Un lugar entre las nubes

Cristina Amanda Tur (CAT).- El 7 de enero se cumplen 40 años del accidente aéreo de ses Roques Altes, la mayor tragedia aérea de las Pitiüses y una de las mayores de España hasta aquel momento; dos años antes, 112 personas perdieron la vida al estrellarse un Comet 4 contra el pico de Les Agudes, en la sierra del Montseny. Un total de 104 murieron en ses Roques Altes. Iberia indemnizó a los herederos con 400.000 pesetas por muerto al considerarse que el piloto cometió una imprudencia.

Dicen los controladores aéreos que nunca hay una sola causa de un accidente. Y aquí, desde luego, se sumaron varios factores para ocasionar que el Caravelle EC-ATV se estrellara contra la punta de ses Roques Altes. Pero no hay un gran misterio sin resolver, aunque la leyenda forjada con los años alrededor del accidente así parezca indicarlo y haya quien prefiera creer en fantasmas y en datos misteriosamente desaparecidos. Probablemente nunca podremos explicar de modo fehaciente por qué el piloto, que conocía muy bien el aeropuerto de Ibiza, creyó estar enfilado a las pistas cuando lo estaba frente al peñasco, pero hay una suma de detalles que apuntan a una explicación: un error de altitud y de posición. El piloto se confió y no siguió el plan de vuelo. Había niebla frente a la montaña.

Hay que explicar que este accidente ocurrido cuarenta años atrás no habría sucedido hoy. En aquel entonces, el avión aproximándose era, en las pantallas de la torre de control, simplemente un dibujo que señalaba su situación. Similar al de las máquinas de videojuegos. Pero, en la actualidad, esa representación del avión en naranja ofrece además la información de la altitud y de la velocidad a la que el aparato está volando. El comandante del Caravelle ‘Tomás Luis de Victoria’, José Luis Ballester Sepúlveda, se equivocó al informar de la altitud a la que se acercaba, pero hoy el controlador podría haberle advertido de que volaba muy bajo para la posición en la que se hallaba.

El plan de vuelo preveía que el avión alcanzara el nivel 150, lo que supone una altitud de 15.000 pies (5.000 metros de altura). Por encima de 6.000 pies se habla ya de niveles de altitud. Pero el avión no voló tan alto. “Abandono nivel 140” informó el piloto a la torre de control cuando sobrevolaba la costa de Sant Josep. El controlador permitió el descenso sin saber que José Luis se equivocó; es imposible abandonar una altitud que ni siquiera se ha llegado a alcanzar. El nivel máximo al que llegó el Caravelle era de 120, pero eso no se sabría hasta que se recuperaran los restos del avión y se pudieran tener los datos del Flight Recorder.

En realidad, el avión descendía desde 12.000 pies (4.000 metros), y eso es lo que marcaba el altímetro. El controlador no dudó del mensaje, creyó que el Caravelle volaba a 15.000 pies y le permitió cambiar de altitud. Ese error no tendría mayor importancia, ya que, seguidamente, el piloto comunicó (así consta en la cinta magnetofónica de la torre de control) que abandonaba 5.000 pies, y esa era la altura a la que estaba. Seguía en descenso, adentrándose en la niebla. Y hasta ese momento, el vuelo era instrumental y la torre señaló la pista 25. El piloto, sin embargo, anunció su preferencia por otra pista y se le permitió una aproximación visual, lo que supone que dependía de su propia percepción. Descendió creyendo que estaba emproado a la pista del aeropuerto, pero no era así.

Eran las doce. Mediodía. Aeronáuticamente 11:00. Hora Z (Zulú). El Caravelle despegaba de su escala en Valencia con destino Ibiza. La mayoría de los pasajeros regresaba de las vacaciones y hasta 26 de ellos procedían de la localidad valenciana de Algemesí y eran peones de la construcción que vivían el momento de la construcción de los grandes hoteles en la isla. Un total de 80 pasajeros habían embarcado en Valencia; el resto llegaba desde Madrid.

Aproximándose a Ibiza, los pilotos mantuvieron una breve e intrascendente conversación sobre los regalos de reyes con la torre de control. Pidieron permiso para aterrizar mientras descendían. No llegaron a bajar el tren de aterrizaje, no habían iniciado las maniobras de aproximación, cuando, detrás de la niebla, apareció la cresta de Ses Roques Altes. A 325 metros de altura.

El piloto intentó ascender y el avión se estrelló de panza. Se partió en dos pedazos y la mayor parte de él se precipitó hacia la ladera Este en pendiente que hay tras la roca vertical del impacto. 11:15:10. Hora Z.

Cuando la señal del avión desapareció del mapa, los aviones de rescate despegaron de Palma para buscarlo. En dirección hacia el islote de sa Conillera, donde pensaban que debía encontrarse porque en su última comunicación sobrevolaba los islotes. Comandancia de Marina dio aviso a los barcos y a la patrulla del Servicio Fiscal para que se acercaran al lugar.

