¡Papá, dame dinero!

  En el país en el que los ineptos tienen más oportunidades de prosperar, a pesar de las leyes de la evolución, se ha instaurado un sistema bastardo en el que no gana más quien más posibilidades y preparación tiene para ello, sino el que más llora. Nos hemos instaurado en el sistema de las subvenciones, sean directas, se llamen ayudas o vengan camufladas detrás de premios a la literatura o a la música en catalán, publicidad a los medios de comunicación afines… o demás eufemismos.

Y cuidado, que luego hay quien interpreta lo que le da la real gana a pesar de la tajante claridad con la que suelo expresarme, no digo que no deban existir las subvenciones y ayudas, lo que mantengo es que se abusa de ellas hasta el punto de que con ellas estamos destruyendo las leyes de la natural competencia. Para entendernos, un ejemplo muy sencillo: si tu libro es una mierda con la que no eres capaz de competir en el mercado, ¿por qué una institución tiene que pagarte para que ganes más, por la cara, que aquel otro escritor que se ha ganado a pulso un puesto y vende su obra bastante bien? No tiene sentido…

Aplícalo a todos los sectores de la vida, porque en todos los sectores hay opción a subvenciones, ayudas y similares. ¿Por qué si sumas subvenciones porque eres mujer, emprendedora joven y pones el nombre de tu tienda en catalán prácticamente te monta el negocio el Estado? A eso no lo llamo yo, precisamente, ser emprendedor…

Porque no solo hay lloricas en las islas, pero es que en ellas, además, está el tema del catalán y el tema de la tradición, con los que se puede amparar la subvención de absolutamente cualquier cosa… De forma que hemos llegado al punto de que se subvenciona la fabricación de castañuelas típicas de Baleares que luego se venden a 300 euros. Y hasta grupos musicales que aún van de rebeldes por la vida, cantan en catalán y financian su afición con subvenciones, como si los demás tuviéramos que pagar sus ambiciones frustradas de rock’n’roll star… Rebeldes con causa. Sí. Estoy segura de que Carlos Segarra no se refería a esto al poner título a uno de los discos más emblemáticos de su banda. Y, de nuevo, que nadie quiera leer en mis palabras el nombre de bandas a las que quizás no me estoy refiriendo…

Todos lloran para que les den dinero. El caso del cine español es de sobra conocido; como se hace una basura con la que no se puede salir a competir a ninguna parte, hay que pagar a los directores por sus auténticos bodrios para que no se muera el cine español. Oye, y si se muere, ¿qué?… El cine español ha llegado a cobrar más en subvenciones que lo que ha ganado en taquilla. Manda huevos.

Y hay grupos que se crean solo pensando en subvenciones, y son asociaciones de mujeres, asociaciones culturales… Si las investigáramos una por una, comprobaríamos que la mitad es prácticamente inoperante y sus integrantes viven haciendo el vago y cobrando del Estado del bienestar. Yo hasta propondría la creación de un equipo independiente de periodistas que se dedicara a investigar, una por una, a todas esas asociaciones que a todos siempre nos han parecido tan sospechosas, ¿alguien se apunta a una cruzada?… ¿A que conoces alguna asociación así? ¿A que has sospechado de alguna?

Por otra parte, insisto, creo que hay que subvencionar asociaciones de minusválidos, fundaciones que suplen las carencias de las instituciones, las apuestas por una economía sostenible, la investigación… Claro que sí, pero no hasta el punto de que el sistema de la subvención impida a empresas y sectores enteros evolucionar para prosperar. La política de las subvenciones los convierte, a unas y a otros, en esos niños inútiles y llorones que jamás sabrán hacer las cosas por sí mismos porque mamá lo hace todo por ellos… en esos niños que luego se convierten en hombres que se asustan cuando se estropea la impresora y no se les ocurre ni apagar y volver a encender porque ya no saben ni usar la imaginación.

Tenemos en este país sectores repletos de auténticos inútiles vagos que jamás podrían sobrevivir en el mercado internacional porque no están acostumbrados a competir en igualdad de condiciones y solo saben llorar a las puertas de los políticos para que les den dinero. No se fomenta el crecimiento, la imaginación, el talento, la iniciativa y el espíritu emprendedor; se premia la pereza, el conformismo, el victimismo y el acomodamiento.

A Papá le es más fácil dar dinero al niño cuando llora que enseñarle a buscarse la vida. Y algo así hace el Estado. No se solucionan problemas; es más fácil dar dinero (a los políticos que gobiernan las instituciones se les da genial derrochar el dinero que no les pertenece). No se solucionan otro ejemplo más los problemas de base de la agricultura española para que pueda subsistir por sí misma; es más fácil dar subvenciones sin más que echarle huevos, imaginación y trabajo.

Luego está cuando las subvenciones se usan para favorecer a amigos o para comprar favores con dinero público, pero de ese tema ya me explayaré más en alguna otra ocasión (y juraría que ya lo he hecho con anterioridad…)

Y luego nos escandalizamos porque las instituciones están endeudadas hasta lo imposible; hay ayuntamientos que deben más de lo que valen. Evidentemente, ese endeudamiento no se explica solo con el abuso de las subvenciones, pero es un factor que debe tenerse en cuenta…

¡Pero si hasta hemos subvencionado a Arzak y a Arguiñano! ¿La gastronomía española también necesita ayuda?

Eso sí, luego nos quejamos porque tenemos un estado paternalista que se mete continuamente en nuestra vida y pretende decirnos cómo vivirla. Hay que ser idiota e hipócrita. No puedes pedirle a papá que te dé dinero para comprarte un coche y luego pretender que no va a querer aconsejarte sobre cuál tienes que comprar y de qué color.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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