Sobre los que se venden baratos

Dicen que todo tiene un precio. Y a mí siempre me ha parecido una gran frase, aunque, al mismo tiempo, haya buscado insistentemente motivos para desautorizarla. Porque sigo pensando –y quiero seguir pensando– que hay cosas que no se venden y que, por tanto, no hay nada con lo que pagarlas; no hay precio que valga.

Pero, en realidad, llevado hasta sus últimas consecuencias y cuando podemos entender por precio miles de cosas más allá del dinero, puedo llegar a preguntarme cuánto costaría mi integridad, y aunque sé que no me tentarían con dinero, me pregunto si estaría en venta por algo más inmaterial e igual de importante (porque nadie me entienda mal, no desprecio el dinero, pero como nunca lo he echado en falta, nunca me ha preocupado demasiado…) Juro que llevo días pensándolo y no se me ocurre nada, y como tampoco quiero favores porque no me gusta deberle nada a nadie, que es muy cansado, quizás pueda jactarme de no estar en venta. De lo que sí estoy segura es de que jamás me vendería al precio que se venden muchos a mi alrededor. No vendería mi integridad periodística para que los del Ayuntamiento fueran mis amiguitos y me organizaran lecturas de mis libros (¡Qué espanto! ¡Qué aburrido!) o me pusieran un puesto para firmar libros el día de Sant Jordi. No me vendería a ningún partido ni grupo para que me nombraran jefa de informativos o directora de ningún medio. Qué desprecio me merecen mis compañeros que así lo han hecho. Ni vendería mis principios ni a un amigo ni destrozaría una investigación policial por publicar una noticia a toda costa, y mi sargento preferido lo sabe muy bien aunque nos pasemos la vida jugando al gato y al ratón, siendo yo indistintamente uno y otro.

Y si ser un periodista complaciente y hacerle el juego a uno u otro partido político para que lo promocionen ya me parece venderse barato, más barato me parece dejarse comprar por un pase de discoteca, el que han aceptado al inicio de la temporada concejales y consellers de uno y otro partido. De las empresas privadas jamás hay que aceptar regalos. Jamás. Que se lo pregunten sino al ya ex presidente de la Generalitat Valenciana.

Y, por lo que yo sé, todos aceptan ese regalo, esos pases de discoteca, pero si hay uno solo que haya tenido la integridad moral necesaria para devolverlo a la discoteca y demostrar que no está en venta le agradecería que me lo hiciera saber, que me comprometo a darle mi pública enhorabuena… Y me pregunto, por cierto, porque ningún político ha dicho ni una palabra de que la Unión Europea haya acusado Ibiza de promocionar la droga y ser responsable de que haya más drogadictos… ¿Habrán tenido miedo de no recibir ese pase de temporada que les dará cierto estatus de ‘guays’ entre sus amigos? A mí, sinceramente, el sobre con el pase de discoteca no me parece más que otra versión del clásico sobre con dinero. No es muy diferente a lo de los trajes de Camps que, por fortuna y por fin, le han obligado a dimitir.

Pero, claro está, y ahora lo entiendo, el precio es más o menos bajo en función del valor que tú des a tu integridad, como político, como periodista o como persona, sin más. Y, de esta forma, los periodistas complacientes a los que organizan eventos o ponen a dirigir algún medio no tienen una integridad que proteger, así que el precio, en verdad, es bajo por reírle las gracias al político de turno; les sale casi gratis. De los políticos que aceptan regalos podríamos decir algo similar, y tal vez no tengan integridad moral que defender, pero en este caso, hay una diferencia importante: a ellos podemos exigirles, primero, que si no la tienen, al menos lo parezca. Hemos llegado al punto de que hasta se hace alarde de la corrupción, y ya, desde aquí, ¿cómo volvemos atrás?

(La foto del dinero es de la última operación llevada a cabo por el GRECO en Sevilla)

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en opinión y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s