El robo de ‘La Gioconda’

Este año se cumple un siglo de uno de los robos más famosos de la historia. Parecía el robo impracticable, tanto que en el París de la época, para los imposibles, se usaba la expresión ‘esto es tan difícil como robar la Mona Lisa’ . Y, sin embargo, pasó. Fue el 21 de agosto de 1911. ‘La Gioconda’, el famoso y valioso cuadro de Leonardo da Vinci, desapareció del Louvre y, a las puertas de la I Guerra Mundial, a punto estuvo de anticiparla. Los franceses sospecharon de Guillermo II de Alemania y periódicos alemanes, por su parte, insinuaron que el robo era una artimaña francesa para fomentar el odio hacia Alemania. En el transcurso de la investigación, el poeta Apollinaire fue detenido. Y también fue interrogado Pablo Picasso, con antecedentes por comprar arte robado.

Hoy, el robo de ‘La Gioconda’ es un capítulo significativo de la historia de la Criminología, porque demostró al mundo hasta que punto era importante implantar un sistema de identificación basado en la huella dactilar y, también, la necesidad de encontrar un método eficaz de clasificación. De hecho, el robo no se resolvió hasta dos años más tarde porque los dactilogramas que hasta entonces se habían ya recopilado en la capital francesa no estaban en un fichero adecuado. Y había que cotejarlos uno por uno, en las fichas antropométricas que constituían el sistema identificativo todavía imperante y al que Bertillon, su creador, había empezado a añadir huellas dactilares en 1894. Y es que el propio Bertillon, que,por cierto, nunca llevó muy bien que la dactiloscopia superara su método antropométrico, había encontrado la reluciente huella de un dedo en el cristal de la vitrina en la que se encontraba el cuadro.

Y el autor del robo tenía antecedentes; sus huellas se encontraban en los archivos desde tres años antes. Pero esto no se supo hasta diciembre de 1913, cuando el ladrón, Vicenzo Perrugia, fue arrestado, poco después de ofrecer ‘La Mona Lisa’ a un anticuario florentino. Perrugia declaró que quería devolver al pueblo italiano una obra de arte robada por Napoleón, pero lo cierto es que intentó sacarle mucho dinero al cuadro, que extrajo del Louvre ocultándolo bajo una holgada camisa de pintor. Había entrado cuando el museo estaba cerrado, pero los vigilantes lo conocían de vista porque formaba parte del equipo de pintores de brocha gorda que participaba en la reforma que se estaba realizando en el edificio.

El robo se podría haber esclarecido en unas horas con el fichero adecuado y si se hubiera tenido un poco más de vista a la hora de darse cuenta de que la dactiloscopia le daba cien patadas a las fichas antropométricas. Sin desmerecer el trabajo de Bertillon y reconociendo su enorme esfuerzo a la hora de abrir caminos. Quizás sea bueno recordar la historia de la Criminología ahora que la huella genética ofrece nuevas posibilidades en la investigación criminal.

(Si quieres saber algo más de esas posibilidades de la huella genética, puedes leer el artículo sobre el archivo genético)

https://territoriocat.wordpress.com/2010/11/08/la-genetica-y-la-teoria-de-la-conspiracion/

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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Una respuesta a El robo de ‘La Gioconda’

  1. María dijo:

    Me encanta París, y dentro de la ciudad, el Museo del Louvre. Y todo porque allí está La Gioconda, de lo mejor que ver en Paris, y es que no sólo es por la pintura y lo bonito del cuadro sino por toda la historia que la rodea y su misterio.

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