Corazón de narcotraficante III

Miserables. Creo que ese es el adjetivo que mejor define a esos traficantes de droga de son Banya, el barrio de la droga de Mallorca, capaces de amontonar contenedores llenos de billetes bajo sus chabolas. ¿Qué tiene el dinero que hay tantas personas que sólo piensan en acumularlo sin más, sin objetivos concretos? Los traficantes de droga tienen un espíritu miserable, no sólo por la condición de aquello con lo que trafican sino también porque, y fíjate bien en ellos, siempre dan ejemplo de la miseria humana, de una u otra forma, porque amontonan y entierran dinero para vivir sobre él y cuando lo gastan es sólo para adquirir aquello con lo que puedan hacer ostentación de su poder ilegal, porque si se compran un coche no será un clio y si hay que llevar joyas pesarán tres quintales. Llevan escrito en la frente: ‘Soy un miserable’.

La Policía encontró un día, en una de las operaciones más grandes llevadas a cabo en el gueto, más de cuatro millones de euros enterrados, además de 8.000 dólares y siete kilos y medio de joyas, bajo el suelo de hormigón del garaje de una de las viviendas del barrio gitano de Son Banya. El barrio de la heroína de Mallorca. Amontonar billetes en contenedores bajo el suelo para vivir sobre él en una asquerosa casa chabola… Toda una metáfora de las miserias humanas. Eso sí, con un coche de los que llaman de lujo en la puerta. ¿Y por qué todos son igual de miserables?

Si un día desmanteláramos sa Penya, la versión pitiusa de son Banya, es más que probable que también halláramos contenedores de billetes sin ni siquiera contar bajo las casas. Porque, habitualmente, no es en cuentas bancarias donde estos traficantes guardan su dinero. Un comerciante de La Marina ibicenca que tiene entre sus clientes a sospechosos de vivir del dinero de la droga aún es capaz de sorprenderse de la forma en la que ellas sacan de los bolsos fortunas en billetes enrollados para pagar un champú mientras le dicen que es muy caro y que debería hacerles una rebaja, mientras los chavales que las acompañan intentan robarle algo. O sorprenderse de esas pandillas de jóvenes cachorros de las familias del tráfico de drogas que van por las tiendas robando lo que pueden o intentando estafar a algún comerciante y que, cuando los pillan, aún se atreven a gritar a la empleada que qué se ha creído, que ellos han visto más dinero que ella… ¿tanto dinero y vienes a robar un lápiz para pintarte los ojos?

Los de drogas de la comisaría ibicenca han intervenido cuentas bancarias a traficantes de sa Penya en algunas operaciones, y han encontrado propiedades en Andalucía adquiridas con dinero sucio, pero quizás deberían empezar a buscar el dinero bajo los suelos de esos cuchitriles en los que los traficantes viven… Sus churumbeles van con la ropa rota, comen mal y hasta tienen que robar las golosinas, pero en los muros de sus casas hay bolsas de cocaína y bajo los colchones de sus padres se amontonan billetes.

Y anunció en su día el delegado del Gobierno en Baleares, qué listo es, que el dinero de los contenedores –¿a qué deben oler esos billetes enterrados a montones a 30 centímetros de profundidad?– sería destinado a la lucha contra el narcotráfico. Sí, claro, pero no porque se le ocurriera a él, sino porque hay una ley que así determina que debe ser… Pero al parecer, a Ibiza y Formentera, una vez más, no les ha tocado nada útil, más allá de felicitaciones y medallas… Los guardias civiles y policías de estas islas, a ver si se enteran, no necesitan que los políticos los feliciten por sus éxitos contra la droga; lo que quieren es que se dejen de rollos y les pongan más medios, que es increíble que un equipo antidroga como el que la Guardia Civil tiene para Ibiza y Formentera trabaje con apenas cuatro agentes. La política también es miserable.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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3 respuestas a Corazón de narcotraficante III

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  3. Dehborah dijo:

    Ay! si yo te contara donde esconden la pasta, alucinabas, los gitanos son mucho de enterrar dinero, no creas que es solo en Son Banya, esto pasa en muchos poblados chabolistas, como no quieren dar cuenta de lo que tienen lo entierran y encima edifican.
    Hoy he leido en el periodico que Son Banya está cerrada las 24 horas desde hace unas semanas para evitar la venta de droga, lo cual me parece muy bien, a ver si acaban con toda la droga. Amén.

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