Marcia, la iguana

  La llamó Marcia. Pobre Marcia. A veces se paseaba con ella sobre los hombros, como quien lleva un fular. Me aseguró que tenía todos los papeles del CITES en regla, que su iguana era legal, vamos, pero a Marcia no parecía importarle lo más mínimo si tenía ‘permiso de residencia’ para estar en el país.

El animalito se estaba poniendo algo gris y yo le dije que las iguanas cambian de color según su estado de ánimo y salud y que ésta debía estar deprimida; no le gustaría ni su terrario de 150 euros ni sus tubos fluorescentes de espectro total ni que la paseasen prendida de un jersey y que de vez en cuando la acariciaran como un perro… como si ella pudiera entender las muestras de ternura que se dedican los mamíferos. Un día, Marcia desapareció, aunque yo sospecho que el pobre animal prefirió morirse y él no se ha atrevido a decírmelo para que no le suelte otra arenga sobre la irresponsabilidad de comprar animales para decorar la vida.

Quizás Marcia acabara en el centro de recuperación de sa Coma, con todos los demás desgraciados bichos que allí acaban, porque la Guardia Civil los ha decomisado a quienes los tenían ‘sin papeles’, porque han escapado de sus dueños o porque han llegado a la isla con las plantas que importan los viveros y los de Medio Ambiente se los han llevado para que no pongan en peligro las especies autóctonas … que es otra de las consecuencias del tráfico de animales exóticos. Y menos exóticos, porque las culebras bastardas no llegarán desde Costa Rica pero ni son para la isla ni son para una casa.

En la sección ‘hogar’ de una de esas revistas que te explican, porque es importantísimo para la supervivencia, qué color de pintalabios le va bien a tu color de pelo, y que son casi las únicas que puedo encontrar en el gimnasio, aparece un reportaje titulado ‘claves para montar un terrario’… para serpientes pitón, ranas de Australia, tortugas de Florida o iguanas de Panamá. Lo peor es que cita animales cuya supervivencia, precisamente, se halla amenazada por el tráfico ilegal de especies destinadas a servir de mascotas. Si es que ya sé que esa rana de ojos rojos que Costa Rica tiene como emblema y que se ha puesto tan de moda es una ricura, y que tener una serpiente cascabel en casa te hace ‘triunfar’ con los amigos, y estoy convencida de que hasta puedes querer al pobre bicho, pero es un tipo de cariño equivocado e imposible. Y, sobre todo, es egoísta de más.

Confieso que me encantaría convivir con un basilisco o con un cocodrilo, pero sé que mi hogar no puede ser su hogar, que las jaulas de oro siguen siendo jaulas y que no hay nada que yo pueda dar capaz de compensarles por haber perdido sus selvas y sus ríos. Y que sean de esos que nacen en cautividad para adornar la filosofía de la modernidad tampoco es un argumento que me convenza nada; es el paradigma del sadismo.

 ¿Qué habrá sido de la pobre Marcia?

 

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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