El límite entre la música y el ruido

Cristina Amanda Tur (CAT)-. Por menos de diez decibelios sobre el índice máximo permitido, el Tribunal Supremo ya ha confirmado una condena de prisión por delito contra el medio ambiente y también por lesiones, porque considera como tales los daños psíquicos provocados por el exceso de ruido.

La sentencia es de Barcelona, pero vecinos de Sant Josep y Sant Antoni soportan niveles de ruido superiores en más de 15 decibelios a lo permitido por la ley. Numerosos afectados estudian la forma de denunciar ante los tribunales la inactividad de las administraciones

En una noche de viernes, en Platja d’en Bossa, se recogen índices de ruido que pueden alcanzar hasta los 75 decibelios, según las mediciones llevadas a cabo con un sonómetro PCE-322A. Desde las 22:00, cuando se inicia el horario nocturno, el índice de ruido sólo puede alcanzar, por ley, el nivel máximo de 45 decibelios. Eso si se considera que la zona analizada es residencial, pero puede llegar hasta 53 en áreas de suelo de predominio recreacional.

En pleno centro de Sant Antoni, en los edificios cercanos al hotel Ibiza Rocks, las mediciones del mismo viernes oscilan entre 68 y 75, con puntas de hasta 76,9, y que difícilmente descienden de 65. Para zona residencial, el nivel máximo permitido en la localidad es de 55.

Sant Antoni, al contrario que Sant Josep, tiene ordenanza de ruidos propia, pero el sonómetro de la Policía Local lleva más de un año estropeado, así que las denuncias por ruido, en uno de los municipios más conflictivos de Balears, no se comprueban con medios materiales que podrían constituir prueba y con los que los vecinos también podrían recurrir a los tribunales.

Nos hemos colado en las casas de vecinos que han denunciado el ruido de los establecimientos nocturnos en Sant Antoni y en Platja d’en Bossa. Hemos estado en sus tejados, en sus cocinas y en sus rellanos, acompañando al concejal Toni Villalonga, de Nova Alternativa, que está vez anda armado con un aparato para medir el nivel de ruido. Y hemos comprobado que los niveles que soportan esos vecinos es incluso de entre 15 y, en momentos puntuales, hasta 30 decibelios por encima de lo permitido por ley. Hay que explicar que estas mediciones han sido efectuadas con un sonómetro que no es de los oficiales usados por las Fuerzas de Seguridad, lo que significa que los datos podrían ser más precisos con un aparato de 4.000 euros, pero los resultados no diferirían demasiado.

Platja d’en Bossa. A las diez y media de la noche y en dos puntos distintos, frente al Bora-Bora y el Delano y en los apartamentos Bossa Mar, detrás del Zanzíbar y el Ushuaia, los niveles alcanzan los 75 decibelios. La primera de las afectadas por el ruido que estaba dispuesta a hablar ha cambiado de opinión. “Es normal, hay gente que tiene miedo y que se siente presionada para que no denuncie, y personas que se han cansado de que no les hagan caso”, señalan Ana Belén y Jeffreys, que si están dispuestos a hablar porque, aseguran, están cansados de poner denuncias que no llegan a ninguna parte. “Hasta los policías locales te dicen que ya no pueden hacer nada, que vayas a los juzgados, que ellos entregan las denuncias al Ayuntamiento, pero que no saben qué pasa con ellas”.

Un portavoz del Ayuntamiento asegura que la Policía Local tiene un sonómetro y que lo usa, pero no proporciona datos ni del número de denuncias ni de las llamadas que efectúan los vecinos del municipio por ruidos. Eso sí, reconoce que hay denuncias y que son prácticamente todas de Platja d’en Bossa (algunas de las quejas proceden también desde Puig des Molins e incluso de Sant Jordi, donde llegan los sonidos de los locales de primera línea de costa).

Jeffrey y Ana Belén ya cursaron denuncias el año pasado, pero nunca supieron qué había pasado con ellas. Ellos forman parte del grupo cada vez mayor de afectados dispuestos a recurrir a los tribunales y a incluir en sus denuncias la inactividad de las instituciones ante el problema. Hay que tener en cuenta que, aunque en principio el ruido es competencia de los municipios (con sus propias ordenanzas o recurriendo a la ley nacional si no disponen de ella), puede ser penalmente punible, y, de hecho, en la isla ya hay condenas por delitos contra el medio ambiente por contaminación acústica, con penas de prisión. Y el Tribunal Supremo ha ido más lejos creando precedentes y ha confirmado una sentencia de 2009 en la que se califica como un delito de lesiones los daños psíquicos producidos por el exceso de ruido (y en ese caso, de Barcelona, el exceso era de 8,7 decibelios).

En los cierres y aperturas de los locales nocturnos, aún es peor, aseguran los vecinos, porque hay más permisividad tanto en los horarios como en el nivel de ruido: “esos días, si llamas, los policías te dicen que duermas como puedas, pero que no van a hacer nada”.

Una hora más tarde, en Sant Antoni, visitamos a vecinos de los edificios Racó den Pep y Senyera I y II. Antonia González y Alejandro Galera también aseguran haber llamado a la Policía Local en múltiples ocasiones. “No se hace nada. El año pasado había concierto un solo día, ahora hay dos días y aquí no se puede vivir. Hemos recogido firmas, pero tampoco parece que sirvan para mucho”, explica Antonia, que se refiere a los conciertos de Ibiza Rocks, que se celebran en el patio interior del hotel hasta la medianoche. Otra vecina sale al rellano y aunque también reconoce que el ruido es insoportable, considera que hay que aguantarse “porque esto es lo que hay en la isla”.

