Elefantes blancos

No acabo de entender lo de Birmania. Es decir, no comprendo por qué en Europa hemos cambiado nuestros mapas para dejar de llamar Birmania al país del arroz y la adormidera y hemos aceptado sin más llamarlo Myanmar –oficial ya para la ONU desde el pasado mes de octubre– cuando ese es el nombre que le ha impuesto la dictadura militar que ha empobrecido a los birmanos al tiempo que ha construido mansiones con campos de golf para sus mandatarios (¿por qué los campos de golf siempre van relacionados con el derroche de la corrupción?).

En Birmania, la diferencia la marca que en los colegios se enseñe a los niños que viven en Myanmar, capital Naypyidaw, o en Birmania, capital Rangún. Porque darle otro nombre al país ha sido la máxima demostración y símbolo de propiedad de la tiranía, pero no contenta con el cambio también ha trasladado la capital desde Rangún –que al parecer tiene demasiadas ínfulas de democracia– hasta una recién creada Naypyidaw que yo, no sé por qué, no consigo imaginar distinta a la sitiada Minas Tirith de ‘El Señor de los Anillos’. (Será porque Naypyidaw significa ‘asiento de reyes’ o algo así).

La ‘colla’ de la intelectualidad iluminada y la cultureta de café de artistas de este país de papanatas, España, quiero decir, corrige a quienes aún, aunque sólo por simple ignorancia, hablan de Birmania y Rangún, y sin embargo no entiende ni de lejos cuál es la miseria de un país que busca elefantes blancos porque significan buena suerte al tiempo que simbolizan la legitimidad de sus dirigentes, lo que, en Birmania, no deja de ser una incongruencia

La Europa, la España, de los iluminados que, en realidad, sólo brillan por su narcisismo y su incapacidad de ser nada si no pueden reflejarse en el río y en los demás, acepta Myanmar como animal de compañía y luego se levanta en armas (de cartón piedra) cuando la junta militar birmana arrasa una tropa de monjes manifestantes (ocurrió en 2007).

Ellos, los iluminados, los que corrigen a los que aún hablan de Birmania, han clamado hasta ahora por la liberación de la premio Nobel Aung San Suu Kyi, y digo hasta ahora porque por fin su condena de arresto ha acabado (el día 13)… ¿Qué pensará la mujer emblema de la oposición birmana de que Europa, tan progre ella, haya aceptado que los tiranos cambien el nombre de su país?

Las causas, para defenderlas, habría primero que entenderlas. Para no decir estupideces. Para ser consecuentes y saber distinguir los elefantes blancos y los símbolos negros. Pero aquí, en España, donde se ha profesionalizado el paladín de las causas justas, da igual si uno entiende o no entiende… Con poner expresión de ‘me importa mucho el mundo’ ya vale (curioso, por cierto, que tengamos tantos actores incapaces de ser creíbles en escena y tan entrenados en su expresión de progres con conciencia).

Y otro por cierto, Willy Toledo, el que no entiende Cuba pero apoya el castrismo porque, al parecer, las dictaduras de izquierdas son mejores que las de derechas, y pregunto, Willy ¿está ya en el Sáhara dándole la mano a algún saharaui? A él y a su ‘colla’, un consejo: situad primero El Aaiún en el mapa, no vayáis a acabar al sur del Congo belga… Perdón, República Democrática del Congo… Birmania, capital Rangún.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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Una respuesta a Elefantes blancos

  1. mateos dijo:

    magnífico artículo

    Jose R. Mateos
    geógrafo

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