Cuestión de tamaño

 Empezaré por la conclusión. Si te atreves a construir una caseta varadero por la cara en es Codolar, por ejemplo, nadie –de los que tienen capacidad para ello– dudará un segundo en declarar su ilegalidad y tumbarla, tras anunciarlo convenientemente a los medios de comunicación para que todos los ciudadanos puedan saber de su compromiso medioambiental. Pero si amplías tu chiringuito playero –sólo como ejemplo– para convertirlo en un suntuoso restaurante y consigues que a él se acerque cualquier tipo de famoseo o esa degeneración a la que algunos llaman VIPs, destruyendo al tiempo la tranquilidad de un parque natural con algo similar a la música a tope y llenando el lugar de gente mientras se deteriora la zona supuestamente protegida ¿Quién se atreverá a tocar tu chiringo? aunque sea ilegal… Aquí, la legalidad se mide de forma bastarda, en función de dinero, contactos y tamaño. Porque a los políticos –la Demarcación de Costas está dando ejemplo– lo que parece que les asusta, realmente, es el tamaño de la barbaridad cometida y de sus promotores; les acojonan los monstruos y sólo se atreven con los pequeños fantasmas, lo que viene a definir, a su vez, el tamaño de nuestros políticos. Dime con qué enemigos te atreves y te diré cuál es la medida de tu poder.

Tumbar la inocente plataforma de cemento que tan poco daño hacía en ses Figueretes, esa que ya formaba parte de la pequeña playa al final del paseo, era tarea fácil, enemigo pequeño. Y enemigo ya es decir mucho. Otra cosa es enfrentarse a mastodontes que a fuerza de perpetuar ilegalidades se han convertido estadísticamente en ‘normalidad’.

Sé que es atractivo recurrir a cualquier tipo de teoría de la conspiración –y uno de mis hombres más queridos es especialista en ellas– y pensar matemáticamente que las traiciones urbanísticas se ejecutan en los despachos de políticos que tienden la mano y el bolsillo a sonrientes y trajeados ‘hombres de negocios’. Y seguro que hay mucho de eso –aunque en Sant Josep, en sus ‘buenos’ tiempos, imagino reuniones más de andar por la payesía, sin trajes y más a la corleonesa clásica–, pero muchas de las ilegalidades que nos rodean, más que la corrupción de nuestros políticos, lo que revelan es su papanatismo. Su falta de cojones, en definitiva, para decirlo llanamente y esperando no ofender a nadie (o sí, qué más da). Se dejan fascinar por los que creen poderosos, por lo que creen grande y les amilanan las demostraciones de poder aunque sólo sean cortinas de humo o faroles al póquer. No se atreven.

Y yo aún no he decidido si es peor ser un corrupto o un papanatas. Y no es que me parezca mal que tiren abajo pequeñas casetas ilegales –sobre todo si están en territorio del parque natural–, porque no seré yo, precisamente, quien desvirtúe la importancia de los detalles, pero quisiera ver a la Demarcación de Costas poniéndole el cascabel al gato y recuperar dominio público a costa de las construcciones que suponen un mayor impacto.

A estas alturas, lo que yo he descubierto de los políticos –y, por supuesto, generalizo, pero alguno habrá en algún lugar que no sea así– es que, más que corruptos, son como esos matones de colegio que sólo se atreven a quitarles el bocadillo a los más pequeños, que ni siquiera son capaces de enfrentarse a los de su tamaño, y no digamos ya a los que parecen más grandes, aunque a veces sus temidos monstruos no escondan más que pequeños y hasta ruines seres humanos que se hinchan como peces globo para parecer más fuertes.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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5 respuestas a Cuestión de tamaño

  1. eva dijo:

    Totalmente de acuerdo contigo, Cristina!

  2. miguel dijo:

    Con conocimiento de causa, bien dicho!!!!! 😉

  3. Lorenzo dijo:

    Enhorabuena por el post !

  4. josep dijo:

    ya se sabe, hay clases y clases. Mal que algunos sigan empecinados en no reconocerlo

  5. Pingback: Fuerzas parapoliciales en ses Salines | Territoriocat's Blog

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