía, que en 2008 fue excluido de las listas de aspirantes a Guardia Civil y que en 2009 fue contratado por el Ayuntamiento para la Policía Local, fue arrestado en el transcurso de la Operación Sepi, llevada a cabo por el EDOA (Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga) y con ramificaciones en varias provincias. Durante la investigación, iniciada en diciembre de 2011 y que finalizó en el mes de abril con 27 detenidos en Ibiza, Valencia y Alicante, se averiguó que al menos cuatro rumanos afincados en Sant Antoni se abastecían de cocaína a través de una red de colombianos previamente desarticulada en la misma operación. Y dos de estos rumanos conectaron la investigación con el agente de la Policía Municipal y también con un guardia civil.  En las grabaciones entregadas a la Justicia por la Guardia Civil en unas diligencias ampliatorias derivadas de la Operación Sepi hay conversaciones entre los dos agentes y el rumano Florin que podrían probar que los tres llevaban a cabo negocios juntos y en las que hablan de cuestiones monetarias sobre un local abierto a medias, un prostíbulo en la avenida doctor Fleming donde se desarrolló y se centró parte de la operación del EDOA, desde donde se distribuía cocaína previamente comprada a los colombianos, según los investigadores. De hecho, estas grabaciones iniciales desencadenaron buena parte de la operación posterior. Los nombres de los dos agentes, sin embargo, no aparecen en la documentación del club, ya que, según las pesquisas, las escuchas telefónicas y algunos correos y mensajes de Facebook que también figuran en el sumario y que prueban la conexión, usaron a amigos como testaferros (el guardia civil utilizaba a un ex agente que fue expulsado del Cuerpo por robar gafas de sol intervenidas a vendedores de Sant Antoni, mientras que el policía usaba a un hombre que ejercía de empleado de seguridad en un bar).

Cuando fue detenido en el transcurso de la investigación por tráfico de cocaína, y también de anabolizantes, el policía local acabó confesando que era consumidor de drogas y que el rumano era su proveedor, aunque los investigadores lo consideran intermediario en el narcotráfico, además de parte propietaria en uno de los locales que vendían las sustancias. En la Operación Sepi se intervinieron 500 gramos de cocaína prácticamente pura, cinco kilos de precursores, 60 gramos de speed y mil dosis de Hygetropin (hormona del crecimiento) y pequeñas cantidades de hachís y marihuana. Además se desarticularon al menos cinco grupos de delincuentes distintos que participaban, en distintos escalones, en el narcotráfico.

La detención del grupo rumano se realizó en la fase del mes de marzo, al mismo tiempo que el policía local. El agente quedó en libertad con cargos mientras que Florin, el rumano que regentaba el club, y el segundo rumano citado anteriormente ingresaban en prisión. Sin embargo, ya en la cárcel, los dos rumanos decidieron colaborar con la Justicia y explicar la relación de los agentes implicados, para lo que solicitaron declarar de nuevo. Fue entonces cuando contaron que el guardia y el policía se dedicaban a pegar palizas a pequeños ‘camellos’ de origen africano de la localidad a los que, con amenazas y usando también sus placas de agentes de la autoridad, robaban la droga. Siguiendo esta pista, se localizó a una de las víctimas, de origen magrebí, que relató que en el mes de junio de 2011, en una discoteca de la bahía de Sant Antoni, fue abordado por el policía local y el guardia civil cuando iba a tomarse una raya de cocaína en el baño. Al reclamarle la droga que portaba y al darse cuenta de que no se la pedían para intervenírsela legalmente, intentó negociar con ellos para que no se la quedaran toda. Sin embargo, la respuesta de los agentes, que según la declaración estaban borrachos o drogados, fue amenazarle y golpearle para, finalmente, sacarlo a patadas del local. Sin los cuatro gramos de cocaína que tenía al entrar al baño.

Tras conseguir las declaraciones del magrebí y comprobar algunos puntos de su confesión con empleados del local en el que sucedieron los hechos, además de conseguir nuevas declaraciones que apuntaban a que el procedimiento usado con este magrebí era parte de un modus operandi habitual (constan en el sumario declaraciones de palizas a ‘camellos’ incluso en un vehículo oficial y en presencia de otros agentes de la Policía Local), la Guardia Civil entregó diligencias ampliatorias en el juzgado de instrucción número 3.

Así, no había pasado ni un mes y medio de la primera detención cuando el policía local era arrestado de nuevo. Y esta vez también fue detenido el guardia civil -que ya no se encuentra en activo y que en estos momentos está fuera de España-, para lo que se tuvieron que comunicar los hechos a Guipúzcoa, ya que entonces estaba destinado en Oñate. El 2 de agosto de 2012, se imputaba al guardia civil por robo con violencia e intimidación y por amenazas y, al día siguiente, era imputado por los mismos delitos el policía local.

Además de todo ello, cuando ya los rumanos habían ingresado en prisión, los dos agentes fueron denunciados por amenazas por la mujer que se quedó regentando el club, compañera sentimental del rumano Florin, que hoy ya está en libertad provisional tras pagar 12.000 euros de fianza y pasar cuatro meses en la cárcel. La mujer, que aseguraba tener miedo de los dos hombres, entregó a la Justicia correos de internet con conversaciones que ratifican la relación de los dos agentes con el local y con sus beneficios, además de contener insultos hacia su persona y amenazas de ir a por ella sino les paga su parte de los beneficios. También se habla de un nuevo personaje en la historia, un hombre  que, al parecer, colocaron los agentes en el local para controlar a sus trabajadores. El segundo rumano, no relacionado con el negocio, añadió a las declaraciones, asimismo, que el policía local le obligaba algunas veces a ir a comprar droga y que se la hacía pagar, bajo la amenaza de que, si no lo hacía, lo detendría, le quitaría el vehículo y el carnet de conducir. Incluso señala que, en algunas ocasiones, el propio policía local era el que trasladaba pequeñas cantidades de droga desde Mallorca hasta Ibiza.

A pesar de todos los indicios y del procedimiento en curso, y de que la existencia de las diligencias ampliatorias de la Operación Sepi son conocidas por la jefatura de la Policía Local de Sant Antoni, desde el Ayuntamiento aseguran no saber nada de la relación del policía con el local investigado y dedicado a la prostitución, aunque sí admiten que existe un expediente sancionador por haber sido detenido en el marco de la Operación Sepi pero que, a juicio del concejal de Gobernación, Xico Cardona, no le impide seguir ejerciendo su trabajo hasta que se resuelva judicialmente. De hecho, a pesar de la existencia del club de alterne y de haber reconocido ser consumidor de cocaína, así como haber comprado la droga a la red investigada por la Guardia Civil (y que, por su condición de agente, estaría obligado a denunciar), no se prevé que sea apartado del servicio por estos hechos.

Publicado en Diario de Ibiza, 25 de marzo de 2013

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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