El crimen perfecto (del libro 7 MENTES PERVERSAS)

Un caso histórico de dúo criminal, con una muy especial relación de dependencia, es el de Leopold y Loeb, cuyo caso inspiró la trama de ‘La soga’ de Hitchcock. Quisieron perpetrar el crimen perfecto y, sin embargo, cometieron un error estúpido que demostraba de una forma tan burdamente evidente que hasta resultaba ridícula la clásica afirmación del principio de Locard, la teoría de la transferencia: Todo contacto entre la víctima y su agresor deja un rastro.

 Nathan Leopold, de 19 años, y su amigo Richard Loeb, de 18, se aburrían. Eran los años 20 en Chicago y sus familias formaban parte de una elite judía millonaria. Además, Leopold y Loeb eran más inteligentes que la media. Para Richard, Dick, el crimen no era más que un ejercicio intelectual, un reto para una mente privilegiada, y arrastró en su obsesión a Nathan, Babe, que estaba dispuesto a seguir a su amigo hasta el mismísimo infierno. Así fue. Hay que señalar que la relación entre los dos chicos era algo más que una amistad, era una relación homosexual en una época poco apropiada. Y, además, una relación enfermiza, con lazos de dependencia y dominación capaces de conducir al infierno a cualquiera. La inteligencia no siempre protege de los sentimientos. El 21 de mayo de 1924 eligieron a Bobby Franks. Alquilaron un coche usando un nombre falso y llamaron al chico, de 14 años, cuando éste salía del colegio. Bobby, perteneciente también a una rica familia, había jugado con ellos al tenis muchas veces, así que no dudó cuando Babe y Dick le dijeron que subiera, que querían enseñarle una raqueta nueva. Lo golpearon primero con un escoplo y le pusieron trapos en la boca hasta la garganta. No tardó en morir. Lo desnudaron y rociaron con ácido la cara y los genitales para dificultar su identificación. Finalmente dejaron el cadáver en el cauce del lago Wolf, donde fue encontrado al día siguiente.

El gran error fue en realidad un descuido; a Leopold se le cayeron sus caras gafas de armazón de carey, con las patas mordisqueadas y unos pernos especiales. Sólo se habían vendido tres pares de lentes unidos con esos pernos en la ciudad de Chicago, y entre los compradores figuraba, por supuesto, el nombre de Nathan Leopold. Babe y Dick escribieron una carta pidiendo a los padres de Bobby un rescate de 10.000 dólares y tiraron la máquina de escribir, una Underwood, al estanque del parque Jackson. Era la misma máquina con la que estaban escritos los apuntes de clase de Nathan. Los padres de la víctima ya estaban dispuestos a pagar cuando se encontró el cuerpo del chico.

–Era sólo un experimento –contestó Leopold cuando le preguntaron. Querían demostrar que eran capaces de cometer un crimen que incluyera tres delitos: extorsión, secuestro y asesinato.

–No me disculpo. Esto formará mi carácter. Saldré para una nueva vida –dijo Loeb. Pero Dick Loeb no tendrá una nueva vida, por lo menos no una vida libre. El miércoles 19 de septiembre de 1924 el juez Claverly les libró de la horca, pero les condenó a la perpetua por el crimen y a 99 años de cárcel por secuestro. Más de doce años después, un preso llamado James Day le cortó la garganta y le asestó una cincuentena de navajazos. Alegó que estaba cansado de los ataques sexuales de Loeb. Leopold salió de prisión en 1958 y se fue a vivir a Puerto Rico, donde dio clases de matemáticas en la universidad, se casó con una viuda y creo una fundación para ayudar a delincuentes juveniles. Decía que siempre había amado a Loeb y aseguraba que se arrepintió de su crimen después de ocho años en prisión. No antes. Murió de un ataque al corazón en el 71.

Clarence Darrow, el abogado que les defendió, hizo un alegato de nada menos que doce horas en el que destacó la edad de los chicos y pidió compasión para sus mentes desequilibradas.

Leopold, fanático tergiversador del superhombre de Friedrich Nietzsche, y su compañero lector de novelas policíacas formaban una pareja compenetrada. Su abogado, famoso en la época por su acérrima defensa de la abolición de la pena de muerte, alegó locura momentánea utilizando la homosexualidad de los muchachos; para la sociedad del momento, la homosexualidad era poco más o menos considerada una desviación que evidenciaba una enfermedad mental subyacente. Asimismo, subrayó la influencia en Leopold del filósofo al que se acusa de matar a Dios, pero –y esa observación podría tener plena vigencia en la actualidad– señaló que Nietzsche había influido en una mente ya “enfermiza” o predispuesta:

–Nathan Leopold no es el único joven que ha leído a Nietzsche, pero quizás sea el único en el cual su influencia se manifestó así…

Sin embargo, lo que más conmocionó a la sociedad del Chicago de los años 20 fue que los dos asesinos no eran esta vez dos desarraigados arrabaleros hijos de familias desestructuradas. Eran dos muchachos de clase alta que no tenían carencias afectivas y eran inteligentes y educados. Simplemente se aburrían…

Más información sobre el libro en el siguiente enlace:

https://territoriocat.wordpress.com/2011/12/26/siete-mentes-perversas/

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en Libros y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s