La mano cortada (de ‘La canción del siciliano’)

Aldo Giuliano vivía en una casa estilo liberty, de las que aún quedaban en pie después de que la especulación urbanística e inmobiliaria hubiera alterado Palermo y sustituido sus hermosas mansiones por edificios iguales a los que podían encontrarse en cualquier otra ciudad del mundo. Al cruzar la verja, grandes macetas de cactus en hilera recibían a las visitas y las dirigían hasta los escalones y hasta llegar a la puerta de entrada. En la primera de esas macetas, ocupada por un nopal en crecimiento, fue encontrada una de las dos manos de las que Giorgio Castello dispusiera en vida. La derecha, concretamente. Es probable que la Policía nunca se hubiera enterado de ello, de no ser porque el miembro amputado fue descubierto por una de las amigas de la hija de Aldo, que cruzó la verja pensando que iba a pasar una de las tardes más aburridas del año estudiando para un examen de Física al que tenía que presentarse en un par de días. La chica no necesitó muchos segundos para darse cuenta de que aquella mano no era atrezzo para Halloween, aunque la observó desde una distancia no inferior a un metro. Gritó hacia la ventana de su amiga, le pidió que bajara y las dos llamaron a los carabinieri. Si Aldo Giuliano hubiera estado en casa tal vez habría podido evitarlo y enterrar el asunto, pero no pudo, y cuando regresó a la vivienda se vio sometido a un interrogatorio sin que tuviera nada preparado para la ocasión. Sólo podía decir que era el primer sorprendido por tan peculiar presente y que a ninguno de sus familiares y allegados, que él supiera, le había desaparecido recientemente el extremo de una extremidad.

Los agentes sabían bien que una mano en la puerta de casa no es buena señal. Una mano es una advertencia clásica de la Mafia. Ya no es frecuente, pero siempre queda alguno de la vieja escuela al que le gustan los antiguos ritos y que sabe que cualquier hombre de honor, por nuevo que sea, sabrá ponderar el aviso. La mano siempre es de uno de los miembros de la banda que la recibe y por regla general se envía a quién ha infringido algún código de honor, como la ley del silencio. En esta ocasión era la manera en la que los otros le decían a Aldo que no hacía falta que perdiera el tiempo buscando a Giorgio. No necesitaba una prueba de ADN para saber que aquella mano era suya y que el resto del cuerpo no había sobrevivido.

La reseña del libro en el siguiente enlace

https://territoriocat.wordpress.com/2012/05/09/la-cancion-del-siciliano/

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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