Bandera pirata

No entiendo a quienes ponen trabas a la creación de la figura del agente encubierto en internet. No comprendo a aquellos que enarbolan la bandera de la libertad de expresión a la más mínima y acusan de querer establecer censuras a quienes intentan que, de algún modo, internet no sea el paraíso encubridor de delincuentes, maleantes y de todo tipo de malnacido depredador.

El Senado ha aprobado una moción del PP para instar al Gobierno a crear la figura del agente encubierto en internet, con la idea de que policías y guardias civiles puedan infiltrarse en la red y luchar contra la pedofilia y la pornografía infantil obteniendo pruebas inculpatorias, fingiendo ser niños o fingiendo ser pederastas. El PSOE ha votado en contra porque cree que con esta figura los agentes se convierten en cómplices del delito. Y a ver, no nos engañemos, los agentes igual se ven obligados a pasarse algunos vídeos con algún pederasta, a reírle la gracia o a mantener abierta alguna página pedófila, pero siempre tendrán que hacerlo dentro de unos márgenes de proporcionalidad que los mismos policías que se infiltren seguro que son capaces de valorar. Estamos en lo de siempre, ¿hasta dónde dejamos llegar a los policías para que puedan perseguir delitos graves teniendo en cuenta que los delincuentes juegan sin reglas?, ¿qué herramientas les damos?, ¿hasta dónde les dejamos llegar para protegernos?

¿De verdad hay quien no puede asumir que policías encubiertos se transmitan algún material pedófilo con pederastas si el fin supone cerrar unos cuantos sitios de distribución y frenar a unos cuantos desgraciados? Pues, sinceramente, solo puedo entender que estén en contra los malhechores, la verdad… Porque el rollo ese de que no hay que controlar internet, cuando internet se convierte en guarida de indeseables, no se entiende más que viéndolo desde el punto de vista de los propios delincuentes.

Destaca en el asunto, además, el total desconocimiento de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que demuestran tanto el PSOE como quienes se niegan a la ampliación del agente encubierto también para la red. El agente encubierto ya se recoge en la LEC para casos de tráfico de drogas, de armas y, en resumen, de todas aquellas actividades de la delincuencia organizada. Y sí, para que lo sepa el PSOE, hay policías que se ven obligados a transportar algún kilo de cocaína para poder llegar hasta lo más alto en la operación que llevan a cabo. Y que nunca es fácil y por la que se juegan incluso la vida. Me gustaría saber si a los socialistas les parece bien que participen en el tráfico de drogas pero sigue pareciéndoles mal en el caso de que hablemos de internet…

Y digo yo que, si están en contra, quizás deberían haber sido consecuentes y cambiar la Ley de Enjuiciamiento Criminal en cuanto llegaron al gobierno. Aunque, claro, igual el problema es internet, que tenemos que empeñarnos en que sea territorio sin ley, aquel en el que los progres puedan seguir izando su bandera de la libertad de expresión a todo riesgo y de la ‘no censura’… Hasta el día que una banda de estafadores les vacíe la cuenta y la Policía no pueda hacer nada porque esa dimensión es intocable, hasta que sus hijos se graben cometiendo delitos y lo cuelguen en youtube o hasta que algún bandido use a un niño que conocen para sus perversiones y la Policía no pueda hacer nada porque no dispone de los mecanismos de investigación para poder hacerlo… ¿Desearán entonces acabar con la impunidad en la red? ¿Cambiarán la bandera pirata por la blanca?

No entiendo a un partido que por un lado desarrolla una ley para internet como la llamada Ley Sinde y luego se pone ‘progre’ a la hora de dar herramientas a la Policía para poder hacer su trabajo frente a delincuentes como los pederastas.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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