La castración química

En el año recién acabado, ahora que es el momento de hacer balance, un preso español aceptó, por primera vez, someterse a la castración química. Era un violador con alto riesgo de reincidencia (como todos, vamos)… Hace un par de veranos, el presidente Sarkozy, además de enseñarnos su bañador, reabrió el debate sobre la castración química. Y el caso que le llevó a abogar por medidas contundentes contra los agresores fue el de un niño violado por un pederasta condenado tres veces por abusos sexuales y que no hacía mucho que había abandonado la cárcel…

Los políticos españoles no tardaron en tomar posiciones por si a alguien se le ocurría pedir lo mismo por tierras españolas –nada raro si tenemos en cuenta la frecuencia de casos polémicos–, y juristas y teólogos del Derecho se aprestaron a recordar que, con las normativas actuales, la castración química no es una opción y que nadie puede ser obligado a someterse a tal tratamiento.

Pero las leyes siempre pueden cambiar –es sólo un poco más complicado que las recalificaciones de terrenos– y más interesante es la opinión de médicos y psicólogos que afirman que la eficacia de la castración por vía de pastillas es cuestionable, entre otras cosas porque el mal está en el cerebro. Y no hay que olvidar que, en realidad, hay asesinos que matan precisamente porque ya son impotentes y enfocan su agresividad hacia distintas formas de muerte. También son agresores sexuales aunque su sexo no esté en vigor.

Lo que ninguno suele recordar y los criminólogos saben muy bien –o deberían saberlo– es que la agresiones sexuales tienen más que ver con el poder y la dominación que con el sexo. Casi todos los violadores pueden disfrutar del sexo de otras muy diferentes formas, y seguro que las emplean, pero en sus agresiones buscan algo más; lo que les excita no es su víctima, sino su indefensión, su debilidad y su forma particular de violencia y sadismo. La víctima no importa. Y mientras no se entienda eso no vamos a ningún sitio y seguirá habiendo jueces que consideren que la víctima provocó a su agresor. Qué estupidez. Sostienen algunos médicos que tratar los deseos sexuales de los criminales no va a ninguna parte si el problema radica en otras necesidades y en otras discapacidades.

Quizás todos son demasiado políticamente correctos, porque todos hablan de reinserción y tratamientos, de derechos fundamentales y de agresores que ya han cumplido la pena, sin admitir que no se conoce una cura para los violadores de comportamiento sistemático, que la reincidencia es preocupante, que la prisión no sirve para nada y que la mayoría perfecciona sus ataques. Si lo suyo es la psicopatía, ocho de cada diez reinciden y lo hace mejor que antes. José Antonio Rodríguez Vega –el asesino de ancianas de Santander– primero ‘sólo’ violó y, con su gran poder de convicción, logró que tres de sus víctimas lo perdonaran y ello contribuyó a que el Supremo redujera su condena. Fue un preso modelo que redimió condena por trabajo y, ya en la calle, acompañó las agresiones con la muerte; los testigos muertos no hablan. Muchos asesinos han podido matar porque se les ha dejado en la calle a pesar de su peligrosidad: Joaquín Ferrándiz, Josep Tadella, Shawcross, Juan Manuel Valentín Tejero o Pedro Jiménez García, ‘el Conan’. Así que me parece más interesante la posibilidad ya planteada hace dos años por la Fiscalía de tratar a violadores y asesinos reincidentes como terroristas, aplicando los beneficios penitenciarios a partir de la suma total de las condenas (que pueden ascender a cientos de años) y no sobre un máximo de 30 años, que es lo que la ley permite.

Pero si la castración química sirviera para algo, o para algunos, mejor ellos castrados que yo muerta. La vida es siempre cuestión de prioridades, y en mi mundo ideal el derecho de los inocentes a protegerse está por encima del derecho de los malos a seguir cometiendo maldades.

Anuncios

Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
Esta entrada fue publicada en opinión y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s