Operación Cara Limpia

El Consejo General del Poder Judicial se ha gastado 236.000 euros en una campaña para intentar recuperar la confianza de los ciudadanos en la Administración de Justicia, en los jueces y magistrados, concretamente. Y pretende el consejo de sabios que los ciudadanos olvidemos los errores de sus señorías y los contubernios con la política sólo porque usan el dinero que podría invertirse en otras cuestiones en unos anuncios en los que, por ejemplo, podemos ver a una madre abrazada a su hija y el lema “Que aquello que más queremos esté protegido es de justicia”. El recurso al vínculo paterno-filial da hasta repelús por lo manido y cursi, por cierto. Hay cuatro tipos distintos de anuncios y sus lemas, además del ya citado, hacen referencia a la libertad, la igualdad ante la ley y el derecho a vivir “en un lugar seguro”.

Pero, independientemente de que esos anuncios carentes de imaginación no valen el dinero que se haya pagado por ellos, ¿quién ha hecho creer a los jueces que así se va a recuperar la confianza en ellos? El propio ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha sido incapaz de defender la campaña del CGPJ cuando los senadores nacionalistas vascos le han preguntado por ella. Caamaño no ha querido valorar la decisión del gobierno del Poder Judicial, pero ha afirmado que lo que hay que hacer es trabajar por la transformación del sistema de justicia y ofrecer un mejor servicio público a los ciudadanos para cambiar la percepción que tienen de los jueces.

¿Y no tiene razón el ministro? Señores, señorías, han tirado el dinero (no quiero pensar que, en realidad, ha sido una jugada para pagar a alguna empresa amiga del cerebrito al que se le ocurrió la idea de promocionarse de tal modo)… Han tirado el dinero, porque la imagen de los jueces no se lava con el triste recurso de apelar a libertades y derechos en anuncios pagados, sino con trabajo bien hecho. Demostradnos vuestra independencia, poned en su sitio al Poder Ejecutivo cuando intenta coartar al Poder Judicial, bajad de vuestros pedestales adornados de palabrería incomprensible, absurda y tantas veces incorrecta, y abrid vuestros juzgados al mundo real. Resolved problemas y haced limpieza en casa cuando sea necesario hacerla.

Y ya sé que he pasado de trataros con la formalidad del ‘usted’ a la familiaridad del ‘tú’. ¿Si siempre lo he hecho así con el resto del mundo, por qué ahora me estaba dejando llevar por el aura de endiosamiento inescrutable que la Justicia ha construido durante siglos alrededor de sus jueces? En realidad, eso es lo que a muchos duele; perder el aura de señorías, de ‘decididores’ del destino de los otros, esa distancia con la humanidad que ha sido forjada por tantos años de errores y algún que otro acierto… Y forjada para que el común de los mortales creyera en la Justicia como quien tiene fe en Dios. Eso se acabó. Lo siento. La fe ya no es lo que era.

Los ciudadanos que sufren dos años para resolver un desahucio que tendría que resolverse en días, los guardias civiles y policías que deben decidir las fechas de sus intervenciones en función del juez que esté de guardia, los demandados que tienen que buscar a los abogados que saben que son más simpáticos a determinados jueces, los que vemos a atracadores con más de 70 antecedentes policiales salir en libertad a la calle tras declarar ante un juez, los que vemos como se protege a mafiosos de discoteca y como algunos asuntos muy concretos se pierden entre papeles y que vemos a un político detrás de otro librarse de grilletes y prisiones, todos nos reímos de los anuncios del CGPJ para lavar la imagen de sus jueces. Operación Cara Limpia.

La Justicia necesita eficacia no anuncios. ¿No son ellos los que siempre piden pruebas? ¡Nosotros también pedimos pruebas!; hechos y no recursos sensibleros al amor paterno-filial ni populismo sobre las libertades y la igualdad.

 Leí en El Mundo un artículo de opinión sobre esta campaña del CGPJ en el que se decía que “los buenos jueces no necesitan de anuncios como los patrocinados por el CGPJ”. Cierto, pero es que el artículo lo firmaba, mira por donde, el ex juez Javier Gómez de Liaño. ¿Os acordáis de él? Condenado por prevaricación y apartado de la carrera judicial, e indultado luego sin más por el Gobierno de José María Aznar, al que había seguido el juego en su ataque al grupo PRISA. Hoy es uno de esos abogados caros que defienden a mafiosos que creen que sabrá usar sus contactos. Es el abogado de Kalashov, el jefe de la mafia rusa georgiana detenido en Marbella en junio por la Policía. Es el abogado del que los agentes cuentan que no se corta a la hora de buscar favores en el Ministerio de Interior para obtener beneficios para su cliente.

Y estará haciendo su trabajo, vale, pero si ni los abogados que han sido magistrados creen ya ni en la división de poderes ni en las formas, ¿por qué el resto del mundo tendría que creer en el sistema? Si las bondades de los jueces las van a cantar licenciados en Derecho como Gómez de Liaño, vamos todos apañados. ..

La credibilidad de la Justicia está bajo mínimos –como la de los políticos y la de los periodistas, dicho sea de paso–, y es preocupante, pero la confianza siempre, y en todos los aspectos de la vida, hay que ganársela a pulso no insultando a los ciudadanos con cuatro anuncios estúpidos… porque, señorías, es un insulto pretender que nos vamos a tragar sin más ese mensaje de qué buenos son los jueces de este país y qué bonito es que te quiera la madre patria.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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