Corazón de narcotraficante II

“Una de las primeras lecciones que se aprendía en Hell’s Kitchen era que la muerte es lo único gratuito que tiene la vida”. Es una frase de ‘Sleepers’, de Lorenzo Carcaterra. Pero la frase, que yo anoté tras leer el libro, no sólo es aplicable al barrio neoyorquino de Hell’s Kitchen –que, por cierto, hoy ya no es marginal-, porque es lo mismo que se aprende en lugares como Ciudad Juárez, donde la muerte llega gratis, sin que hayas hecho nada para pagarla, si te pilla en medio de un tiroteo entre narcos… Porque la vida no vale lo mismo en todos los lugares del mundo. Y supongo que la muerte es más gratuita donde menos valor tiene la vida. O, por lo menos, hay más muertes, gratuitas y de pago.

Y es que no estoy segura de creer que la muerte sea siempre gratis. Hay traficantes de drogas que se puede decir que han pagado por morir aunque no tuvieran intención de morirse pronto. Cada negocio sucio es un pago más a la muerte, que, al final, siempre acaba realizando el trabajo por el que algunos le pagan a plazos. Es decir, muchos muertos tenían en vida más puntos acumulados en el bote que aquellos que caen en medio de tiroteos que ni les van ni les vienen. Daños colaterales.

Para entendernos mejor, la propia muerte no fue gratuita para el alemán que unos sicarios del cártel de Medellín mataron, en el famoso crimen de Benimussa (Ibiza, 1989), en un ajuste de cuentas por haberse quedado parte de un alijo de la banda con la que trabajaba y haber propiciado que la Policía decomisara un cargamento de cocaína. No fue gratis para el alemán Richard Schmitz, pero sí lo fue para su compañera y para las dos hijas de la pareja, de seis y cuatro años. Hay sicarios que, al anunciar sus servicios, advierten que no matan a niños, pero hay otros para los que la vida –al menos la ajena- no tiene valor alguno. También hay grados en el valor que se da a la vida y en los escrúpulos de los asesinos.

Un inspector del Cuerpo Nacional de Policía, que trabaja en uno de los grupos destinados a la lucha contra el crimen organizado, me cuenta que en España están aumentando los casos de cadáveres sin nombre encontrados tirados en el campo, muertos en ajustes de cuentas. Son normalmente hombres de rasgos sudamericanos a los que nadie busca o nadie sabe dónde buscar. Casos difíciles de investigar. Como el del hombre que el pasado mes de septiembre apareció muerto a puñaladas en un camino de Ibiza, con unos calzoncillos fabricados en Colombia y la cara molida a golpes, con el tabique nasal roto. Si se trata de un ajuste de cuentas, como todo indica, ¿qué habría pagado por morir?

La mayoría de los casos ni siquiera aparecen en los medios de comunicación. Y algunos son hallados con el vientre rajado. Abiertos por donde los criminales les han extraído la droga que transportaban. Quizás estos desgraciados pagaron menos plazos que aquellos que los envían o que los matan, pero, injustamente, mueren antes. Sé que hay quien paga por morir y creo que cada uno de esos traficantes que acumula puntos (de una u otra manera) sabe que está pagando por conseguir, antes de tiempo, un entierro en algún lugar, con o sin lápida, con o sin cruz. Paga por un agujero en la tierra. Nada hay gratis ni en la vida ni en la muerte, pero convivir más cerca de la segunda por tener en la primera –dure lo que dure– algo más de dinero rompe todos mis esquemas sobre la evolución de las especies. El ser humano debe ser el único ser vivo capaz de sobrevivir y reinar incumpliendo todas las reglas de la evolución.

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Acerca de territoriocat

Cristina Amanda Tur (CAT). Licenciada en Ciencias de la Información y diplomada en Criminología Superior. Compagino periodismo y criminología con la novela policíaca. En periodismo, he pasado de la sección de sucesos (sin abandonarla completamente) a realizar un periodismo divulgaltivo, de temas científicos y sobre el patrimonio natural, histórico, arqueológico y cultural de las islas, con especial atención a la divulgación del patrimonio marino. Éste es un trabajo que realizo, principalmente, con la colaboración del fotógrafo Joan Costa, con quien, en abril de 2017, he publicado el libro '101 flores de Ibiza y Formentera'. He publicado una decena de libros. Entre ellos 'El hombre de paja. El crimen de Benimussa', dedicado al cuádruple asesinato que tuvo lugar en Ibiza en 1989, en un ajuste de cuentas del cartel de Medellín.
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2 respuestas a Corazón de narcotraficante II

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