Mussolini y la ciudad de cartón

Cada vez que nos muestran la maqueta de un proyecto –sea la de un nuevo hospital o la del Parador del Castillo de Ibiza– me acuerdo de Mussolini. Sí, me refiero al dictador italiano, no es el nombre de mi gato… Ya sé que es una relación un tanto extraña, pero seguro que lo será menos para quien conozca la historia de Mussolinia de Sicilia, la ciudad jardín que nunca existió pero que aparecía en las guías turísticas… Una historia divertidísima.

A Francisco Franco se le entregó la medalla de oro de la ciudad de Ibiza, porque a los dictadores hay que tenerlos contentos, y en los años 50 inauguró en la isla las viviendas de protección de sa Graduada que ahora tienen que desaparecer con el proyecto Eivissa Centre…. Cómo les gusta a todos inaugurar cosas, en eso son iguales los dictadores y los demócratas sean de derechas o  de izquierdas, que si quedaran pantanos por inaugurar, Zapatero ya se habría convertido en carpa.

A Franco le dimos la medalla, pero al menos no pretendimos nunca construirle una ciudad como los sicilianos a Mussolini. ¿Y cómo podría haberse llamado la de Franco si a alguien se le hubiera ocurrido la idea de hacerla? ¿Franquicia o Franquinia? ¿Pacocity? Cuando Mussolini visitó Sicilia en 1924, a los gobernantes de Caltagirone se les ocurrió dedicarle una ciudad, Mussolinia, en la que el Duce debía poner la primera piedra. Deprisa y corriendo, se eligió un bosque de alcornoques –mira por donde– y se arrasó para hacer sitio a la maravillosa ciudad jardín que engrandeciera el recuerdo del jefe del Estado. Y como tampoco hubiera lucido mucho la ceremonia si el hombre y toda la corte municipal se concentraban sin más en un descampado arrasado, deprisa y corriendo se construyó una plazoleta y una torre y allí, el 12 de mayo, Mussolini plantó la primera piedra, que en realidad vino a ser la tropecientas 99, como la alcaldesa en el castillo, más que menos.

Suponemos que Mussolini se marchó contentísimo de Sicilia. Pero dos años después se acordó de Mussolinia, símbolo de su grandeza, y quiso saber cómo era su ciudad. A los gobernantes de Caltagirone casi les da un pasmo, porque lo cierto es que la città no existía. Nada se había hecho desde que el Duce pusiera allí la primera piedra. ¿Y ahora qué? ¿Quién era el guapo que le decía al dictador que el proyecto se había quedado en nada, que nunca fue en serio? A un lumbreras se le ocurrió que lo mejor era seguir el engaño hasta donde llevara y todos aceptaron su idea de levantar en el lugar un decorado de cartón piedra, un decorado de cine, hacerle unas cuantas fotos y enviarlas a Roma. Son tremendos los sicilianos. Cuando Mussolini recibió las fotos, le gustó tanto su ciudad –Mussolinia de Sicilia para distinguirla de la Mussolinia que todavía hoy existe en Cerdeña– que hizo que incluyeran las fotografías en las guías turísticas…

Un buen día, alguien, se supone que un comunista, claro, envió un anónimo al jefe de Estado con una fotografía –otro montaje–  en la que se veía el mar detrás de la espléndida ciudad jardín y un mensaje rezaba algo así como “hemos traído el mar a Mussolinia”. Caltagirone, por supuesto, es Sicilia interior. Así descubrió el Duce el engaño. Y todas las maquetas, en realidad, son como Mussolinia. Decorados de cartón piedra. Y unos serán reales algún día y otros habrán servido al menos para la foto del día del gobernante de turno. No más fotos de políticos firmando convenios y enseñando maquetitas, por favor.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo a menudo con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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