Se realizan mediciones en la azotea del edificio Recó den Pep y en la cocina de la familia Limones, donde a duras penas puede mantenerse una conversación sin acabar gritando. Los niveles son de más de veinte decibelios por encima de lo permitido. En este punto, hay que señalar que según la ordenanza de Sant Antoni, los niveles máximos para horario nocturno y en zona de residencias es de 55 decibelios. Curiosamente, la normativa municipal es menos restrictiva que la nacional y si se recurre a la ley autonómica 1/2007, una ley firmada por Jaume Matas, se comprueba que nunca se desarrolló en un Real Decreto por lo que no dispone de tabla de índices de ruido y, por tanto, hay que acudir a la ley estatal (ley 37/2003 de Ruidos). También hay que señalar que el Ayuntamiento, ante preguntas de Nova Alternativa, que también reclama que la Policía disponga de dos sonómetros, considera que toda la zona afectada debe ser calificada como área de predominio de uso recreativo y de espectáculos (con lo que el nivel máximo permitido para el horario medido alcanzaría los 63 decibelios). Sin embargo, el municipio no ha redactado el mapa de ruidos ni ha desarrollado los programas de sensibilización a los que le obliga su propia ordenanza (del año 2009), y que le permitirían sustentar que en el centro de Sant Antoni debe soportarse un nivel de ruidos mayor que en otras zonas eminentemente residenciales.

Sant Josep tampoco tiene un mapa de ruidos que delimite que zonas son recreativas y, por tanto, deben soportar niveles mayores de ruido.

Por otra parte, hay otras medidas anunciadas en la propia ordenanza de Sant Antoni que no se están aplicando; en su artículo 6 obliga a los responsables de los locales en cuyo interior el nivel de decibelios alcance los 90 decibelios a colgar en sus puertas un cartel que rece: ‘Los niveles sonoros en el interior pueden producir lesiones en el oído’.

Carmen Costa firmó una denuncia con otras 15 personas, pero también en este caso los vecinos afirman que no conocen los resultados de sus quejas. Su marido Juan Limones, que debe levantarse a las seis de la mañana para ir a trabajar señala que, aunque el peor momento llega a partir de las 22:00 hasta la medianoche, los altos niveles de ruido comienzan a las cuatro de la tarde, cuando se empiezan a probar los equipos de sonido.

Mientras, Toni Villalonga realiza mediciones de sonido en la cocina de la familia. Comprueba como baja rápidamente el nivel hasta los 50 decibelios al acabar el concierto, pero hasta llegar allí, el nivel supera constantemente los 70 decibelios. La Organización Mundial de la Salud afirma que, para poder descansar, el nivel de sonido en las casas no debe exceder los 30 decibelios para el ruido continuo de fondo.

Hay que tener en cuenta que a estos niveles registrados en Platja d’en Bossa y en Sant Antoni se pueden sumar dos factores importantes en la ecuación, la suma de niveles sonoros, es decir, la incidencia de varias fuentes de ruido y el tiempo de exposición, algo de gran relevancia para los vecinos.

Silvia Limones, concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Sant Antoni, es también una de las vecinas afectadas. Ella considera que se está presionando a los vecinos “para que también se tengan que ir, como hicieron con el Wets End”. Los edificios colindantes al Ibiza Rocks son todos residencias de vecinos del municipio, no apartamentos turísticos.

El PSOE-Pacte de Sant Antoni ha acusado recientemente al equipo de gobierno de ser incapaz de controlar el ruido en el municipio. En rueda de prensa, la oposición informó de que había solicitado al PP el resultado de una sonometría realizada el año pasado sobre los ruidos del mismo hotel (encargada a una empresa privada porque la Policía está sin sonómetro y que costó más de 1.000 euros a las arcas municipales), pero el equipo de gobierno ha respondido que ese expediente se ha perdido.

(reportaje publicado en la edición del 24 de julio de 2012 de Diario de Ibiza)

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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2 respuestas a El límite entre la música y el ruido

  1. Un artículo muy interesante. En el pueblo donde vivo es costumbre que de repente se te meta media banda de música en el edificio y se pare en tu rellano, simplemente, “porque van a visitar a un amigo”. Es muy duro estar en casa tranquilamente y tener que soportar a 20-30 personas tocando sus instrumentos en tu puerta y saltando sin parar; por no decir lo que esto significa cuando estás enfermo/a… Lo peor de todo es cuando sales y estos “músicos” te insultan porque les pides que “por favor” paren que están molestando. Es muy deprimente, y frustrante, no poder estar en tu propia casa igual como estos músicos están en la suya, sin que nadie les moleste, sin que nadie atente contra su salud… La última vez fue ayer y esto lo digo sin nombrar que en un edificio no viven solo personas adultas, sino niños, bebés, ancianos y animales a quienes afectan todavía más todos estos ruidos innecesarios causados por unos pocos…
    Saludos !!

  2. Pingback: Un retén para los Matutes o cómo se gesta un soborno | Territoriocat's Blog

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