Pero no estaba en el mar. Cuentan que el golpe pudo escucharse incluso en Vila, pero algunos creyeron que había sido una explosión en alguna cantera. En las cercanías de sa Talaia fue distinto; José Ribas Ribas, de Can Prim, había visto el avión aproximarse a la montaña y desaparecer tras la niebla. Lo perdió de vista y luego escuchó la explosión. Subió al monte y encontró el Caravelle en mil pedazos. Nadie vivo para contarlo.

Avisó a los guardias del cuartel de Sant Josep, que fueron los primeros que se acercaron a rodear la zona para comprobar que no hubiera supervivientes. Había restos en un kilómetro a la redonda.

Finalmente, más de 200 voluntarios, guardias, policías y militares (el regimiento de Infantería Teruel 48) recogieron los restos durante días. Ninguno ha podido olvidarlo.

“Cuando yo subí –contaba José Bonet, entonces cabo y que llegó a ser capitán de la Guardia Civil pitiusa– ya sabía que no había ningún superviviente. Sabía que iba a recoger cadáveres. Se hicieron grupos de cuatro o cinco personas para rastrear el monte. Tendieron toldos y bolsas de plástico y allí se iban recogiendo los trozos… Yo recogí una veintena de muertos, pero eran solo pedazos”.

Dos años después del accidente, se hicieron públicos los resultados de la investigación, que determinó que el piloto eligió “libremente, y sin motivo justificado, pista y forma de aproximación que demuestran la existencia de una conducta imprudente, ya que el comandante pudo prever la existencia de probables eventos, tales como el error de posición y la falta de visibilidad en las cimas”.

MÁS ALLÁ DE LA LEYENDA

Los años y cierta inclinación humana a buscar las teorías más improbables rechazando las sencillas han alimentado una leyenda de misterios, de cajas negras desaparecidas y también de fantasmas y de psicofonías. Hay quien quiere organizar una excursión nocturna a la zona, exactamente en la fecha del aniversario, para comprobar si es cierto que allí los espíritus se manifiestan.

En el lugar hay una capilla, una pequeña ermita presidida por un crucifijo y con dos placas a ambos lados en las que pueden leerse los nombres de todos los fallecidos. Hay un pequeño altar en el que se han ido amontonando restos que pertenecieron al avión y al equipaje junto a otros de origen incierto. Se inauguró nueve meses después de la catástrofe. Y los restos humanos inauguraron el nuevo cementerio de Ibiza, que aún estaba construyéndose. Ninguno de ellos abandonó la isla, por cuestiones sanitarias y por la dificultad de las identificaciones, y fue necesario pedir 64 ataúdes a Barcelona.

Ses Roques Altes (aquí el reportaje maquetado y con más fotos)

(Del libro ‘Crónica de sucesos’, Cristina Amanda Tur)

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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2 respuestas a Un lugar entre las nubes

  1. Maria dijo:

    Soy nieta y sobrina de 4 fallecidos en ese fatídico vuelo y lo único que tenemos claro en la familia es que el siniestro ocurrió debido a un fallo humano. Se cometieron muchas imprudencias antes y después del suceso, estamos hablando de 1971 donde España estaba regida bajo una dictadura. Solo nos queda la esperanza de poder exhumar los cuerpos y que nuestros familiares regresen de donde partieron.

  2. lolin dijo:

    Maria,primero,el accidente fué en el año 1972 y no en el 1971 como has dicho tu, en segundo lugar,te diré que por lo visto solo vuestra familia tiene claro que fué un fallo humano,porque soy hija de una de las victimas de Algemesí ( donde murieron 26 persona) y te aseguro que nadie piensa eso,todos…todos!!!! tenemos claro que fué un mal estado del altímetro, pero claro.. si se hubiera verificado que era un fallo mecánico,entonces no habrian sido 400.000 pésetas el pago,sino mas de 10 millones de esa época. Por si no lo sabias,lo que pagaron a los familiares, no fué la indemnizacion,sino el seguro del billete, seguro que todos pagamos cuando compramos un billete de avión,de tren o de autobús. En cuanto a lo de exhumar los cadaveres, no estoy de acuerdo contigo,porque mira,a Villarobledo creo que se llevaron algun cuerpo( bueno, trozos) a Algemesi tambien trajeron a dos. Todo el mundo sabe que los pobrecitos estaban destrozados,sino porque se enterraron 4 ó 5 ataudes mas que las victimas que habia? porque habian trozos desparramados a 1 km de distancia. Ademas yo he indagado y se que mezclaban unos trozos con otros. Asi que prefiero que sigan descansando alli,donde esta su sangre, y que por favor les dejen descansar en paz, que bastante tuvieron al morir asi.

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