La historia de Mary Ellen

Le clavaban tijeras para castigarla. La ataban. Mary Ellen Wilson tenía ocho años y vivía en Nueva York y tenía un montón de deberes pero pocos derechos. Cuando la asistente social la conoció, presentaba signos de desnutrición y abandono. Tenía que hacer algo, pero era la década de los 70 del siglo XIX y no había ley alguna que protegiera a un niño contra sus padres. Los progenitores estaban convencidos de que podían hacer con Mary Ellen lo que a sus sádicas entrañas les diera la real gana porque, a fin de cuentas, la niña era de su propiedad, como la mesa del salón o el fregadero de la cocina. Sin embargo, a la asistente se le ocurrió usar un subterfugio y recurrió a los miembros de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad a los Animales para que la ayudaran. Juntos llevaron el caso a los tribunales y los padres de la niña fueron condenados.

La alegación era tan sencilla como eficaz; si Mary Ellen era indiscutiblemente parte del reino animal debía aplicarse al caso la Ley contra la Crueldad hacia los Animales, que hacía años que existía gracias a la intensa labor de la sociedad citada. Y de esta forma, en el año 1874, se dictó la primera sentencia de la historia contra unos padres maltratadores.

Y ahora, lo sucedido a Mary Ellen se cuenta en las clases de Criminología –en Victimología, preferentemente– para recordar que las leyes funcionan a empujones y, también, que no hay que olvidar que los verdugos de los niños son casi siempre los padres y que lo de los instintos maternales y paternales es poco más que una zarandaja inventada por algún memo en aras de la unidad de la familia.

El Servicio de Protección de Menores de Ibiza abrió en 2009 más de 160 expedientes por malos tratos, incluyendo negligencias, abandonos y golpes, físicos y emocionales. Y a mí las cifras, al final, siempre me parecen frías, demasiado difusas, aunque pueda parecer contradictorio, así que se me da muy mal decidir si una cantidad representa mucho o poco… Pero entonces intento ver a una Mary Ellen detrás de cada número y todo cambia. Porque a muchos de los que llegan al Servicio de Protección de Menores se supone que no les clavaban tijeras, pero hay que imaginarse a un niño abandonado, tirado, por ejemplo –como ha pasado– entre unos coches, de madrugada en el párking del Amnesia y preguntarse si, puestos en la tesitura, son peores las tortas o la indiferencia, porque al menos cuando te pegan es porque existes…

Detrás de cada uno de estos casos veo a una Mary Ellen y al final voy más allá del niño para pensar en las consecuencias futuras, porque la violencia es un ciclo que se repite y los abusados de hoy pueden ser los abusadores de mañana. Y es entonces cuando las víctimas que veo al principio se transforman al final en verdugos. No es una ciencia exacta y no pretendo dar por hecho que, irremisiblemente, esos niños se convertirán en asesinos en serie o algo así, por supuesto, pero me puede la deformación profesional y, no nos engañemos, los abusos, la indiferencia emocional y los malos tratos en la infancia son un factor importante para explicar buena parte de la criminalidad más violenta, son factores de riesgo. Y al final, como Henry Lee Lucas, alguno acabará matando a la madre que de niño le fracturó el cráneo y no lo llevó al hospital y a un montón de personas más que se crucen en su camino. Y es entonces cuando los instintos de la naturaleza dan jaque mate a los que nos hemos inventado.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En 2014 se publicó 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', un libro dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín. Y en 2016 se edita el libro 'Sa Penya blues. El crimen del minusválido', en el que el asesinato de un paralítico sirve de pretexto para adentrarse en el submundo de las drogas en el barrio de sa Penya.
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4 respuestas a La historia de Mary Ellen

  1. tony monroy dijo:

    nada justifica el maltrato infantil poreso he optado por la comunicacion y la paciencia

  2. Stefania dijo:

    No és sa primera vegada que llegeixo aquest article teu i cada vegada em desperta es mateix sentiment d’angunia pensar que infants estàn sent maltractats; perquè al cap i a la fi, un adult coneix millor es recursos que té a sa seua disposició, pero un menor moltes vegades no sap ni com, ni on demanar ajuda. Personalment 160 expedients hem pareixen masses. No se ses xifres d’aquest 2011 però em temo que deuen ser superiors.

  3. sonya alessa dijo:

    ahora que lo he leido detenidamente,me doy cuenta de lo crueles que pueden llegar a ser los humanos y me sorprende que hasta esa fecha no hubiera nadie que hiciera algo.Tener que acogerse a una ley de maltrato animal para salvar a una niña indefensa de unas mentes retorcidas me parece un caso totalmente…¿como decirlo? aberrante.No entiendo como hay padres que pueden maltratar,fisica y psiquicamente a sus hijos,que son parte de ellos.Muy fuerte.

  4. que mala es la gente pucha si yo fuera asi diria que me arresten y me maten mejor dicho huelga x el maltrato nfantil

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