ADDIO PIZZO: Una historia de valientes

vetrofania_addconf[1]Hoy quiero hablaros de una revolución. Se inició hace cinco años en Palermo y demuestra que la unión hace la fuerza y que a veces es necesario luchar.

A cien metros del portal en el que vivió el juez palermitano Giovanni Falcone, en la Via F. La Jacono, se encontraba la carnicería del capo del barrio de Noce, Raffaele Ganci, uno de los más cercanos a Totó Riina y que fue condenado, junto con sus hijos, como cómplice del atentado que acabó con la vida de Falcone. Los Ganci, desde su establecimiento, habían espiado los movimientos del juez Falcone y de sus guardaespaldas, pero, aún así, y aún en prisión, los vecinos de la zona siguieron comprando en aquella carnicería que todos sabían de quién era.

En 1990, el empresario Libero Grassi se atrevió a enfrentarse públicamente a la Mafia y se negó a pagar el ‘pizzo’ (la extorsión), y los de Totó Riina le metieron tres tiros en la cabeza en agosto de 1991.

Son ejemplos de cómo funciona la vida (y la muerte) en Sicilia. Pero las cosas están cambiando. Las cosas pueden cambiar. Y hoy quiero hablaros de unos valientes, de aquellos que hace cinco años impulsaron el movimiento ‘Addio pizzo’ y, tal y como expresa ya el nombre, se atrevieron a decirle a la Mafia que no querían su protección, que no pagarían más las extorsiones.

Hoy son ya 695 los comerciantes antiracket que han declarado públicamente que no pagan, y que lucen en sus negocios el distintivo ‘Addio pizzo’. Y han conseguido que los consumidores les apoyen y se unan a la causa; más de 10.000 lo han anunciado también de manera pública. No puede volver a pasar algo como lo de la carnicería de los Ganci. Y hay que respaldar a los comerciantes que se arriesgan y que luchan. Esto también es consumo responsable. Consumo crítico.

‘Addio pizzo’ se gestó en el verano de 2004, cuando siete amigos planeaban abrir un bar en Palermo y se plantearon qué harían cuando el mafioso de turno se pasara por allí y les soltara el rollo de la protección y del dinero que era destinado a sus “amigos encarcelados”. El bar nunca llegó a abrirse, pero aquella pandilla empapeló una noche Palermo con pegatinas que decían “Un intero popolo che paga il pizzo è un popolo senza dignità” (un pueblo entero que paga el pizzo es un pueblo sin dignidad). Y la ciudad se dio por aludida. Palermo despierta. La unión hace la fuerza.

Y esta es mi manera de apoyar su causa. Y si queréis saber más de ‘Addio pizzo’, esta es su web:

http://www.addiopizzo.org/

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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