Viejas costumbres

En el momento en el que el carabinero Roberto Salvi abandonaba la iglesia de Monreale, un viejo y práctico instinto le obligó a echar un último vistazo hacia el lugar en el que había dejado a su informador. El anciano apoyó en el suelo su bastón de palo de haya, se incorporó y se adentró, a pasos lentos, hacia la nave que guardaba las tumbas de los reyes, recogió de un atril de pie una Preghiera a Santa Rosalía, se sentó cerca del presbiterio y la leyó, en un rumor, como se lee siempre una plegaria.

…Rendi salda la nostra fede,

perchè la professiamo apertamente

e la difendiamo con coraggio,

senza mai vergognarci del Vangelo

e la traduciamo ogni giorno nella nostra vita…

Cuando volvió a dejar el papel en el atril lo hizo con una anotación junto a la imagen de la santa que había librado a Sicilia de la peste. Un mensaje. A la edad de 87 años y con más de quince pasados en prisión, el arrepentido de la Mafia ahora confidente conservaba ciertas manías de sus tiempos con los grandes… los grandes a los que acabó traicionando. El capo corleonés Bernardo Provenzano le había enseñado que la mejor forma de evitar ser atrapado era olvidándose de usar el teléfono, y él mismo empleaba un sistema de mensajes en pequeños trozos de papel, usando buzones estratégicos, hasta para comunicarse con su esposa para que le llevaran la ropa limpia desde la lavandería familiar hasta el lugar en el que se escondía.

Él no disponía de tantos intermediarios como el capo corleonés, pero no los necesitaba. En realidad, no necesitaba nada, sólo mantener viejas costumbres que le permitieran conservar la ficción de que aún le quedaba mucha guerra por dar. El arrepentido llevaba años usando el sistema de dejar notas escritas en los márgenes de las plegarias a Santa Rosalía para decirle al párroco del Duomo que era un esbirro del demonio, un stronzo leccaculo y bastardo, y que sabía que se lo había estado montando con su bendita esposa. Eso sí, en todas las notas, algo que también había aprendido de Provenzano, había alguna invocación divina del tipo ‘que el Señor le bendiga y le proteja’; lo cortés no quita lo valiente.

El cura al que estaban destinadas tan vengativas notas había muerto hacía más de tres años, uno antes que la mujer cuestionada, y el actual, que sabía quien era el remitente de las posdatas a las plegarias, las leía, sonreía y las guardaba en un cajón, por si algún día había que releerlas o para enterrarlas con el viejo cuando le diera la gana morirse.

(De la novela ‘La canción del siciliano’, Cristina Amanda Tur. Editada por Editorial Funambulista)

https://territoriocat.wordpress.com/2012/05/09/la-cancion-del-siciliano/

 

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
Esta entrada fue publicada en Libros y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Viejas costumbres

  1. Pingback: …Y así es un director de puerto deportivo visto por un policía | Territoriocat's Blog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s