Mejor muertos

Aún más triste que comprobar, una vez más, que existen malnacidos capaces de mantener prostituida a una niña que cometió el error de enamorarse de un “rumano apuesto” es constatar que hay desgraciados sin moral capaces de aprovecharse de ello. Degenerados de medio pene y escoria de los lupanares que mejor están muertos que vivos.

Si hay algo infinito e interminable en este mundo es la capacidad humana para hacer el mal. Y creyéndolo así, no me ha sorprendido conocer la historia de esa menor de Madrid arrastrada hasta un pueblo de Badajoz para ser prostituida por lo que se dice cuatro duros y entregada a medio hombres trogloditas, monstruos envilecidos y rufianes que se saben basura y necesitan pagar por sexo para sentirse un poco poderosos. Qué triste y qué patético. Treinta miserables euros en una caseta en un vertedero.

No siento decir que me parece estupendo que un ex concejal de IU se haya pegado un tiro tras ser acusado de contribuir a la prostitución de la niña. Quizás se hizo concejal por la misma regla de tres por la que se hizo putero; porque, sabiéndose una mierda, tales pequeñas miserias le hacían sentirse un poco poderoso. Un cargo político y pagar por sexo hacen crecer un poco los penes; pero es sólo una ilusión… Y lo siento por la familia y amigos, que al final sufren las pérdidas que no son tales, pero insisto en que hay seres que están mejor muertos que vivos haciendo daño a los demás…

El juez de paz, otro ex concejal, un empleado del basurero, un agricultor… ¿Es la endogamia la que aumentó el número de cavernícolas anormales dispuestos a violar a una niña y pagar a un puto rumano 30 euros por ello?

Mi madre se escandaliza siempre que digo que hay seres infames que están mejor muertos que vivos. Supongo que teme que algún día me dé por decidir sola quién merece seguir en el reino de los vivos y a quién podemos enviar derechito al infierno. Sospecha que un día “me pondré una peluca negra y un vestido rojo, robaré un cetme y me liaré a tiros… Y cuando lo haga, cariño, puedes estar seguro de que habrá muertos, muchos muertos…”

 Pero lo de la peluca negra, en realidad, es una frase de una de mis novelas, porque mato en los libros a malnacidos como los anteriormente citados para sentirme mejor y reconciliarme un poco con la especie humana.

Ray Bradbury me ha clavado en su libro ‘La muerte es un asunto solitario’: “Diablos, no. Sólo eres uno de esos tipos que mata a la gente en el papel para no tener que matarlos de verdad. Lo siento”.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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