Más Tolkien y menos cocaína

En los pueblos que cultivan las terrazas de arroz de Filipinas, casi todos los lugareños son analfabetos, y una llega allí con sus ideas civilizadas sobre la importancia de saber leer y escribir y sus botas Panama Jack y acaba intentando salir de una ciénaga de barro y algo más en la que ha ido a parar tras ser atropellada por un inesperado jabalí…

No hubiera sobrevivido un mes si no aprendía a cultivar arroz, a esquivar jabalíes y a conducir jeeps como una kamikaze por caminos infames con vistas al barranco, porque allí, leer y escribir me hubieran servido de bien poco, la verdad. Y regresé a Manila con una rodilla despellejada, oliendo a rayos turcos y preguntándome hasta qué punto son necesarias muchas de las enseñanzas que ONGs y misioneros llevan hasta cualquier rincón del mundo en el que es más práctico cultivar algo para comer que leer a Shakespeare. Un manileño me explicó que esos pueblos que conviven con los jabalíes, a pesar de vivir en chozas y ser analfabetos, no son pobres porque nunca les falta algo para comer –y allí al menos hay comida para todos–, pero los callejones y puentes de Manila están repletos de mendigos analfabetos que un día dejaron el pueblo y los arrozales buscando el sueño de las luces de la ciudad. Entonces sí que les hubiera ido bien que alguien les hubiera enseñado a leer y escribir para no acabar bajo un puente… Es una de las cosas que tiene la civilización en la que vivimos; la educación y la cultura son importantes y necesarias y hay que hacer mucho más que saber leer y escribir.

En Ibiza y Formentera no se cultiva arroz ni se vive en chozas ni hay que esquivar jabalíes, la escolarización es obligatoria y hay bibliotecas públicas que no están nada mal, pero el centro penitenciario de la isla sigue teniendo un elevado porcentaje de población analfabeta y un estudio de la Fundación Gadeso reveló que un 46,7 por ciento de los ciudadanos pitiusos no lee nunca. Qué triste. ¿Cómo se puede vivir sin leer nunca? Ni libros ni periódicos y supongo que ni los prospectos de los medicamentos… Y ya no es una cuestión de que leer sea necesario para adquirir cierta cultura – que lo es– sino que estos ‘iletrados relativos’ también se pierden un mundo fantástico. Está claro que la literatura es sólo un medio y que el medio en sí no es cultura, ni bueno ni malo, porque hoy en día se edita mucha porquería, para que engañarnos, pero sabiendo escoger un poco uno puede conocer lugares maravillosos. Reales o irreales, da igual.

Y esos datos de la Fundación Gadeso nos descubren también un 17,7 por ciento que me preocupa especialmente, porque reconoce sin cortarse que no le gusta nada leer. Me pregunto cómo lo pudieron hacer tan mal sus educadores en la infancia para que a día de hoy confiesen que leer no les agrada, ¿qué diablos les obligaban a leer en el colegio?.. Porque estoy segura de que alguna relación tiene; a mí con diez años me hacían leer cosas como Delibes o Cela que, independientemente de su capacidad para escribir, me deprimían y me horrorizaban tanto que bien podría ahora formar parte de ese 17,7 por ciento –¿a qué tipo de sádico se le ocurre obligar a un niño a leer ‘La sombra del ciprés es alargada’?–. Pero descubrí que había vida más allá del pesimismo español de posguerra y hoy formo parte del 22,7 por ciento que lee todos los días. Eso sí, ahora y porque todo tiene un precio y los errores educativos se pagan más que otros, tiendo a rechazar la literatura española porque la relaciono casi inconscientemente con el pesimismo y el realismo social y siguen sentándome fatal las historias tristes y las miserias mundanas…

 Leer tiene que ser estimulante y divertido además de edificante, tiene que ser antidepresivo. Lou Marinoff escribió un libro titulado ‘Más Platón y menos prozac’ para promocionar la Filosofía aplicada, la Filosofía como caja de herramientas para desenvolverse en el mundo sin necesidad de recurrir a pastillas. La máxima es aplicable, en cierta medida, a toda la buena literatura. Y descubrir mundos soñados por otros, leer sobre dragones sobre vampiros o sobre policías que no temen a asesinos psicópatas, por ejemplo, es un buen antídoto tanto para la depresión como para el aburrimiento. Subidones de adrenalina sin necesidad de cocaína.

Un día de estos es posible que mande al infierno la civilización alfabetizada y me escape a un lugar de esos en los que haya que esquivar jabalíes –o manadas de búfalos desbocados, da igual, porque juro que lo preferiré a sortear las puñaladas de los hipócritas– pero sé que me llevaré unos cuantos libros conmigo y que leeré ‘El señor de los anillos’, ‘Cumbres borrascosas’, ‘Peter Pan’, ‘Al Este del Edén’ y a Caleb Carr o a Scerbanenco hasta que pueda recitar pasajes enteros mientras me enseñan a cultivar alguna cosa que no se me muera como las pobres plantas de mi terraza, que tengo un algodonero que ya no sé cómo salvarlo. ¿Alguien sabe cultivar algodón?

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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Una respuesta a Más Tolkien y menos cocaína

  1. timothyoriordan dijo:

    En mi trabajo como profesor de inglés, encuentro a muchos alumnos de la ESO y Bachillerato que nunca leen más que lo que les obligan a leer en el colegio y veo que allí está el error porque a muchos no les gustan los libros del curriculum escolar. ” Harry Potter” y “Crepúsculo” han ayudado algo pero encuentro a pocos que leen por el gusto de leer. ¡Que pena! Algo tiene que cambiar pero veo poca voluntad política. Quizás el cambio tiene que venir de los mismos profesores y los padres y, porqué no, de la prensa y periodistas que podían poner más enfoque en los adolescentes para fomentar un amor a la lectura.

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