Corazón de narcotraficante IV

Los que ven demasiadas películas tienden a creer que los criminales de bandas organizadas son personas inteligentes que hablan como John Wayne y que se enfrentan a la Policía en un duelo de estrategia que engrandece a unos y otros, pero, en realidad, casi todos los delincuentes son, aparte de unos grandísimos malnacidos, patanes iletrados, energúmenos algo trogloditas, machistas e inútiles vagos que viven sólo para parasitar esta sociedad, a la que cuestan mucho dinero y muchas lágrimas. Así de simple. No es nada romántico.

 Pueden ser personajes interesantes, eso sí es cierto, pero las amebas también lo son. Como objeto de estudio son muy seductores. En la Operación Colapso –esa en la que la Policía ha desmantelado un laboratorio de adulteración de cocaína en Villanueva de Perales– hay un par de personajes de estos. El primero de ellos es Ana, una de esas pobres idiotas que basan su patética femineidad en una tetas de plástico (y glúteos) y que tuvo la mala fortuna de que la operación, realizada en Medellín, le salió mal y se le infectó. Confieso que no me conmueve su desgracia; y es un eufemismo. A esta mujer, que debe ir algo perdida por la vida, y aún teniendo en cuenta la presunción de inocencia y esas cosas, le había dado por los rituales santeros e ‘invertía’ parte de la pasta obtenida del negocio del narcotráfico en contratar a brujos cubanos que le destripaban animales, qué espanto, para decirle si el alijo de ‘coca’ iba a llegar sin problemas. Como si las divinidades yoruba estuvieran para estas cosas…

Pues a la vista de los resultados, ya no te puedes fiar ni de los brujos, aunque yo esta semana he encontrado en mi buzón el anuncio de uno que dice que dispone de “los espíritus más rápidos y poderosos que existen”. Enhorabuena, chaval.

El segundo personaje interesante relacionado con el laboratorio es Lauro, colombiano nacionalizado español que tiene bares, restaurantes y gimnasios en Madrid. A mí me gusta este personaje porque me sirve para insistir en algo que muchos quieren tapar (sobre todo en Ibiza). Hay quien todavía intenta desvincular el negocio de bares y discotecas con el negocio de la droga, pero, ya sea en Ibiza, Roma o Madrid, una vez más, camareros y ‘machacas’ de puertas se revelan como los distribuidores preferidos por las organizaciones de traficantes. Es, como suele decirse, de cajón… Si yo fuera traficante, querría a mis ‘camellos’ metidos en las discotecas de Ibiza, no en los centros de buceo de Formentera… Es más, si yo fuera traficante, abriría una discoteca. Me habéis entendido, ¿no?

Pero si yo fuera una deidad yoruba invocada por un santero, en lugar de garantizar la llegada a buen puerto de un alijo de droga, haría drogadictos a los hijos de los traficantes, y a los hijos de aquellos políticos hipócritas que felicitan a los policías sin darles medios y luego protegen el negocio de las discotecas y aceptan sus pases VIP –y quizás algo más– sin ni siquiera plantearse que hasta los detalles tienen un precio.

Un policía me cuenta que el tal Lauro es de los que proporcionan drogas al ‘famoseo’ televisivo y a deportistas de Madrid y que, además, es de los que gustan de hacerse fotos con ellos para sentirse alguien importante (en Ibiza también tenemos personajes así), como si algo del dorado de carnaval de los famosos se quedara pegado a ti si los tocas… Y me cuentan que hay quien ahora mismo reza a cualquier divinidad, yoruba, hebrea o hindú, para que esas fotos no vean la luz, pero ¿a qué imbécil se le ocurre dejarse fotografiar con quien le consigue la droga?

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en opinión y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Corazón de narcotraficante IV

  1. Pingback: Corazón de narcotraficante IV.Los que ven demasiadas películas tienden a creer que los criminales...

  2. Pingback: Corazón de narcotraficante V. ¿Dónde escondes la droga? | Territoriocat's Blog

  3. petufa dijo:

    Buenísima entrada, Cris…
    Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s