Domando caballos

Hay pocas cosas que hagan tanto daño a la igualdad entre hombres y mujeres como las políticas que se llevan a cabo para conseguirla, unidas a toda la lista de organizaciones de mujeres que, en vista de los resultados y del trabajo que llevan a cabo, creo que sólo existen para cobrar subvenciones. Sé que parece contradictorio, pero es que eso de la discriminación positiva es algo que deberíamos superar ya. Por otra parte, destacar a todas horas que ahora tenemos mujeres ‘bomberas’, en el Ejército, en la política, escalando montañas en el quinto cuerno o como instructoras de tiro en la Policía Local (qué pesados ya con la instructora) queda ya muy antiguo y sólo consigue el efecto contrario: da grima, en realidad. Si es normal, o debería parecernos normal, destacarlo no lo normaliza, precisamente.

Y pongo un ejemplo de los errores de la discriminación positiva. El Ayuntamiento de Ibiza envió un día una nota de prensa para informar de las nuevas empresas del proyecto Eivissa Crea. Una de ellas era de fontanería, y resulta que era la primera empresa “de un sector típicamente masculino en el que las promotoras y trabajadoras son mujeres” (es curioso, por cierto, porque antes ponía que uno de los promotores se llama Daniel). Vale. Pero lo realmente divertido viene ahora. Seguía la nota: “reflejando así una perspectiva de trabajo basada en la perfección tanto funcional como estética y optimizando la cualidad de sus servicios”. Sí, claro, es que sólo una mujer o un homosexual pueden conseguir que una empresa sea ‘estéticamente’ aceptable… Lo de ‘optimizando la cualidad de sus servicios’ como, en realidad, no significa nada, no puede ni analizarse; puedo llenar todo un libro con las frases sin sentido que nos llegan en notas, comunicados y demás zarandajas de instituciones y partidos políticos. Lo más triste es que habría sido una mujer la que lo había escrito, porque en el gabinete de prensa del ayuntamiento todas son mujeres….

Mientras pensemos que el problema del machismo se reduce a una cuestión de quien hace la comida y quien lava los platos o de cuantas mujeres y cuantos hombres hay en el sector de la fontanería o en el del diseño de interiores, no vamos a ninguna parte.

Más preocupante que lavar los platos me parecen a mí detalles a los que nadie parece prestar atención pero que son los que, en verdad, hacen pervivir la desigualdad, la parte más perniciosa además, la que nos hace parecer a todas frívolas tontas de remate. Y tengo un par de buenos ejemplos que ya he usado en alguna ocasión. En un concierto del grupo ibicenco Ressonadors, uno de los chicos tenía que presentar a una de las cantantes que participaban, y, para hacerlo, empezó a soltar los manidos y gratuitos piropos sobre lo simpática y guapa que era –no sé por qué creen todos que es lo que todas queremos oír–, para acabar diciendo: “y además sabe cantar”. Vaya, y yo que pensé que estaba ahí precisamente por eso… A mí, una presentación como esa me parecería una ofensa imperdonable, ciertamente. ¿Presentaríamos así a un hombre?

Y el mejor. Una marca de cuchillas de afeitar saca al mercado su versión para mujeres y su eslogan es: ‘Disfruta la suavidad de un mundo diseñado para nosotras’ y resulta que lo que nosotras necesitamos, a juzgar por las imágenes y según nos asegura Gillette, es un coche con múltiples compartimentos de los que podamos extraer maquillajes, sombras de ojos de mil colores, pincelitos… Eso es lo que necesita mi coche, sí. A mí que me quiten el trastito del airbag, que no lo he usado nunca, y me pongan ahí una paleta de rojos pasión, por favor, no vaya a ser que me paren los guapitos de la Guardia Civil de Tráfico y yo no lleve los labios pintados…

Esto sí hace daño. ¿Y dónde están las asociaciones de mujeres? Ah!, sí, rellenando formularios para solicitar subvenciones…

El problema no es quien cocina en casa ni quien friega los cacharros… Eso sí, yo, por si acaso, siempre me los he buscado ‘cocinitas’, y que se apañe él con la tortilla de patatas (sin cebolla), que yo estoy muy ocupada domando caballos.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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